Evaristo: ¿Cómo decidiste dedicarte a la fotografía?
Leandro
Natale: Bueno, hace una buena cantidad de años ya que estoy
en esto… En realidad seis aproximadamente, que es
una buena cantidad de años en la vida de alguien
de veintipico, ¿no?
Empecé por pura coincidencia. Un día fui
a buscar baterías para mi discman y revisando
el armario de la casa de mi madre, con la intención
de sustraerle unas baterías, dado que en ese momento
no era muy afecto a pagarlas, terminé encontrando
una cámara; una Nikormat del '76, y la tomé.
Me compré un rollo y me puse a sacar fotos. Estaba
en mi segundo año de Comunicación Social
y, naturalmente, tenía ganas de hacer algo interesante.
Los primeros rollos no fueron nada particular, aunque
desde el vamos empecé con el blanco y negro, en
realidad sacando negativo color y emulando blanco y negro.
El chiste me terminó gustando y eventualmente me
compré una ampliadora y empecé a hacer laboratorio.
A los siete meses de estar fotografiando se me metió
en la cabeza que quería tener el título
de fotógrafo. Hice un breve curso en Motivarte,
que es una pequeña escuela que queda en Córdoba
y Malabia. Con un curso de un mes de Fotografía
Básica empecé a trabajar en mi primera exposición
que fue "Ruido", la que hice en el Borges, que
es un trabajo bastante clásico de fotografía
abstracta en blanco y negro. Mi familia, en particular,
no está conectada con el mundo del arte, o sea
que, en ese sentido, tengo una instrucción bastante
autodidacta.
Un día me acerqué al Borges. Había
pedido previamente una entrevista con la directora, y
le presenté el trabajo que tenía entonces,
que eran una 20 fotos que había elegido sin ningún
tipo de visión artística, ni siquiera de
congruencia en el laburo. Pero bueno, como todas esas
cosas, cuando uno no se anticipa, le sale bien. Así
surgió mi primera exposición, que constaba
de diecisiete fotos con una consistencia estética
bastante sólida. Después tuve que esperar
como tres años para volver a conseguir algo por
el estilo.
EC: "Ruido" trabaja mucho el tema de las texturas.
¿Fue esa tu intención primigenia?
LN: Yo soy una persona muy detallista y en esa época
era más introvertido todavía. A veces, el
tema de la fotografía tiene un elemento de practicidad
que no se puede ignorar. Y esa practicidad consiste en
encontrar las oportunidades para fotografiar, aunque estas
sean en medio de otra actividad. Hay una cosa que quiero
aclarar: yo soy ante todo fotógrafo de calle. Salvo
en la última exposición, en la que hice
fotografía de desnudos (la cual por supuesto no
puede hacerse en la calle sin causar accidentes), todo
el material que yo fotografío lo hago en medio
de mi vida cotidiana, paseándome por la calle;
paseando aquí y allá. Entonces, siempre
estás conectado con el ambiente público
y hay ciertas cosas que podés sacar y ciertas cosas
que no podés sacar. A veces hay que ingeniárselas
con un charco en la calle. En esa época, y hoy
en día también, sigo encontrando los juegos
de luces y todo el ambiente y los objetos en sí
mucho más interesantes que la gente.
EC: Tu segunda exposición fue "Ojos de Niño"
que no fue fotográfica sino de arte digital. ¿Por
qué la digresión en géneros?
LN: Mirá, en realidad, más o menos en la misma
época que empecé con la fotografía
me nacieron unas ansias bastante fuertes de empezar a
trabajar con diferentes tipos de arte. Empecé a
pintar, también de una manera bastante pobre y
autodidacta pero disfrutándolo mucho, hasta que
en un momento, la realidad económica de tener que
pagar lienzos y óleos se me hizo muy cuesta arriba
y, siendo que siempre fui un chico muy pegado a las computadoras,
en esa época estaba haciéndo 2 ó
3 cositas de diseño con progamas de gráfica
vectorial como el Illustator o el Corel, que son los programas
que se usan para hacer diseño. Decidí experimentar
con sus posibilidades y comencé a trabajar en una
suerte de pinturas modulares en blanco y negro, aprovechando
las condiciones de los vectores que, básicamente,
permiten diseñar a escala infinita. Es decir que
vos podés tener un lienzo inmenso para poder empezar
a hacer trabajos de grandes proporciones y trabajar una
suerte de textura. Combiné entonces los elementos
de textura que tenía mi fotografía en "Ruido",
dándole una forma más bien orgánica,
haciendo una especie de pastiche medio raro, que todavía
hoy me cuesta definirlo. La barrera económica se
vino una vez más y me resultó imposible
costear las impresiones de estos trabajos, cuyas dimensiones
se miden en metros. Finalmente opté por hacer un
corto de videoarte que utilizó versiones fragmentadas
de estas imágenes, las mismas siendo reproducidas
al compás de la música. Utilizando el recorte
y la secuencia, con "Ojos de Niño" se
logró mostrar más de 10 piezas de 2x4 metros
en una pantalla de cine. Este corto se presentó
en el Centro Cultural Konex y otros lados. También
me dio la pauta de que en el mundillo del arte, mi arte
digital gustó más que la fotografía.
EC: ¿A qué crees que se debe eso?
LN: Creo
que esto se debe a dos factores. En sí, el trabajo
digital que hago es más innovador que el fotográfico.
Muchas exposiciones se hacen meramente por esta premisa,
sin importar luego la calidad de la obra. El otro factor
es el hecho que en Buenos Aires la foto blanco y negro
está muy bastardeada. Creo que el criterio que
aplican las galerías a la hora de elegir fotos
es pésimo y sobreconceptualizado. El nivel técnico
de los fotografos que exhiben en Buenos Aires es deplorable
y reina una tendencia donde cualquier snapshot es una obra, siempre y cuando venga acompañada
de mil páginas de texto al mejor estilo photoblog.
Creo que en Buenos Aires el mundo de la fotografía
artística acompaña a las agencias publicitarias
con el mensaje del "todos podemos". Todos podemos
hacer algo mediocre, por supuesto. Siempre y cuando no
le dediquemos más de 15 minutos, todos podemos.
Todo va demasiado rápido como para dedicarle más
tiempo. Lo importante es la conectividad, dicen. Esta
suerte de discurso sacado de un folleto de autoayuda compite
directamente con el elitismo típico del artista,
donde en esa vida de ermitaño tiene que ocuparse
de hacer algo más o menos como la gente. Si instigamos
a la gente que se ponga a crear, escribir o pintar al
mismo tiempo que revisamos el mail y hacer mil
cosas más no vamos a recibir nada más que
exposiciones que poseen la introspección de un
mandril. Cualquier cosa seria tiene su período
de altibajos. El tiempo y la consistencia permite que
aprovechemos lo mejor de los dos momentos y crear algo
más balanceado y no tan unilateral. Esto requiere,
ante todo, paciencia y tiempo. Ignorarlo y tratar de justificar
cualquier arrebato como una expresión válida
es de eyaculador precoz. En fín, mi arte digital
es más popular que mi arte fotográfico porque
la premisa de éste sirve de carne de cañón
para estas tendencias neófitas.
EC: ¿Cómo
siguió tu carrera fotográfica después
de la exposición "Ruido"?
LN: Después de "Ruido" decidí que
quería dedicarme de una manera más seria
al arte y la próxima exposición que iba
a hacer ya no iba a ser una simple recolección
de lo que es "fotografía a ver si me quedó
bien, a ver si me quedó mal", sino un trabajo
conceptual preconcebido. Decidí seguir con la línea
fotográfica que estaba experimentando en "Ruido",
que era básicamente macrofotografía y planos
abstractos y decidí extender eso a representar
a la mujer. Así nació "Reminiscencia".
La idea me vino, en parte, cuando estaba trabajando como
asistente fotográfico para Para Ti. Estaba
muy frustrado con estos enfoques fotográficos que
se hacen al cuerpo de la mujer. Siempre son planos generalizados
y con lo que yo llamo "condiciones imposibles".
Muchachas de 17 años rayando la anorexia, la mejor
ropa, increíble iluminación y una tonelada
de Photoshop. Socialmente hablado, es una imagen muy dura
de tragar para cualquier persona que no se encuentra en
condiciones socioeconómicas que le permitan descansar
y ejercitar seis horas diarias en el gimnasio. Entonces,
¿cómo hacemos un trabajo de desnudo que
no caiga en el típico cliché de
mostrar a la mujer linda sin rollos, sin tener que transformarlo,
necesariamente, en un trabajo que vaya simplemente al
choque? Como ejemplo, la campaña de Dove sobre belleza real tuvo su puntos buenos, pero aún
así dependió de los mismos tratamientos
lumínicos, fotográficos y estéticos
que se aplican a la moda. Simplemente no usaron modelos.
Es un paso adelante, pero no es suficiente. El enfoque
fue el mismo. Quise innovar y crear una imagen más
cruda, verídica pero aún estética
y romántica de la mujer. Empecé a trabajar
con el tema de los planos en detalle y los planos en abstractos
y tratar que la gente, simplemente viendo un aspecto muy
pequeño y muy particular del cuerpo, pueda darse
cuenta de qué estamos hablando y, quizás,
entender un poco el romanticismo detrás de los
desnudos.
La primera toma que hice fue, quizá, una de las
más fuertes de toda la obra, una toma macrofotográfica
de una vagina y eso, básicamente, dictó
el sentimiento general de la obra. Las muchachas no necesariamente
tienen que estar completamente depiladas todo el tiempo,
un rollo puede llegar a ser algo atractivo. No se tiene
que hacer un gigantesco esfuerzo teatral para encontrar
la belleza en el cuerpo. Lo único que hay que hacer
es abandonar un poco el ego y tomar las cosas como son.
Si insistimos en imponer estandares inexistentes no hacemos
nada salvo sembrar una depresión rutinaria. ¡Guarda!
No hablo de conformismo, sino de realismo.
EC: Es decir que en "Reminiscencias" seguiste trabajando
el tema de las texturas.
LN: De hecho "Reminiscencias" es, básicamente,
texturas aplicadas al cuerpo femenino. Como te había
comentado anteriormente, el fotógrafo nunca se
puede separar del ambiente que lo rodea y en una sesión
de fotos de desnudos es exactamente lo mismo. Todas las
muchachas a las que yo les saqué fotos fueron todas
amigas o conocidas, personas que voluntariamente se ofrecieron.
No trabajé con modelos profesionales ni nada por
el estilo. Es bastante complicado sacarte toda la ropa,
que te pongan un reflector encima y que te comiencen a
fotografiar. Aunque no lo creas, es más fácil
sacar una foto en detalle de una vagina y exponerla después
en un centro cultural, que hacer un ligero desnudo en
plano general. El anonimato por rostro es mucho más
fuerte a pesar de que se está mostrando un lado
extremadamente íntimo. En ese sentido, el fotógrafo
siempre tiene que estar conciente de su ambiente.
Recuerdo ahora una historia bastante interesante, la primera
prueba de fuego que tuve que enfrentar con "Reminiscencia"
creo. Tras revelar las tomas de la primera sesión
de fotos que hice para esta muestra, yo no tenía
la más mínima idea de cómo iba a
tomar el resultado la modelo, por lo que le llevo las
copias para que las vea. Eran fotos muy fuertes, muy explícitas.
A la modelo le encantaron, le gustaron tanto que decidió
mostrárselas a su familia conmigo presente en el
mismo cuarto. Pensé que me iban a linchar en algún
momento y no voy a decir que el padre estaba completamente
encantado de ver esas fotografías, pero se lo tomaron
bastante bien. Ese fue, me parece, mi pimera victoria
con respecto a esta muestra, de ahí en más,
el resto del esfuerzo estuvo simplemente en encontrar
el ángulo correcto y demás cuestiones técnicas.
EC: Hace un momento decías que cuando comenzaste con
"Reminiscencias", no querías ir al choque.
Sin embargo, para mucha gente así lo hiciste.
LN: Sí, sí, está bien. Uno dice una cosa
y termina haciendo otra pero, hablando en criollo, es
muy común decir "yo quiero hacer un trabajo
que sea artístico pero a la misma vez que denuncie
la típica estética de una sesión
de fotos de moda". Mucha gente te va a decir: "Y
bueno, entonces, agarrá un par de gordas y que
pongan cara de culo frente a la cámara y las fotografias...".
Lo que yo estaba tratando de hacer es descubrir que se
pueden utilizar otros ángulos para mostrar. Podés
tomar una foto de desnudo y que proteste contra el cliché sin irte a lo grotesco. Además, lo más importante
para mí fue mostrar esos aspectos poco valorados
del mundo femenino. Hay un gran porcentaje de la población
masculina que visualiza una mujer que es muy agradable,
pero que no menstrúa, que no tiene pelos, no va
al baño, es una especie de angelito que no mea
ni caga. La idea general era eso. O sea, mostrar una vagina
de un punto de vista un poco más crudo, quizás.
Pero la obra también tiene otros puntos de vista
bastante más sutiles. La idea fundamental de "Reminiscencia"
era mostrar la unidad de esos dos polos, porque en el
fondo, todos habitamos en ellos.
EC: Varias de las obras de "Reminiscencia" fueron
adquiridas por el Museo del Instituto Kinsey.
LN: El Instituto Kinsey de Sexo, Género y Reproducción,
(ese es básicamente el nombre de pila que tienen)
es una organización estadounidense dueña
de la colección de arte privada más grande
del mundo en lo que a sexo y erotismo se refiere. El Instituto
fue fundado en una época en la que todo lo que
era arte erótico en Estados Unidos era considerado
pornografía y si las autoridades lo encontraban
lo quemaban, lo destruían. El Instituto comienza
a adquirir todo este material y hoy en día siguen
impulsando los aspectos artísticos del sexo y el
desnudo mediante diferentes exposiciones. Ellos se acercaron
a mí diciéndome que estaban interesados
y adquirieron una cierta cantidad de obras para amalgamarlas
en una exposición itinerante sobre fotografía
erótica contemporánea. Yo tuve la oportunidad
de ir en octubre pasado a Indianápolis, donde se
estaba desarrollando esta muestra en ese momento, y ver
mi trabajo expuesto.
EC: ¿Cómo fue para vos, como profesional, trascender
las fronteras del país?
LN: Para mí fue un golazo y quizás me vino bastante
más temprano de lo que tenía esperado. Fue
una gran experiencia porque, no es para menospreciar las
galerías y los esfuerzos artísticos de acá
en Argentina pero, Estados Unidos en ese sentido, son
palabras mayores. El nivel de curaduría, montaje,
iluminación y la movida que había de difusión
en ésa exposición, me pareció algo
absolutamente inimaginabe. Lo que yo me esperé
que iba a ser un pequeño esfuerzo, resultó
ser una cosa muy contundente. En ese sentido, lamentablemente
acá por cuestiones económicas o de desición
se trata de hacer lo máximo con poco. Allá
no tienen miedo de ponerle el marco a la obra con el porte
que es necesario y la correcta iluminación. Y la
verdad es que con un correcto montaje las obras siempre
se ven considerablemente mejor. Yo disfruté mucho
de la buena ayuda que me dieron en la Alianza Francesa
pero bueno, no podés comparar una exposición
iluminada con dicroicas a una iluminada con luces de xeon,
LEDs de alta intensidad y un sin fin de trucos que hacen
que todo se vea más lindo. Es un pequeño
aspecto técnico pero, a uno le gusta cuando le
tratan bien la obra. Lo más importante es que en
Estados Unidos el enfoque que hay sobre la foto blanco
y negro es el opuesto que en Argentina. El respeto que
comanda es impresionante. Por ende, el nivel de calidad
de las obras que estaban expuestas era sencillamente maravilloso.
Fue un verdadero honor poder participar.
EC: ¿Estuviste haciéndo un laburo
fotográfico en los bosques de California?
LN: Exacto, aproveché que estaba en Estados Unidos
por lo de la exposición y tenía muchísimas
ganas, hace un año, de volver un poco a las raíces
que había hecho en "Ruido". Quería
volver un poco a las raíces de la fotografía
abstracta. "Reminiscencia" son fotografías
de desnudos que tienen como contrapartida fotografía
de naturaleza, también en sentido abstracto. Ese
es un concepto del que me enamoré completamente
y que decidí expandirlo más todavía
y, aproveché que estaba en Estados Unidos, me tomé
un avión a California y me fui al Parque Nacional
Yosemite, que es muy conocido por fotografía de
paisaje. Pero yo no fui a hacer fotografía de paisaje
sino a hacer fotografía abstracta, que es básicamente
lo que hice esta última mitad de año. Este
año, en verdad, estoy planeando tres, cuatro exposiciones.
La más importante para mí es la más
reciente, que sería una fusión entre la
estética de "Ruido" y la fotografía
de naturaleza de "Reminiscencia". No quiero
contar muchos detalles pues no quiero embrujarla.
EC: Comentabas hace un momento que trabajaste para Para
Ti, es decir que también te dedicaste a la
fotografía publicitaria.
LN: Sí; tuve una carrera bastante breve con eso. Empecé
trabajando como asistente para Marcelo Molinari, que es
un muy buen fotógrafo. En ese momento él
trabajaba para Para Ti y hacía otras cosas
para Atlántida. No sé si en éste
momento continúa haciéndolo. Yo estaba interesado
en ponerme a trabajar comercialmente como fotógrafo
y me pareció una buena manera para empezar.
EC: ¿Por qué desististe?
LN: No me gusta la moda. El ambiente comercial de la fotografía
es, sobre todo acá en Argentina, muy tedioso. Todos
los días teníamos una sesión de largas
horas, el fotógrafo no tiene control sobre su trabajo,
a pesar de ser un profesional con años de experiencia.
Marcelo, para una sesión de fotos donde se presentan
siete u ocho fotos como finales, tenía que presentarle
a la editorioal 25 ó 30. Ellos siempre elegían
las peores. Salvo algunas excepciones muy particulares
(como el diario La Nación), en Argentina
los editores fotográficos son muy malos. Jamás
supondrías la verdadera calidad de un fotografo
argentino viendo su material publicado.
En el caso de la revista Para Ti tenía
se sostienen cánones medios zonzos, como que las
muchachas siempre tienen que sonreir porque de lo contrario
se caería en una estética demasiado dark.
Con semejante panorama eventualmente, después de
una decena de sesiones terminás cayendo en cuenta
de que podés resumir todo el trabajo en una sola
foto. A mi entender, este problema no tiene relación
con la capacidad estética de los profesionales
de la fotografía, sino con los productores y la
estética general que buscan este tipo de revistas,
porque me encantaría poder decirte que Para
Ti es un caso único, pero lamentablemente
el grueso de la fotografía de moda que se hace
acá en Buenos Aires, en Argentina en general, es
bastante pobre.
Una pequeña confidencia que, la verdad, no es ningún
secreto en el ambiente: la vez que voy a tener mi primera
sesión de fotos, me encuentro con Marcelo en su
casa y agarramos una gran pila de revistas de Estados
Unidos, de Italia y de Francia, del estilo de la Vogue o la Harper's Bazaar, todas de alta gama del
año anterior, es decir, todas con la colección
pasada. Entonces Marcelo me señala una revista
y me dice: "… los productores quieren hacer
esta foto". Por lo que en definitiva, lo único
que hacíamos era copiar o emular pobremente, ya
sea por cuestiones económicas o por el mismo pensamiento
de los poductores, las fotos que se hicieron hace 6 meses
o un año en otros lados. Ya ese tipo de enfoque
de no querer presentar algo original, de no querer buscar
una estética propia sino simplemente estár zanguijueleando las desiciones estéticas
del primer mundo, me pareció bastante pobre. Al
mismo tiempo, hay que decir la verdad: la paga era más
o menos buena y Marcelo es un excelente jefe. Esto es
lo que más me mantuvo en el laburo, pero eventualmente,
terminé aburriéndome en demasía.
Esto, sumado al hecho de que era un empleo sin futuro,
porque me encantaría decirle a todo el mundo que
trabajando de asistente x cantidad de años, eventualmente
empezás a agarrar la cámara, pero no es
así. Yo me limitaba a cargar rollos, a bajar las
tarjetas de memoria en el caso de fotografía digital,
a ajustar los flashes, todo lo que es para el tema de
montaje de estudio. Aprendí bastante sobre cómo
hacer una sesión, cómo hablarle a las modelos,
a los productores, cómo mantener tranquilo al maquillador
y al peinador que siempre están ahí encima.
Pero bueno, no era algo para mí básicamente.
EC: ¿Cómo es el trato con las modelos? Hay una
fantasía popular, como dice la canción de
Sabina "me gustaría ser fotógrafo en Playboy".
LN: Bueno, en ese sentido, también sigue siendo mi
fantasía. Pero lo que hay que decir, es que hay
una gran diferencia entre las muchachas que podés
fotografiar en Playboy con las modelos con las
que uno hace para una sesión de fotos o una campaña
para una revista como Para Ti. El trato debe
oscilar entre la adulación por la muchacha y estar
siempre con un bastoncito por si se pasa de línea
en algún momento. Las chicas siempre tienen que
estar adulando a los productores o a los fotógrafos
porque sino las van a sacar en "el mal ángulo...".
Siempre está esta relación de amiguismo
en que todo el mundo se conoce, muy parecido a lo que
se encuentra con un relaciones públicas haciendo
amistades en un boliche. En fín, todo es muy frívolo
e insulso.
Los fotógrafos más populares son muy conocidos
por maltratar a las modelos porque un típico problema
que hay en las sesiones de fotos de moda es que, la modelo
cree que tiene fuertes conocimientos de fotografía
y de moda y empieza a acotar sobre qué ropa tiene
que usar, que postura tiene que presentar y cuál
es el lente que se tiene que usar. Normalemente todos
esos comentarios son descartados en un 99% de los casos,
dado que la modelo está equivocada en un 100% de
los casos. Pero cuando la modelo es muy fuerte, en el
sentido de que es muy popular y tiene un caché bastante importante, como cuando trabajamos con Carolina Pampita Ardohain, se le dan ciertas concesiones.
Es decir que se hacen las fotos y después se descartan.
Pero, en general, yo habré conocido cincuenta o
sesenta modelos de diferentes edades y diferentes particularidades
y, normalmente, son bastante agradables. Hacen su trabajo,
no pidas tener algún tipo de relación más
allá de lo que se hace en la sesión. Con
esto quiero decir que no probé bocado pero, después
de todo, hay que tener en cuenta que yo era un asistente,
o sea que mi posición en la escala alimenticia
era bastante baja.
EC: Nos queda mencionar tu tercer laburo fotográfico
importante, al que bautizaste "Expuesto" que,
si no me equivoco, se trata de fotografía de calle
no abstracta.
LN: Sí, es una colección de fotografías
que he sacado a lo largo de estos últimos años.
Se trata de tomas de personas tomadas en espacios públicos,
el grueso de ellas tomadas en subtes o colectivos. Es
un laburo que nunca expuse, dado que siempre estuve secundario
a otros. Uno de estos días me voy a ocupar de darle
el trato que merece. Es el lado menos frívolo y
más humano de mis fotos.
EC: ¿Cómo reacciona la gente
cuando ve que la estás fotografiando?
LN: En muy pocas de las fotos que tengo la gente me mira cuando
la estoy fotografiando; todo el mundo se da cuenta, no
trato de hacer una foto robada, nunca uso lentes angulares
o un pequeño snapshoot, cosas así
rápidas, siempre es una foto bien pensada, con
el ángulo bien buscado. Es imposible que la persona
no se de cuenta que la estoy fotografiando, además,
cualquier persona que estuvo en el subte, se dará
cuenta que, debido a las dimensiones de los vagones, es
imposible que pase inadvertida una persona con una cámara,
bastante grande debo agregar, disparando y haciendo ruido
metálico a cada minuto. La gente se lo toma bien,
un par de veces he entablado conversaciones con personas
después de fotografiarlas pero, normalmente, es
una comunicación silenciosa.
Un buen porcentaje de las fotos de subte son exactamente
la persona que tengo frente e mí y es un momento
raro, o sea, el enfoque que quiero hacer en "Expuesto"
es conseguir a las personas en un momento de introspección,
en ese momento de contemplación que a veces se
da cuando son las 7 de la tarde, terminaste de laburar,
estás molido o justo tuviste algo y estás
pensando algo tan fuerte que te abstrajiste completamente
de tu ambiente. No estás ni con el celular, ni
leyendo un libro, ni escuchando música. Estás
ahí, pensando, y tu cara muestra completamente
qué es lo que tenés en la cabeza en ese
momento.
Es decir, en el fondo la persona está decidiendo,
incoscientemente o no, exponerse al resto de las personas.
Si le sacan una foto o no, es un detalle.
Nunca he tenido una sola persona que se queje ni nada
por el estilo, a lo sumo una cierta mirada de vergüenza
o miedo pensando que ese pequeño momento que alguna
gente lo puede llegar a pensar como una debilidad, quedó
registrado y que eventualemente se puede mostrar en la
vía pública.
En diciembre, en Clarín digital, se hizo
una minimuestra virtual de unas 25 fotos y es impresionante
la cantidad de mails que recibí de personas
diciendo cómo compartían la sensación
general de todas las personas fotografiadas. Me parece
que, en ese sentido, nunca he tenido un problema porque
la gente se lo toma bien porque me lo tomo con respeto.
No estoy fotografiando una chica que se ve linda con una
pollera en la línea B. Estoy fotografiando a una
persona sin importar la edad, sin importar la apariencia
física, en un momento importante de su divague
mental. Las trato con respeto, no me presento como una
persona ladina, escurridiza, que va y simplemente está
buscando su material y después se da a la fuga.
En definitiva, lo que quiero decir es que siempre me ha
ido bien, tan bien —vale la pena decirlo— que de esta
manera conocí a mi novia. Estaba en el subte, era
uno de los últimos días de la exposición
en el Borges —"Ruido"— y yo estaba yéndo
para allá cuando me encuentro con una muchacha
sentada con ese ambiente mental que busco en los sujetos
del subte. La empecé a fotografiar; en un momento
la muchacha se da cuenta y me mira. Por mi parte, cuando
una persona me encara trato, normalmente, de comunicarles
visualmente que está todo bien, sobre todo en el
caso de las mujeres que, teniendo en cuenta como son los
tiempos hoy en día, tienen todo el derecho a ponerse
nerviosas si encuentran un extraño fotografiándolas
en el subte. Dimos un muy buen contacto. Yo, como regla
personal, no inicio ningún tipo de conversación
con una persona que fotografié en el subte. Pero
cuando me bajo en mi estación, esta muchacha se
baja conmigo y me pregunta si le saqué una foto.
Nos quedamos conversando y bueno, cuatro años más
tarde estoy viviéndo con ella. En este sentido,
"Reminiscencia" y "Expuesto" son los
trabajos que mayor retroalimentación han tenido
con el público, las personas me mandan mails diciéndome: "Yo me paseo bastante por el subte,
veo las imágenes que vos ves". En el fondo,
es un ejercicio de comunicación, de ahí
mi estima a la fotografía. Posiblemente el potencial
estético de la fotografía sea menor que
el de la pintura u otros métodos plásticos.
Pero tiene ese elemento social, ese elemento de comunicación
que lo hace un arte mucho más maduro que el resto
de las técnicas. Está ahí con el
cine y con el teatro, pues compartimos ese grado de comunicación
y complicidad de estar en un lugar común. El arte
siempre evoca magia y no hay nada más placentero
que ser testigo a algo hermoso en un lugar tan común
como una butaca en camino al laburo.
Leandro
Natale presentará su último trabajo de arte
digital, "Mutila", en un stand propio en Arteclásica
2008, del 10 al 15 de julio. Su último trabajo
fotográfico también se expondría
este año. |