evaristo cultural
revista virtual de arte y literatura
número 1
 
Indice
* Portada / Staff
* Editorial
* Entrevista a Horacio González
La vida intelectual argentina a la luz de la biografía de Perón
*

Entrevista a Rafael Cippolini
El hijo del fracaso del pop

* Entrevista a Amalia Sato
El goce de traducir
* Marcos Ana
Poética de la resistencia. Presentación de su autobiografía
* Entrevista a Leandro Natale
Retrato de un artista adolescente
* Antonio Gamoneda
El ardor del silencio
* Descubriendo los caminos de la sombra
por Susana M. Alza
* Dos autores que comienzan
Gonzalo Feijó y Darío Villar
* Holodomor. A 75 años del genocidio en Ucrania
por Oleksandr V. Khrypunov y Nicolás Szafowal
* La alegría es sólo brasilera...
por Francisco Campos
* Biografía de una ficción. Judas, o la heroína vestida de negro y collar de perlas
por Roxana Artal
* Entre Discos
por Nicolás Prior
* El encierro de Ojeda
por Martín Murphy
* Ronda nocturna
por Mijaíl Kuráyev
* Reseñas

 

Título: La operación Masotta
Autor: Carlos Correas
Editorial: Interzona

200 páginas

   

El caso Correas
Integrante del trío sartreano de la revista Contorno, junto con Oscar Masotta y Juan José Sebreli, el perfil de Carlos Correas (1931-2000) se torna harto interesante pues su casi invisibilidad en el ámbito cultural argentino habla más de éste que de aquel. De Contorno en adelante, Masotta y Sebreli, cada uno a su manera, conocerán la fama, el reconocimiento, la profusa publicación; Correas, quien de los tres es el que ejecuta la obra más sólida, quedará en un cono de sombras, atenuado ahora por el rescate que del autor realiza Interzona, editando un volumen de relatos (Un trabajo en San Roque) y reeditando un ensayo fundamental que data de 1991 (La operación Masotta).
La producción narrativa de Correas se compone de dos volúmenes: Los reportajes de Félix Chaneton (1984) y Un trabajo en San Roque (2005). No es lo mejor ni lo más representativo de su obra. El estilo oscila entre la aridez y la ampulosidad, y ninguna de las dos características ayuda a dar curso a la fluidez narrativa. Correas es, eminentemente, un ensayista, un hombre de postulados y de ideas, como lo corroboran su excelente ensayo sobre Kafka (Kafka y su padre, 1983), Arlt literato (1996), Ensayos de tolerancia (1999, notas generalmente breves pero definitivas, como la que le dedica a la indigente cosmovisión de mundo del consagrado Juan José Saer), El deseo en Hegel y Sartre (2002), y La operación Masotta, su texto más personal.
Toda biografía deviene inevitablemente autobiografía. La operación Masotta no es la excepción. Correas evoca a Masotta y se evoca, reconstruye una época y da cuenta de su testimonio personal. Pero, y acaso esto resulte sustancial, escribe a la manera de Correas, a contracorriente: los años sesenta y setenta no son años dorados, el autor no se guarece bajo el techo de ninguna capilla, hace gala de una sinceridad brutal, la amistad (o el recuerdo de la misma) no atenúa la potencia del juicio crítico. ¿Quién es el Masotta de Correas? En principio, su hombre: "sé que Masotta es mi hombre". A comienzos de los años cincuenta, Correas se recuerda como un practicante de la homosexualidad: "constituiría un exceso o una improbabilidad enunciar que 'era' homosexual", y si bien jamás, confiesa, sobreviene un episodio objetivamente homosexual entre Masotta y él, no por ello deja de ser su hombre. Y se podría agregar: la medida de su deseo. La fecunda virulencia de Correas a lo largo de su ensayo se puede entender, entre otras y variadas razones, porque éste, "su hombre", termina por defraudarlo, porque no llega a cubrir expectativas elementales, porque por momentos se torna un sujeto patético. En un tono tan alejado de la vindicación como de la estridencia, en La operación Masotta Correas pone de manifiesto la delictuosidad intelectual de la editorial Losada en las traducciones de Sartre (en Argentina, a Sartre llegó a traducirlo Eduardo Gudiño Kieffer), el macaneo lacanoide de Masotta, la empecinada improvisación de Sebreli, por mencionar sólo algunos ítem.
A nadie escapa que desde hace algunos años, el ambiente intelectual argentino en su gran mayoría parece haber suscripto una especie de aggiornado G.A.N. (Gran Acuerdo Nacional), el tristemente célebre proyecto de Alejandro Agustín Lanusse. Hay un acuerdo generalizado, la polémica es poco menos que un anatema, lo consagrado resulta indiscutible, ha habido concursos tan escandalosamente arreglados que debieron suspenderse, la crítica se extingue como si fuera un virus finalmente derrotado. Estos rasgos probablemente expliquen la casi invisibilidad de Correas en el horizonte intelectual. Si el actual ambiente de la cultura argentina se propone como un espejo de aguas, a Correas le cabe el papel de indeseado marginal que siempre está a punto de arrojar la piedra.

Osvaldo Gallone



Título: Chesil Beach
Autor: Ian McEwan
Traducción: Jaime Zulaika
Editorial: Anagrama

185 páginas

   

Hace rato que Ian McEwan ha dejado de ser el niño terrible de las letras sajonas y, sin embargo, sigue siendo noticia. Incluso hoy más que nunca. Esto se debe no sólo a su calidad literaria —no vamos a poner en duda que la tiene y en cantidad— sino también a cierto reblandecimiento de la crítica. Es difícil considerar este fenómeno tan sólo como un cambio de paradigma en lo que a modas culturales respecta, más bien parece tratarse de una connivencia entre medios de difusión. Hoy en día, cuando la crítica tibia nos presenta a un autor que ha ingresado en su "madurez estilística", poco falta para que observemos en su producción literaria una notoria merma de aquellas pasiones que encendieron la juventud del mismo.
McEwan, quien supiera erigirse contra el paternalismo inglés en novelas como Jardín de cemento o Los perros negros experimentó, en sus "novelas de adultez", un viraje hacia las raíces de la literatura anglosajona. Esta decisión ante todo estética, que comenzó tenuemente y matizó obras como Amor perdurable o Amsterdam, avanzó en el terreno inerte del artilugio, marcando el acento victoriano de Expiación, para convertirse luego en la irremisible frivolidad de Sábado, sin lugar a dudas el punto más bajo de su carrera. Paradójicamente, o en realidad no tanto, éstos dos últimos títulos fueron los mejores recibidos por la crítica local y los más vendidos en nuestro país.
Cuando parecía que sus antiguos seguidores debíamos sepultar en el olvido las nuevas obras del viejo Ian, Chesil Beach llegó para salvarlo en parte, o al menos para darle un breve aliento.
La novela transcurre en los primeros años de la década del '60, inmediatamente antes de los Beatles y la revolución cultural, y nos presenta la historia de dos jóvenes de poco más de veinte años, Edward y Florence, que siendo vírgenes entienden el matrimonio como el ritual social de pasaje a la edad adulta que supo ser, y deciden afrontarlo juntos.
McEwan disecciona la construcción de la pareja manteniendo su pluma victoriana pero recuperando cierto énfasis, ciertos elementos que le dieron brillo en su juventud; huelga decir, por ejemplo, que ambos jóvenes son de distintas clases sociales y, por lo tanto, de distintas realidades.
Amor, sexo e historia son los puntos en los que profundizará el autor al narrar la noche de bodas de Florence y Edward, en un hotel a casi dos kilómetros al sur de Abbotsbury, Dorset, con vista a la playa.
Chesil Beach está lejos de ser una obra maestra, como han afirmado muchos medios, mucho menos la novela definitiva del autor; sin embargo es un divertimento lúcido, lo que ya es algo en un paisaje por momentos tan árido como el de la narrativa sajona de este principio de siglo.

Damián Blas Vives



Título: A quien corresponda
Autor: Martín Caparrós
Editorial: Anagrama

319 páginas

   

Martín Caparrós en su novela hace una interesante referencia, sostenida, a un elemento esencial: "el tiempo", el tiempo como duración determinada por la sucesión prolongada de tantos años transcurridos, y el propio tiempo, el que determina la oportunidad o la idea de un "demasiado tarde".
La década del '70, más allá de la verdad y la mentira, representa un primer tiempo también determinado por cadenas de acontecimientos y un desenlace en suspenso, por la transformación de la derrota.
Entre tiempo y tiempo, el intervalo, un período más o menos largo que desde lo personal habilita al protagonista a reflexionar, a confirmar certezas y ponerlas en duda, a disponer de su tiempo libre y poco y, entonces, apenas un poco libre para él, que tanto se dedicó a matar el tiempo, cuando al mismo tiempo en el país se juega esta revancha, ya vencido el intervalo.
La novela abre una serie de interrogantes y nos ofrece más preguntas que respuestas. Sus imágenes reflejan el talento indiscutible de un Martín Caparrós novelista; pero el mérito mayor lo encuentro en lo que puede o pudo haber sido una invitación a recordar sin guía ni directriz.
Es así que relaciono la ficción con la realidad y me pregunto si no estaremos todos un poco fuera de tiempo; sigo y siento que hay algo que huele mal. ¿Sabés a qué?...
A "Tiempos de mierda".

Luis Adrián Vives



Título: ¿Qué es esto? Catilinaria
Autor: Ezequiel Martínez Estrada
Editorial: Ediciones Colihue / Biblioteca Nacional

387 páginas

   

"¿Hasta cuándo Catilina abusará de nuestra paciencia?", interrogaba Cicerón al Senado de Roma durante una serie de discursos conocidos bajo el nombre de Catilinarias e inspirados en la conjuración de Lucio Sergio Catilina, que presuntamente tendía a destruir la república romana. El ¿Qué es esto?, cuya primera edición data de 1956, es la Catilinaria de Ezequiel Martínez Estrada y parte de una hipótesis más grave aún que la que le reservaba Cicerón a Catilina: no hay riesgo de destrucción de la República, Perón ya la ha destruido; constatación palmaria que no necesariamente debe derivar en la desdicha sino en una cierta (y temblorosa, se podría agregar) esperanza: la Argentina debe hundirse del todo —dirá Martínez Estrada—; si se lo merece, saldrá a flote; de lo contrario, el naufragio no dejará de ser un acto de justicia histórica. Es en este juego de contrarios —naufragio o salvación—, exasperado por la mediación del concepto de "merecimiento", a partir de donde se puede vislumbrar a un Martínez Estrada en estado puro: en blanco o en negro, a todo o nada, huérfano del alivio que de tanto en tanto pueden brindar las tonalidades grises. El ¿Qué es esto? se ha calificado, a lo largo de los años y según la ideología de turno, de "demagógico", "arbitrario", "resentido", "visionario". Es, ante todo, un libro brutal y, para usar una jerga epocal, escandalosamente incorrecto en el nivel político. Sin el más mínimo preludio que anuncie la precipitación del vendaval, Martínez Estrada afirma: "Perón era un fracasado, con todos los estigmas clínicos de ese tipo freudiano ya habitual en las revistas de psiquiatría. Hay, ante todo, una advertencia de carácter general o filosófico que hacer, y es ésta: en Latinoamérica quien sigue la carrera de las armas es, casi en términos absolutos, consciente o inconscientemente, un derrotado en la lucha por la vida. La Iglesia es, por su lado, un universal asilo de incapaces". Descuenta que Perón "estaba a sueldo como espía del Tercer Reich". Homologa La razón de mi vida con un "Mein Kampf para sudaneses". Pero más allá de las efusiones, el ¿Qué es esto? —tanto como La cabeza de Goliat y gran parte de la Radiografía de la Pampa— sigue siendo un intento ejemplar de ingresar hasta el hueso en el cuerpo enfermo de una sociedad —¿quién puede negar que uno de los síntomas argentinos es la desmonetización de la palabra?— y Martínez Estrada sigue siendo un intelectual paradigmático y uno de los que han realizado un más genuino intento por entender cabalmente ese fenómeno llamado peronismo. En una república de las letras como la nuestra y actual, donde ni siquiera se puede leer (ni escribir) una crítica bibliográfica desfavorable, releer a Martínez Estrada es una inmersión en salutíferas aguas.

Osvaldo Gallone



Título: Sauce ciego, mujer dormida
Autor: Haruki Murakami
Traducción: Lourdes Porta
Editorial: Tusquets

386 páginas

   

Haruki Murakami pertenece, junto con Banana Yoshimoto, a esa generación de autores japoneses que, a sabiendas, ha decidido romper con la tradición de la narrativa de posguerra, esa generación criticada tanto por dinosaurios, como Kenzaburo Oé, como por los académicos nipones (conocidas son las recriminaciones acerca de lo poco representativas que son las obras de Murakami de la cultura japonesa con las que se expide una y otra vez la academia de su país). Una generación tildada de frívola. A pesar de eso, Murakami supo ganarse un lugar en las bibliotecas de los lectores orientales y occidentales y, en la última década, el fervor por sus obras fue creciendo a pesar de que su talento pocas veces colmara las expectativas generadas por piezas como La caza del carnero salvaje o Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Pues bien, éste nuevo libro, el primer volumen de cuentos traducido al castellano, es un recorrido completo por ésta seudo-decepción en que se ha transformado la carrera literaria del creador nipón.
Los condimentos que llevaron a la popularidad la narrativa de Murakami, el elemento fantástico, cierta sobredimensión del non sense, se encuentran agolpados en las narraciones, pero por la brevedad de las mismas, queda explícito el artilugio.
Los veinticuatro relatos que componen el volumen explicitan, cual secuela de "Matrix", que los primeros aciertos se debieron más a una lógica del azar que a un talento innato, no obstante lo cual, es probable que a los más vehementes seguidores del autor, el libro les depare más de un momento agradable. Por nuestra parte, seguiremos monitoreando su producción a la espera del próximo error de cálculo que nos sumerja en el ambiente onírico que consiguió en sus páginas más logradas.

Jeremías Lynch



Título: Lamujerdemivida. Cultura, de otra manera
Director: Ricardo Coler
Jefe de redacción: Sergio Olguín
Dirección de arte y diseño: Kalil Llamazares
Consejeros editoriales: Amalia Sanz, Eugenia Zicavo y Daniela Kozak

   

Cuando en los últimos meses del año pasado se pudo leer en sus páginas la leyenda “Fiel a la tradición de las revistas culturales argentinas lamujerdemivida cierra…”, el desasosiego hizo metástasis entre sus fieles seguidores.
Muchas fueron las voces que desde el mundo de la cultura, con c de cama y de comercio, se levantaron para decir que era una vergüenza que cerrara una de las revistas culturales más inteligentes del país pero, según entiendo, pocas fueron las manos del medio en tenderse. Por suerte, y para sorpresa de todos, parece que las manos que sí se tendieron fueron las de los lectores más acérrimos…
Celebramos desde aquí el regreso de nuestros colegas, esta vez en formato trimestral y los invitamos a todos ustedes a sumarse a las filas ejemplares de fieles lectores que supo ganar esta revista.
Reproducimos a continuación el sumario del nuevo número cuyo tema central es el “Amor loco”:

Editorial.

Composición Tema, por Daniela Kozak, Annakarin Thorburn, Marcela Basch, Sergio S. Olguín, Agustina Muñoz y Eugenia Zicavo.

Amor loco: insensatez, por Mariana Enríquez.
En las historias de amor, cuanto peor, mejor. Hay que sufrir y hay que enloquecer para quemarse en las pasiones. Ejemplos desde Silvia Plath a las canciones de Shakira y Valeria Lynch, por la autora de Cómo desaparecer completamente.

Amor loco: locas como un plumero, por Claudia Piñeiro.
Ellas se reunían para combatir su adicción al amor. Como otros adictos, estas mujeres vivían cada día de abstención como un triunfo. La autora de Elena sabe se pregunta si semejantes amores tienen cura.

Amor loco: relaciones peligrosas, por Gabriel Rolón.
Del dicho al hecho suele haber un trecho largo. Pero a veces, cuando las relaciones se enmarañan, se vuelven tortuosas, las amenazas pueden convertirse en una trágica realidad. Una mirada analítica del autor de Historias de diván.

Amor loco: matrimonio por amor y otros inventos, por Agustina Muñoz.
¿Son nuestras uniones más felices que en el pasado? ¿Hemos logrado liberarnos y vivir el amor como siempre quisimos? ¿Cómo amar sabiendo que al hacerlo nos perdemos de vivir otros amores, otras fascinantes aventuras?

Ficción inédita: la felicidad repulsiva de la familia M, por Guillermo Martínez.
¿Quién no conoce a una de esas familias que parecen vivir dentro de una publicidad de jabón para la ropa? En este cuento, el autor de La muerte lenta de Luciana B. desmenuza con su habitual agudeza a una de ellas.

Margaritas, por Sergio S. Olguín, Marcela Basch, Mónica López Ocón y Esteban Podetti.

No soy tu chica (de veintipico), por Silvina Pini.
Un intento de comprender por qué tanto el escritor francés Michel Houellebecq como muchos otros hombres consideran que sólo una veinteañera es capaz de desatar un apasionado amor sexual.

Mundo Teta, por Daniel Flichtentrei.
Un lamento desesperado —y enamorado— ante la evidencia científica de que los hombres resultan cada vez más prescindibles a las mujeres.

Con la lengua afuera, por Andrés Bacigaluppo.
Entre la globalización y la transculturización, entre el exterminio y el simple olvido, miles de idiomas luchan para no perderse para siempre.

La bella y la ciencia, por Eugenia Zicavo.
Durante siglos diversas teorías nos han hecho creer en la superioridad mental, sexual y física del varón. Pero llegaron las mujeres científicas para poner las cosas en su lugar.

Te cuento mi análisis: Hermes en camiseta, por Quena Strauss.
No todo lo que rodea una sesión es ruido ambiente. A veces, en forma absurda, una revelación llega a cambiar el curso de las cosas.

El inconsciente: documentos del séptimo y otras artes, por Graciela Musachi.
Reflexiones sobre el amor, la violencia y las ambiciones de las mujeres, a partir del pensamiento de Lou Andreas Salomé y algunas escenas de películas famosas.

Pensándolo bien: la idea de justicia, por Alain Badiou.
Muchas de las ideas de Badiou muestran una nueva forma de entender la justicia, uno de los temas más conflictivos de cualquier sociedad. Primera parte de una conferencia tomada del libro Justicia, filosofía y literatura.

El elegido: día y hora, por Constanza Niscovolos.
Un encuentro entre una pareja divorciada que trasluce mucho más que lo dice es el centro de este relato de un autor inédito.

Visto en la calle: a caballo regalado, por Pablo Ramos.
Las ventajas de tener amigos y los riesgos del sexo en automóviles, por el autor de El origen de la tristeza.

Padre e hijo, por Eduardo Berti.
El autor de La mujer de Wakefield reflexiona acerca de una canción de Cat Stevens y una novela de Edmund Gosse, misteriosamente bautizadas con el mismo nombre.

"Yo no me borré", Novísima entrevista a Lic. Goldemberg.

 

El tema del número de julio será “Cómo odiamos a los psicoanalistas”.

Damián Blas Vives




Título: Contra Debord
Autor: Frédéric Schiffter
Traducción: Julio Díaz y Carolina Meloni
Editorial: melusina [sic]

112 páginas

   

¿Hasta qué punto se corresponde la función-Debord con el personaje histórico? ¿O acaso un libro como el de Anselm Jappe es algo más que un largo concatenado de ideas que posterga indefinidamente la necesidad narrativa de toda biografía? Es cierto, no tiene por qué ser otra cosa, pero ¿una biografía de ideas no es una contradicción insalvable? Aventurado de otro modo ¿vale la pena sobrepasar el ruido entre la construcción del personaje histórico —el autor polemista y el activista estetizante— y la diseminación y digestión de sus ideas?
Debo sincerarme desde estas primeras líneas: no me simpatiza Debord ni coincido con sus ideas. De lo primero me di cuenta muy pronto, percatarme del resto fue más lento. Las razones son más o menos complejas: soy un maldito fan de sus efectos, de los extraviados usos de muchas premisas situacionistas. Leo los usos que Maffesoli hace de sus enunciados y me entusiasmo. Ni que hablar del Debord de Greil Marcus. El puente entre las premisas diseminadas en el seno de la IS (Internacional Situacionista) y la estrategia punk de Malcom McLaren potenciaron mucho a unas y otra. Es más, creo que todavía seguiremos alimentándonos de esa potencia durante bastante tiempo. Algo que realmente me agrada.
Es una relación fascinantemente molesta: me gusta demasiado el falso clasicismo de la prosa de Debord, su estilo punzante, lúcido, alusivo. Su escritura es, sin dudas, una de las más atractivas experiencias de la posguerra. No tanto sus films a los que sólo presté atención por curiosidad. Hago esta distinción porque el consumo de Debord en los últimos lustros fue imperiosamente celebratorio. Ya lo sabemos: Debord menospreciaba a sus aduladores. ¿Su malhumor fue puro histrionismo conceptual? ¿Fue lo suficientemente débil como para no quitarse jamás su chaqueta de ogro? Sinceramente, no me da demasiada curiosidad saberlo. Creo que a sus hagiógrafos tampoco.
El libro de Frédéric Schiffter (Francia, 1956) publicado por melusina [sic] llega en una coyuntura de lo más interesante. Titulado Contra Debord se trata en realidad de una nueva versión (tácticamente abreviada) de su texto de 1997, Guy Debord, l'atrabilaire. Ya entonces el propulsor del situacionismo (quien se suicidó a finales de 1994, casi un mes antes de cumplir los 63 años) era una figura por demás consagrada. Respetado y temido, el consenso de la intelectualidad europea en torno a sus ideas y figura se encontraba ya por entonces tan expandido como para señalar las disidencias al modo de excepciones. En su más o menos extenso prólogo, Schiffter narra cómo su obra fue silenciada y postergada. E incluso minimizada por autores que Debord despreciaba, como Philippe Sollers, convertido con los años en uno de sus más fervientes apólogos.
Días atrás un amigo me decía "la paranoia suele ser sabia" y sin dudas resulta interesante intentar dilucidar en razón de qué. Y es que la paranoia no es sólo un término psiquiátrico, sino que a partir de éste se fue desarrollando todo un género, ya teórico o narrativo. El imperdible libro de Schiffter es un viaje a los nutrientes de este interrogante. No sólo su innegable filiación con Rousseau, sino también las causas de su profunda aversión por filósofos y artistas como Sartre, Robbe-Grillet, Godard, Sagan, Klein, Mathieu, etc. Si todos ellos fueron o son cómplices del avance de la omnipotente especularidad ¿qué es lo que la tan mentada sociedad del espectáculo nos ha robado?
A lo largo de 100 páginas, Schiffter merodea la presuposición de ese paraíso perdido que, o bien es puro invento, o bien puro deseo.

Rafael Cippolini




Título: Hasper
Autor: Textos de Victoria Noorthoorn, José Emilio Burucúa y María Amelia García
Traducción: Edición bilingüe. Versión en inglés de Jane Brodie
Editorial: Adriana Hidalgo Editora

160 páginas

   

En todas sus acepciones y posibilidades, nada más obvio que el arte siempre será cuestión de puntos de vista. Por eso, lo que más festejamos cuando se publica un libro sobre un creador suele ser todo lo contrario que una fatigante pretensión de objetividad. ¿Qué mejor que una asumida subjetividad crítica al momento de indagar el territorio invariablemente hipersubjetivo de un artista?
Al igual que los otros títulos ya aparecidos de la colección co-producida por la galería Ruth Benzacar y Adriana Hidalgo Editora como los dedicados a Marcelo Pombo y Fabio Kacero, la serie al cuidado de la crítica y escritora María Gainza y Fabián Lebenglik poseen tres zonas de indagación y análisis, formatos que cada uno de los autores han reconstruido a su piacere, lo cual constituye una muy buena oportunidad para que todo lector atento e interesado pueda también husmear en los estilos de discurso teórico.
Heterogéneos, los aportes de Noorthoorn, Burucúa y García hacen foco en distintos aspectos de la pintora: mientras que Noorthoorn propone un correlato tan amplio como disperso y por momentos errático de la obra de Hasper con las grandes poéticas del siglo XX, Burucúa disecciona los elementos que componen sus propuestas reutilizando las enseñanzas de Aby Warburg, y García pasa revista en diálogo con Hasper a cada una de sus facetas, como productora de eventos, curadora, investigadora o editora, así como también a cada una de sus períodos creativos.
En los últimos años se fue multiplicando la oferta de libros dedicados al arte argentino, ya reciente, contemporáneo o histórico. Conjuntamente a la aparición en internet de más sitios críticos dedicados a la materia, la información disponible provoca una diferencia por demás notoria que ha dado una enorme visibilidad cultural a las artes visuales de la que carecía hasta hace poco tiempo. En estas coordenadas la colección que reseñamos hace una diferencia: la consolidación de la generación que irrumpió en Buenos Aires en los años '90.
Más allá de esta distinción, Graciela Gachi Hasper es una artista clave en cualquier mapa que intente dar cuenta de las artes visuales en Argentina en las últimas dos décadas.

Rafael Cippolini