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Título: La operación Masotta
Autor: Carlos Correas
Editorial: Interzona
200 páginas
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El
caso Correas
Integrante del trío sartreano de la
revista Contorno, junto con Oscar
Masotta y Juan José Sebreli, el perfil
de Carlos Correas (1931-2000) se torna harto
interesante pues su casi invisibilidad en
el ámbito cultural argentino habla
más de éste que de aquel. De Contorno en adelante, Masotta y Sebreli,
cada uno a su manera, conocerán la
fama, el reconocimiento, la profusa publicación;
Correas, quien de los tres es el que ejecuta
la obra más sólida, quedará
en un cono de sombras, atenuado ahora por
el rescate que del autor realiza Interzona,
editando un volumen de relatos (Un trabajo
en San Roque) y reeditando un ensayo
fundamental que data de 1991 (La operación
Masotta).
La producción narrativa de Correas
se compone de dos volúmenes: Los
reportajes de Félix Chaneton (1984)
y Un trabajo en San Roque (2005).
No es lo mejor ni lo más representativo
de su obra. El estilo oscila entre la aridez
y la ampulosidad, y ninguna de las dos características
ayuda a dar curso a la fluidez narrativa.
Correas es, eminentemente, un ensayista, un
hombre de postulados y de ideas, como lo corroboran
su excelente ensayo sobre Kafka (Kafka
y su padre, 1983), Arlt literato (1996), Ensayos de tolerancia (1999,
notas generalmente breves pero definitivas,
como la que le dedica a la indigente cosmovisión
de mundo del consagrado Juan José Saer), El deseo en Hegel y Sartre (2002),
y La operación Masotta, su
texto más personal.
Toda biografía deviene inevitablemente
autobiografía. La operación
Masotta no es la excepción. Correas
evoca a Masotta y se evoca, reconstruye una
época y da cuenta de su testimonio
personal. Pero, y acaso esto resulte sustancial,
escribe a la manera de Correas, a contracorriente:
los años sesenta y setenta no son años
dorados, el autor no se guarece bajo el techo
de ninguna capilla, hace gala de una sinceridad
brutal, la amistad (o el recuerdo de la misma)
no atenúa la potencia del juicio crítico.
¿Quién es el Masotta de Correas?
En principio, su hombre: "sé que
Masotta es mi hombre". A comienzos de
los años cincuenta, Correas se recuerda
como un practicante de la homosexualidad:
"constituiría un exceso o una
improbabilidad enunciar que 'era' homosexual",
y si bien jamás, confiesa, sobreviene
un episodio objetivamente homosexual entre
Masotta y él, no por ello deja de ser
su hombre. Y se podría agregar: la
medida de su deseo. La fecunda virulencia
de Correas a lo largo de su ensayo se puede
entender, entre otras y variadas razones,
porque éste, "su hombre",
termina por defraudarlo, porque no llega a
cubrir expectativas elementales, porque por
momentos se torna un sujeto patético.
En un tono tan alejado de la vindicación
como de la estridencia, en La operación
Masotta Correas pone de manifiesto la
delictuosidad intelectual de la editorial
Losada en las traducciones de Sartre (en Argentina,
a Sartre llegó a traducirlo Eduardo
Gudiño Kieffer), el macaneo lacanoide
de Masotta, la empecinada improvisación
de Sebreli, por mencionar sólo algunos
ítem.
A nadie escapa que desde hace algunos años,
el ambiente intelectual argentino en su gran
mayoría parece haber suscripto una
especie de aggiornado G.A.N. (Gran
Acuerdo Nacional), el tristemente célebre
proyecto de Alejandro Agustín Lanusse.
Hay un acuerdo generalizado, la polémica
es poco menos que un anatema, lo consagrado
resulta indiscutible, ha habido concursos
tan escandalosamente arreglados que debieron
suspenderse, la crítica se extingue
como si fuera un virus finalmente derrotado.
Estos rasgos probablemente expliquen la casi
invisibilidad de Correas en el horizonte intelectual.
Si el actual ambiente de la cultura argentina
se propone como un espejo de aguas, a Correas
le cabe el papel de indeseado marginal que
siempre está a punto de arrojar la
piedra.
Osvaldo
Gallone |
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Título: Chesil Beach
Autor: Ian McEwan
Traducción: Jaime Zulaika
Editorial: Anagrama
185 páginas
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Hace
rato que Ian McEwan ha dejado de ser el niño
terrible de las letras sajonas y, sin embargo,
sigue siendo noticia. Incluso hoy más
que nunca. Esto se debe no sólo a su
calidad literaria —no vamos a poner en duda
que la tiene y en cantidad— sino también
a cierto reblandecimiento de la crítica.
Es difícil considerar este fenómeno
tan sólo como un cambio de paradigma
en lo que a modas culturales respecta, más
bien parece tratarse de una connivencia entre
medios de difusión. Hoy en día,
cuando la crítica tibia nos presenta
a un autor que ha ingresado en su "madurez
estilística", poco falta para
que observemos en su producción literaria
una notoria merma de aquellas pasiones que
encendieron la juventud del mismo.
McEwan, quien supiera erigirse contra el paternalismo
inglés en novelas como Jardín
de cemento o Los perros negros experimentó, en sus "novelas de
adultez", un viraje hacia las raíces
de la literatura anglosajona. Esta decisión
ante todo estética, que comenzó
tenuemente y matizó obras como Amor
perdurable o Amsterdam, avanzó
en el terreno inerte del artilugio, marcando
el acento victoriano de Expiación,
para convertirse luego en la irremisible frivolidad
de Sábado, sin lugar a dudas
el punto más bajo de su carrera. Paradójicamente,
o en realidad no tanto, éstos dos últimos
títulos fueron los mejores recibidos
por la crítica local y los más
vendidos en nuestro país.
Cuando parecía que sus antiguos seguidores
debíamos sepultar en el olvido las
nuevas obras del viejo Ian, Chesil Beach llegó para salvarlo en parte, o al
menos para darle un breve aliento.
La novela transcurre en los primeros años
de la década del '60, inmediatamente
antes de los Beatles y la revolución
cultural, y nos presenta la historia de dos
jóvenes de poco más de veinte
años, Edward y Florence, que siendo
vírgenes entienden el matrimonio como
el ritual social de pasaje a la edad adulta
que supo ser, y deciden afrontarlo juntos.
McEwan disecciona la construcción de
la pareja manteniendo su pluma victoriana
pero recuperando cierto énfasis, ciertos
elementos que le dieron brillo en su juventud;
huelga decir, por ejemplo, que ambos jóvenes
son de distintas clases sociales y, por lo
tanto, de distintas realidades.
Amor, sexo e historia son los puntos en los
que profundizará el autor al narrar
la noche de bodas de Florence y Edward, en
un hotel a casi dos kilómetros al sur
de Abbotsbury, Dorset, con vista a la playa.
Chesil Beach está lejos de
ser una obra maestra, como han afirmado muchos
medios, mucho menos la novela definitiva del
autor; sin embargo es un divertimento lúcido,
lo que ya es algo en un paisaje por momentos
tan árido como el de la narrativa sajona
de este principio de siglo.
Damián
Blas Vives |
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Título: A quien corresponda
Autor: Martín Caparrós
Editorial: Anagrama
319
páginas
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Martín
Caparrós en su novela hace una interesante
referencia, sostenida, a un elemento esencial:
"el tiempo", el tiempo como duración
determinada por la sucesión prolongada
de tantos años transcurridos, y el
propio tiempo, el que determina la oportunidad
o la idea de un "demasiado tarde".
La década del '70, más allá
de la verdad y la mentira, representa un primer
tiempo también determinado por cadenas
de acontecimientos y un desenlace en suspenso,
por la transformación de la derrota.
Entre tiempo y tiempo, el intervalo, un período
más o menos largo que desde lo personal
habilita al protagonista a reflexionar, a
confirmar certezas y ponerlas en duda, a disponer
de su tiempo libre y poco y, entonces, apenas
un poco libre para él, que tanto se
dedicó a matar el tiempo, cuando al
mismo tiempo en el país se juega esta
revancha, ya vencido el intervalo.
La novela abre una serie de interrogantes
y nos ofrece más preguntas que respuestas.
Sus imágenes reflejan el talento indiscutible
de un Martín Caparrós novelista;
pero el mérito mayor lo encuentro en
lo que puede o pudo haber sido una invitación
a recordar sin guía ni directriz.
Es así que relaciono la ficción
con la realidad y me pregunto si no estaremos
todos un poco fuera de tiempo; sigo y siento
que hay algo que huele mal. ¿Sabés
a qué?...
A "Tiempos de mierda".
Luis Adrián Vives |
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Título: ¿Qué es esto? Catilinaria
Autor: Ezequiel Martínez
Estrada
Editorial: Ediciones Colihue
/ Biblioteca Nacional
387
páginas
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"¿Hasta
cuándo Catilina abusará de nuestra
paciencia?", interrogaba Cicerón
al Senado de Roma durante una serie de discursos
conocidos bajo el nombre de Catilinarias e inspirados en la conjuración de Lucio
Sergio Catilina, que presuntamente tendía
a destruir la república romana. El ¿Qué es esto?, cuya
primera edición data de 1956, es la Catilinaria de Ezequiel Martínez
Estrada y parte de una hipótesis más
grave aún que la que le reservaba Cicerón
a Catilina: no hay riesgo de destrucción
de la República, Perón ya la
ha destruido; constatación palmaria
que no necesariamente debe derivar en la desdicha
sino en una cierta (y temblorosa, se podría
agregar) esperanza: la Argentina debe hundirse
del todo —dirá Martínez Estrada—;
si se lo merece, saldrá a flote; de
lo contrario, el naufragio no dejará
de ser un acto de justicia histórica.
Es en este juego de contrarios —naufragio
o salvación—, exasperado por la mediación
del concepto de "merecimiento",
a partir de donde se puede vislumbrar a un
Martínez Estrada en estado puro: en
blanco o en negro, a todo o nada, huérfano
del alivio que de tanto en tanto pueden brindar
las tonalidades grises. El ¿Qué
es esto? se ha calificado, a lo largo
de los años y según la ideología
de turno, de "demagógico",
"arbitrario", "resentido",
"visionario". Es, ante todo, un
libro brutal y, para usar una jerga epocal,
escandalosamente incorrecto en el nivel político.
Sin el más mínimo preludio que
anuncie la precipitación del vendaval,
Martínez Estrada afirma: "Perón
era un fracasado, con todos los estigmas clínicos
de ese tipo freudiano ya habitual en las revistas
de psiquiatría. Hay, ante todo, una
advertencia de carácter general o filosófico
que hacer, y es ésta: en Latinoamérica
quien sigue la carrera de las armas es, casi
en términos absolutos, consciente o
inconscientemente, un derrotado en la lucha
por la vida. La Iglesia es, por su lado, un
universal asilo de incapaces". Descuenta
que Perón "estaba a sueldo como
espía del Tercer Reich".
Homologa La razón de mi vida con un "Mein Kampf para sudaneses".
Pero más allá de las efusiones,
el ¿Qué es esto? —tanto
como La cabeza de Goliat y gran parte
de la Radiografía de la Pampa—
sigue siendo un intento ejemplar de ingresar
hasta el hueso en el cuerpo enfermo de una
sociedad —¿quién puede negar
que uno de los síntomas argentinos
es la desmonetización de la palabra?—
y Martínez Estrada sigue siendo un
intelectual paradigmático y uno de
los que han realizado un más genuino
intento por entender cabalmente ese fenómeno
llamado peronismo. En una república
de las letras como la nuestra y actual, donde
ni siquiera se puede leer (ni escribir) una
crítica bibliográfica desfavorable,
releer a Martínez Estrada es una inmersión
en salutíferas aguas.
Osvaldo
Gallone |
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Título: Sauce ciego, mujer dormida
Autor: Haruki Murakami
Traducción: Lourdes Porta
Editorial: Tusquets
386
páginas
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Haruki
Murakami pertenece, junto con Banana Yoshimoto,
a esa generación de autores japoneses
que, a sabiendas, ha decidido romper con la
tradición de la narrativa de posguerra,
esa generación criticada tanto por dinosaurios, como Kenzaburo Oé,
como por los académicos nipones (conocidas
son las recriminaciones acerca de lo poco
representativas que son las obras de Murakami
de la cultura japonesa con las que se expide
una y otra vez la academia de su país).
Una generación tildada de frívola.
A pesar de eso, Murakami supo ganarse un lugar
en las bibliotecas de los lectores orientales
y occidentales y, en la última década,
el fervor por sus obras fue creciendo a pesar
de que su talento pocas veces colmara las
expectativas generadas por piezas como La
caza del carnero salvaje o Crónica
del pájaro que da cuerda al mundo.
Pues bien, éste nuevo libro, el primer
volumen de cuentos traducido al castellano,
es un recorrido completo por ésta seudo-decepción
en que se ha transformado la carrera literaria
del creador nipón.
Los condimentos que llevaron a la popularidad
la narrativa de Murakami, el elemento fantástico,
cierta sobredimensión del non sense,
se encuentran agolpados en las narraciones,
pero por la brevedad de las mismas, queda
explícito el artilugio.
Los veinticuatro relatos que componen el volumen
explicitan, cual secuela de "Matrix",
que los primeros aciertos se debieron más
a una lógica del azar que a un talento
innato, no obstante lo cual, es probable que
a los más vehementes seguidores del
autor, el libro les depare más de un
momento agradable. Por nuestra parte, seguiremos
monitoreando su producción a la espera
del próximo error de cálculo
que nos sumerja en el ambiente onírico
que consiguió en sus páginas
más logradas.
Jeremías
Lynch |
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Título: Lamujerdemivida. Cultura, de otra manera
Director: Ricardo Coler
Jefe de redacción: Sergio
Olguín
Dirección de arte y diseño: Kalil Llamazares
Consejeros editoriales: Amalia
Sanz, Eugenia Zicavo y Daniela Kozak
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Cuando
en los últimos meses del año
pasado se pudo leer en sus páginas
la leyenda “Fiel a la tradición
de las revistas culturales argentinas lamujerdemivida
cierra…”, el desasosiego hizo
metástasis entre sus fieles seguidores.
Muchas fueron las voces que desde el mundo
de la cultura, con c de cama y de
comercio, se levantaron para decir que era
una vergüenza que cerrara una de las
revistas culturales más inteligentes
del país pero, según entiendo,
pocas fueron las manos del medio en tenderse.
Por suerte, y para sorpresa de todos, parece
que las manos que sí se tendieron fueron
las de los lectores más acérrimos…
Celebramos
desde aquí el regreso de nuestros colegas,
esta vez en formato trimestral y los invitamos
a todos ustedes a sumarse a las filas ejemplares
de fieles lectores que supo ganar esta revista.
Reproducimos
a continuación el sumario del nuevo
número cuyo tema central es el “Amor
loco”:
Editorial.
Composición
Tema, por Daniela Kozak, Annakarin
Thorburn, Marcela Basch, Sergio S. Olguín,
Agustina Muñoz y Eugenia Zicavo.
Amor
loco: insensatez, por Mariana Enríquez.
En las historias de amor, cuanto peor, mejor.
Hay que sufrir y hay que enloquecer para quemarse
en las pasiones. Ejemplos desde Silvia Plath
a las canciones de Shakira y Valeria Lynch,
por la autora de Cómo desaparecer
completamente.
Amor
loco: locas como un plumero, por
Claudia Piñeiro.
Ellas se reunían para combatir su adicción
al amor. Como otros adictos, estas mujeres
vivían cada día de abstención
como un triunfo. La autora de Elena sabe se pregunta si semejantes amores tienen cura.
Amor
loco: relaciones peligrosas, por
Gabriel Rolón.
Del dicho al hecho suele haber un trecho largo.
Pero a veces, cuando las relaciones se enmarañan,
se vuelven tortuosas, las amenazas pueden
convertirse en una trágica realidad.
Una mirada analítica del autor de Historias
de diván.
Amor
loco: matrimonio por amor y otros inventos,
por Agustina Muñoz.
¿Son nuestras uniones más felices
que en el pasado? ¿Hemos logrado liberarnos
y vivir el amor como siempre quisimos? ¿Cómo
amar sabiendo que al hacerlo nos perdemos
de vivir otros amores, otras fascinantes aventuras?
Ficción
inédita: la felicidad repulsiva de
la familia M, por Guillermo Martínez.
¿Quién no conoce a una de esas
familias que parecen vivir dentro de una publicidad
de jabón para la ropa? En este cuento,
el autor de La muerte lenta de Luciana
B. desmenuza con su habitual agudeza
a una de ellas.
Margaritas,
por Sergio S. Olguín, Marcela Basch,
Mónica López Ocón y Esteban
Podetti.
No
soy tu chica (de veintipico), por
Silvina Pini.
Un intento de comprender por qué tanto
el escritor francés Michel Houellebecq
como muchos otros hombres consideran que sólo
una veinteañera es capaz de desatar
un apasionado amor sexual.
Mundo
Teta, por Daniel Flichtentrei.
Un lamento desesperado —y enamorado— ante
la evidencia científica de que los
hombres resultan cada vez más prescindibles
a las mujeres.
Con
la lengua afuera, por Andrés
Bacigaluppo.
Entre la globalización y la transculturización,
entre el exterminio y el simple olvido, miles
de idiomas luchan para no perderse para siempre.
La bella y la ciencia, por
Eugenia Zicavo.
Durante siglos diversas teorías nos
han hecho creer en la superioridad mental,
sexual y física del varón. Pero
llegaron las mujeres científicas para
poner las cosas en su lugar.
Te
cuento mi análisis: Hermes en camiseta,
por Quena Strauss.
No todo lo que rodea una sesión es
ruido ambiente. A veces, en forma absurda,
una revelación llega a cambiar el curso
de las cosas.
El
inconsciente: documentos del séptimo
y otras artes, por Graciela Musachi.
Reflexiones sobre el amor, la violencia y
las ambiciones de las mujeres, a partir del
pensamiento de Lou Andreas Salomé y
algunas escenas de películas famosas.
Pensándolo
bien: la idea de justicia, por Alain
Badiou.
Muchas de las ideas de Badiou muestran una
nueva forma de entender la justicia, uno de
los temas más conflictivos de cualquier
sociedad. Primera parte de una conferencia
tomada del libro Justicia, filosofía
y literatura.
El
elegido: día y hora, por Constanza
Niscovolos.
Un encuentro entre una pareja divorciada que
trasluce mucho más que lo dice es el
centro de este relato de un autor inédito.
Visto
en la calle: a caballo regalado,
por Pablo Ramos.
Las ventajas de tener amigos y los riesgos
del sexo en automóviles, por el autor
de El origen de la tristeza.
Padre
e hijo, por Eduardo Berti.
El autor de La mujer de Wakefield reflexiona acerca de una canción de
Cat Stevens y una novela de Edmund Gosse,
misteriosamente bautizadas con el mismo nombre.
"Yo
no me borré", Novísima
entrevista a Lic. Goldemberg.
El
tema del número de julio será
“Cómo odiamos a los psicoanalistas”.
Damián
Blas Vives |
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Título: Contra Debord
Autor: Frédéric
Schiffter
Traducción: Julio Díaz
y Carolina Meloni
Editorial: melusina [sic]
112
páginas
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¿Hasta
qué punto se corresponde la función-Debord
con el personaje histórico? ¿O
acaso un libro como el de Anselm Jappe es
algo más que un largo concatenado de
ideas que posterga indefinidamente la necesidad
narrativa de toda biografía? Es cierto,
no tiene por qué ser otra cosa, pero
¿una biografía de ideas no es
una contradicción insalvable? Aventurado
de otro modo ¿vale la pena sobrepasar
el ruido entre la construcción del
personaje histórico —el autor polemista
y el activista estetizante— y la diseminación
y digestión de sus ideas?
Debo sincerarme desde estas primeras líneas:
no me simpatiza Debord ni coincido con sus
ideas. De lo primero me di cuenta muy pronto,
percatarme del resto fue más lento.
Las razones son más o menos complejas:
soy un maldito fan de sus efectos,
de los extraviados usos de muchas premisas
situacionistas. Leo los usos que Maffesoli
hace de sus enunciados y me entusiasmo. Ni
que hablar del Debord de Greil Marcus.
El puente entre las premisas diseminadas en
el seno de la IS (Internacional Situacionista)
y la estrategia punk de Malcom McLaren
potenciaron mucho a unas y otra. Es más,
creo que todavía seguiremos alimentándonos
de esa potencia durante bastante tiempo. Algo
que realmente me agrada.
Es una relación fascinantemente molesta:
me gusta demasiado el falso clasicismo de
la prosa de Debord, su estilo punzante, lúcido,
alusivo. Su escritura es, sin dudas, una de
las más atractivas experiencias de
la posguerra. No tanto sus films a los que
sólo presté atención
por curiosidad. Hago esta distinción
porque el consumo de Debord en los últimos
lustros fue imperiosamente celebratorio. Ya
lo sabemos: Debord menospreciaba a sus aduladores.
¿Su malhumor fue puro histrionismo
conceptual? ¿Fue lo suficientemente
débil como para no quitarse jamás
su chaqueta de ogro? Sinceramente, no me da
demasiada curiosidad saberlo. Creo que a sus
hagiógrafos tampoco.
El libro de Frédéric Schiffter
(Francia, 1956) publicado por melusina
[sic] llega en una coyuntura de lo más
interesante. Titulado Contra Debord se trata en realidad de una nueva versión
(tácticamente abreviada) de su texto
de 1997, Guy Debord, l'atrabilaire.
Ya entonces el propulsor del situacionismo
(quien se suicidó a finales de 1994,
casi un mes antes de cumplir los 63 años)
era una figura por demás consagrada.
Respetado y temido, el consenso de la intelectualidad
europea en torno a sus ideas y figura se encontraba
ya por entonces tan expandido como para señalar
las disidencias al modo de excepciones. En
su más o menos extenso prólogo,
Schiffter narra cómo su obra fue silenciada
y postergada. E incluso minimizada por autores
que Debord despreciaba, como Philippe Sollers,
convertido con los años en uno de sus
más fervientes apólogos.
Días atrás un amigo me decía
"la paranoia suele ser sabia" y
sin dudas resulta interesante intentar dilucidar
en razón de qué. Y es que la
paranoia no es sólo un término
psiquiátrico, sino que a partir de
éste se fue desarrollando todo un género,
ya teórico o narrativo. El imperdible
libro de Schiffter es un viaje a los nutrientes
de este interrogante. No sólo su innegable
filiación con Rousseau, sino también
las causas de su profunda aversión
por filósofos y artistas como Sartre,
Robbe-Grillet, Godard, Sagan, Klein, Mathieu,
etc. Si todos ellos fueron o son cómplices
del avance de la omnipotente especularidad
¿qué es lo que la tan mentada
sociedad del espectáculo nos ha robado?
A lo largo de 100 páginas, Schiffter
merodea la presuposición de ese paraíso
perdido que, o bien es puro invento, o bien
puro deseo.
Rafael
Cippolini |
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Título: Hasper
Autor: Textos de Victoria Noorthoorn,
José Emilio Burucúa y María
Amelia García
Traducción: Edición
bilingüe. Versión en inglés
de Jane Brodie
Editorial: Adriana Hidalgo Editora
160 páginas
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En
todas sus acepciones y posibilidades, nada
más obvio que el arte siempre será
cuestión de puntos de vista. Por eso,
lo que más festejamos cuando se publica
un libro sobre un creador suele ser todo lo
contrario que una fatigante pretensión
de objetividad. ¿Qué mejor que
una asumida subjetividad crítica al
momento de indagar el territorio invariablemente
hipersubjetivo de un artista?
Al igual que los otros títulos ya aparecidos
de la colección co-producida por la
galería Ruth Benzacar y Adriana Hidalgo
Editora como los dedicados a Marcelo Pombo
y Fabio Kacero, la serie al cuidado de la
crítica y escritora María Gainza
y Fabián Lebenglik poseen tres zonas
de indagación y análisis, formatos
que cada uno de los autores han reconstruido
a su piacere, lo cual constituye
una muy buena oportunidad para que todo lector
atento e interesado pueda también husmear
en los estilos de discurso teórico.
Heterogéneos, los aportes de Noorthoorn,
Burucúa y García hacen foco
en distintos aspectos de la pintora: mientras
que Noorthoorn propone un correlato tan amplio
como disperso y por momentos errático
de la obra de Hasper con las grandes poéticas
del siglo XX, Burucúa disecciona los
elementos que componen sus propuestas reutilizando
las enseñanzas de Aby Warburg, y García
pasa revista en diálogo con Hasper
a cada una de sus facetas, como productora
de eventos, curadora, investigadora o editora,
así como también a cada una
de sus períodos creativos.
En los últimos años se fue multiplicando
la oferta de libros dedicados al arte argentino,
ya reciente, contemporáneo o histórico.
Conjuntamente a la aparición en internet
de más sitios críticos dedicados
a la materia, la información disponible
provoca una diferencia por demás notoria
que ha dado una enorme visibilidad cultural
a las artes visuales de la que carecía
hasta hace poco tiempo. En estas coordenadas
la colección que reseñamos hace
una diferencia: la consolidación de
la generación que irrumpió en
Buenos Aires en los años '90.
Más allá de esta distinción,
Graciela Gachi Hasper es una artista
clave en cualquier mapa que intente dar cuenta
de las artes visuales en Argentina en las
últimas dos décadas.
Rafael
Cippolini |
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