De
notas en cuadernos, de copiar de libros ajenos o en bibliotecas,
o de los propios para evitar el subrayado entusiasta,
hoy, y en exclusiva para Evaristo, notas auxiliares
para airear el namedropping, para colaborar en la insinuación
de una cita erudita, para ayudar a instalar con un levantamiento
de cejas o el susurro adecuado la inquietud por cierta
información en esas causeries iniciadas en un sillón
que se hunde en el aparte de una fiesta, e interrumpidas
y nunca retomadas cuando uno/a se levanta para buscar
otra copa.
Por
los aventureros parásitos del siglo XVIII que recorren
Europa de un extremo a otro, y que se sienten en casa
en todas partes, que a veces bordan en los salones, que
asumen también la causa de las mujeres, y que aman
el marco vegetal y enredado de ciertos encuentros.
En
el teatro Noh, el teatro japonés clásico
de las máscaras y los fantasmas, para que los golpes
de los pies resuenen de un modo especial hay jarras de
arcilla enterradas en los bordes del escenario, tanto
en el principal como en el puente. La posición
y el ángulo según el cual están enterradas,
es un secreto celosamente guardado por los carpinteros
(ahora se emplean conos de arena).
La
salsa de soja (shoyu) era exportada a Europa desde la
isla de Dejima (Nagasaki) por los holandeses. Dicho sea
de paso, una isla artificial con unas tres cuadras de
profundidad, separada por un canal de dos metros de ancho
de tierra firme, con forma de abanico, con su aduana,
su juzgado, sus casas pintadas de verde y con muebles
occidentales, hoy reconstruida, donde se puede adquirir
el perfume Madame Butterfly, y donde reaparecen personajes
de esos tiempos, apretando un botón que los trae
a la vida en forma de hologramas que avanzan y se plantan
ante el visitante en tamaño natural. Volvemos,
la técnica de fermentación desarrollada
en el período Muromachi mejoraba la herencia de
la salsa china. Como era tan caro el shoyu, los pobres
seguían condimentando con miso (pasta fermentada
de soja) y recién en el siglo XIX la salsa se hizo
popular. Los holandeses intentaron copiar la fórmula
pero no lo lograron. L'Enclyclopédie (Diderot!)
la cita y también Engelbert Kaempfer (1651-1716)
un médico que estuvo en Japón.
Un
grupo de pintores de Nueva York y Boston, autodenominados
The Ten, admiradores de Japón y los impresionistas,
formaron "The Tile Club" en 1877, el Club del
Azulejo, que los reunía para comer y pintar azulejos.
Luego, las muestras, los regalos a los amigos, la multiplicación
de lo pequeño.
Rostro:
desnudez humana que puede adoptar una apariencia, pero
siempre a punto de despojarse de las mentiras y de las
formas; debilidad, petición, ya mendicidad, pero
también una extraña autoridad, desarmada
pero imperativa, que me interpela a mí, responsable
de esta miseria y que, eventualmente me ordena ponerme,
identidad pura e imposible, al servicio de lo verdadero. Fuera del sujeto, Emmanuel Levinas.
Arte
de la geisha, (geisha no sólo mujer sino alguien
que representa). Arte nunca explícito. Como mariposas,
todavía perseguidas en Kioto por las cámaras
digitales de los turistas. Pasitos rápidos, la
cara enharinada, aparecer para desaparecer. La puesta
en escena, siempre elusiva. Cualidad iki, ideal moral
y estético de la época Edo: saber exactamente
qué grado de despliegue erótico es oportuno
para combinarlo con el más alto nivel de gusto.
Mostrarse como una teatralidad en acción, usar
el artificio para no mostrar aspectos desagradables, representar
sólo lo elegido. Como vivir y dormir delante de
un espejo.
Para
los caminantes en ciertas escenas callejeras que van mascullando. "Aquella enfermedad de los monjes medievales
que, cansados de tanto rito mecanizado y tantos rezos
no atendidos por nadie, empezaron a blasfemar, la acedia." (cito de la novela de Carlos Heitor Cony, Antes, o
verão).
Hasta
el siglo XIII beber té era un acto medicinal. A
partir del XVI tan esencial se volvió el rito de
tomarlo que había que ser original en el modo de
implementar la ceremonia: por ejemplo, los potes de cerámica
—donde los más humildes guardaban su té
de cebada perfumado con soja en polvo— se convirtieron
en objetos muy codiciados por los teístas conocedores.
La historia más famosa la protagonizó una
pequeña vasija de cerámica roja con una
banda negra brillante chorreada que rodeaba la boca, pertenencia
de una campesina, que fue comprada por un samurai de bajo
rango, llamado Inazu Chubei, y que inició una cadena
de venta con cotizaciones cada vez más altas, para
terminar bautizada como "Hitoyo" (Rareza) y
venerada con bolsita de brocado y tapa de marfil como
un ejemplo de esa belleza, resultado de una creación
accidental, y que se convierte en bello objeto fascinante.
El
caso de Abe Sada escandalizó en 1936 a la sociedad
japonesa. Una mujer de mediana edad mata a su amante estrangulándolo
y luego le secciona pene y testículos. Fue un episodio
crucial en el desarrollo de la conciencia sexual de Japón,
que dejó en claro ante el público que las
mujeres tenían deseo sexual. Sada anduvo a la deriva
por Tokio durante cuatro días hasta que la arrestaron.
Lo notable es que todo Japón sintió simpatía
por ella y que, una vez que cumplió la sentencia
y se reintegró a la sociedad, representó
su propio papel en obras de teatro basadas en su historia.
El film de Nagisa Oshima, "El imperio de los sentidos",
le quita los tonos conmovedores para leerla como una devoradora
de hombres. Japan review dixit en 1998, número
10.
El
26 de diciembre de 1930 se incendió el viejo Parque
Japonés, que se había inaugurado en 1911
en terrenos del actual cruce de Avenida del Libertador
y Callao en la ciudad de Buenos Aires. Ese día
los empleados se habían retirado a almorzar. Los
elefantes, del Circo de Berlín que se presentaba
en esos días, enloquecieron, la Montaña
Rusa de más de cien metros de largo se consumió.
Tres años después lo cerraron. Y desapareció
así una de las mayores atracciones de Buenos Aires,
proyecto del Alfredo Zucker, un ingeniero alemán.
¿Quién podrá comentarnos de los dos
lagos ubicados a distinto nivel y separados por un Monte
Fuji, atravesado por túneles por los que corría
un trencito? ¿Y de las canoas que llegaban hasta
la isla de las Geishas? |