Me
encuentro con Sebastián Edwards durante las primeras
horas de la tarde de un día fresco pero pegajoso,
como sólo el Río de la Plata puede generar.
Me aguarda en el piso 14 del edificio de oficinas del
grupo Alfaguara-Santillana y yo llego sin visualizar muy
bien cuál será el resultado de la conversación
con un economista, profesor de Economía Internacional,
especialista en el tema del desarrollo económico
en latinoamérica y autor de una de las novelas
mejor narradas a las que tuve acceso en los últimos
tiempos, pues hasta ese momento y desde mi proverbial
ignorancia, su especialidad y la buena literatura eran
fuerzas opuestas.

Evaristo
Cultural: ¿Cómo nace la idea de esta
novela? El texto analiza los últimos treinta años
de historia latinoamericana de manera muy lúcida.
Los caminos de la política, del narcotráfico,
los distintos rumbos económicos, son sopesados
desde las variables de una paranoia lúcida también,
salvo que respondan a una investigación muy profunda...
Sebastián
Edwards: Bueno, la pregunta tiene dos
respuestas, se lo puede tomar desde distintos ángulos.
Uno es cómo nace la idea de que un economista relativamente
conocido decida hacer una novela; y otro es cómo
nace, una vez habiéndolo decidido, esta novela
y no otra. Hablemos de la segunda, que creo que es lo
que tú preguntabas.
Pues nace del hecho de unir los puntos entre los dos misterios
esenciales, desde mi punto de vista, en la política
latinoamericana de los últimos treinta años.
Uno es este acertijo de por qué sólo una
Tania [1],
cuando la lógica indica que si hubo una debiera
haber más, como ocurre con los cuatro de Cambridge,
los famosos espías soviéticos en Gran Bretaña,
que eran cuatro, o cinco, o quizás seis, y uno
va sumando y siguiendo... Ese es un misterio. El otro
es qué pasó con el dinero de los montoneros.
Lo que decidí entonces, es armar una novela que
amarre estos dos misterios, pero al mismo tiempo que no
sólo sea una novela de espías, sino que
sea el relato de una gran amistad, de un amor imposible
y de una traición que puede haber sucedido como
no.
La escribo cuando ya soy un hombre grande, y por tanto,
una persona que ha leído mucho, que habiendo querido
escribirla en el pasado, nunca me había animado
porque no me sentía capaz, y por tanto asumo, ya
como hombre grande, que lo que quiero hacer es una novela
limpia, en el sentido de que la narrativa sea, como vos
dijiste, lúcida, sin tratar de recurrir a ninguna
pirotecnia ni a ningún experimento, reconociendo
que es una primera novela y que quiero que avance, que
se mueva.
EC: ¿Dónde tenés tu residencia ahora?
SE: En California.
EC: Te pregunto esto porque el escenario latinoamericano de
la novela, que por una cuestión histórica
se centra en los primeros '70, es muy parecido al escenario
latinoamericano actual, de hecho muchas de tus descripciones
podrían ser asimilables a la Latinoamérica
de hoy, no sólo de Argentina, Venezuela, Bolivia...
Esto por un lado, por otro, el misterio de las Tanias,
o sea, la posibilidad de que haya otras mujeres infiltradas
en focos de poder, es muy seductora cuando en el continente
comienzan a aparecer dirigentes femeninos en diferentes
países... ¿Tuviste alguna crítica
por todo esto?
SE: Hubo una reacción política un poco negativa
de ciertos grupos muy pequeños, pero yo creo que
más que nada porque los dos personajes principales
—el narrador, cuyo nombre nunca conocemos, y su gran amigo,
el asesinado Roberto Stevenson —Bobby— se ríen,
dentro de toda la tragedia y de la censura y de Fidel
terminando con nueva revolución y todo eso, se
ríen un poco de Cuba. Y ha habido un grupo muy
pequeño diría yo en América Latina
al que eso le ha molestado mucho...
EC: Yo recuerdo una vez que vino Castoriadis de visita al
país, dio una conferencia en la Universidad de
Sociología, y un alumno le preguntó qué
opinaba él de la situación en Cuba; Castoriadis
dijo que prefería no hablar de eso. Le insisten
y, cuando él responde realmente lo que pensaba,
hubo un levantamiento en la Universidad, se golpearon
sillas...
SE: Sólo a eso iba, pero no ha habido una crisis en
el sentido de que se esté insinuando que nuestras
dirigentes puedan ser...
EC: No, no, no, dije lo de las dirigentas pero también
está este efecto revival de los setenta,
o sea, en nuestro país se reinstalaron términos
como "los montoneros", por ejemplo... "Los
montoneros" fueron una idea que se dejó de
utilizar políticamente durante más de quince
años y de repente es un término reactualizado...
Vale decir, en el recambio político toda esa generación
es la que gobierna ahora.
SE: Así es, y eso es verdad no sólo en la Argentina
sino que naturalmente en Chile desde hace muchos años.
En Bolivia nunca estuvieron en el poder, pero están
ahora muy remosados en el Perú de Alan García,
en el Ecuador de Rafael Correa, en Venezuela...
EC: Por eso te digo si todavía no tuviste ninguna respuesta
negativa... O sea, hay una fantasía, en toda Latinoamérica,
donde EE.UU. representa nuestro eje del mal...
SE: No, yo creo que el mismo grupo pro cubano también...
cierto malestar en que esta es una novela... que siendo
política... (8.23) no es cien por ciento crítica,
o no es crítica de los EE.UU. De hecho, el personaje
principal, cuando sus amigos en los '70 lo increpan por
no vibrar con el manual de Economía política
de Marta Harnecker, que fue mi profesora, —yo a Marta
la conozco mucho, ella me enseñó a mí
marxismo en la Universidad de Chile—, cuando lo critican
él contesta 'No me critiquen a mí que me
marché con los negros que me apalearon y me jugué
la vida por los negros en los EE.UU.'. Entonces, eso que
demuestra o que sugiere que también hay en los
EE.UU. gente decente, en el sentido político, también
ha molestado a algunas personas, pero yo te diría
que es la minoría. La novela fue un gran éxito
de ventas en Chile que es donde primero salió.
Rápidamente se agotó, ya van cuatro emisiones
y estuvo veintinueve semanas en la lista de super ventas...
EC: Bueno, espero que acá sea un éxito también
porque realmente es muy muy buena la novela...
SE: Qué bueno, me alegra que te haya gustado.
EC: Hay procesos que vos señalas, como por ejemplo
cómo cambia de ruta el narcotráfico, llegando
al Conosur para alcanzar al Norte. ¿Estos son hipótesis
o responden a investigaciones?
SE: No, hay naturalmente una enorme cantidad de investigación,
y hay esa hipótesis. Ahora, lo que hay de ficcionalización
es amarrar eso con el film de Hitchkock, que
no recuerdo cómo se llama en castellano pero que
en inglés se llama "El Norte por el Sur".
Hay hipótesis en las que efectivamente a veces
la ruta más corta es la ruta más larga,
eso es factible. Roberto Ampuero, un novelista chileno
que ha escrito Nuestros años verde olivo y una serie de novelas también políticas,
dijo que lo interesante de esto es que esta novela nace
de una especulación plausible. Todo es plausible.
EC: Todas las variables, incluso las que van cayendo en el
camino son plausibles...
SE: Claro. Ahora, volviendo al tema anterior, una de las cosas
que le preocupa al narrador, volviendo a lo de los EE.UU.
como el eje del mal, y que le preocupa y lo tortura en
cierto modo, es la posibilidad de que su amigo Bobby haya
sido agente de la CIA, y eso le molesta, no lo aceptaría,
hasta ahí llegaría su lealtad, la lealtad
con un muerto, ¿no?, esta cosa de la gran amistad.
Periódicamente se lo pregunta y cada vez que constata
que no era agente de la CIA, es para él un gran
alivio. En ese sentido, ahí está esta sutileza
entre el americano que marcha con Martin Luther King y
el americano de la CIA que es el mal, ¿no?
EC: Esa pregunta la iba a dejar para el final, una pregunta
un poco juguetona... El recorrido que hacen los dos personajes,
tanto Bobby como el protagonista, es un recorrido que
si uno lee la solapa del libro es bastante parecido al
tuyo. ¿Con cuál de los dos personajes te
identificás más?
SE: Bueno, (se ríe) es una novela. Deliberadamente,
cosa que no tiene ninguna importancia dado el éxito
de la novela —que ha tenido muchos lectores— no se conoce
nada de mi vida personal, pero el narrador es el que más
se parece a mí, el que vive en mi misma ciudad,
está casado con una mujer que tiene el mismo nombre
que mi esposa, tiene hijos que tiene los mismos nombres
que tienen mis hijos, tiene una Cátedra en la Universidad
de California que es donde yo tengo mi Cátedra,
etc., etc., etc.... pero hay ciertos aspectos de Bobby
también con los cuales yo me identifico.
EC: ¿Cuál
fue tu recorrido político desde el setenta hasta
que te convertiste en profesional? Te lo pregunto por
la solidez y verosimilitud de la maduración política
del protagonista y de su concepción del mundo.
SE: Es una maduración no extraña, más
bien es bastante común en gente de mi generación.
Yo soy muy joven como para haber participado en los actos
de los años '68, obviamente que no vivía
en París, pero hubo '68s en todas partes del mundo
incluyendo Santiago de Chile que es la capital más
alejada de todas. Pero teniendo quince años me
identificaba con esa posición política y
en la Universidad fui dirigente de izquierda y fui partidario
del Dr. Allende y de su gobierno, y por tanto, perseguido.
Tampoco fui protagonista, por tanto no fui ni exilado
ni apresado ni torturado, pero estaba en listas que no
llegaron por suerte a mi nivel en la dictadura. Y desde
entonces, he ido evolucionando en una persona progresista,
se puede ver en la internet, contribuí el máximo
legal a la campaña de Obama, el ciclo anterior
el máximo legal a la campaña de Kerry, por
lo tanto una persona progresista, pero muy claramente
amante de la libertad, básicamente es lo que ha
pasado con muchos integrantes de mi generación,
y sobre todo una gran decepción con Cuba. Hice
averiguaciones con un grupo de amigos, éramos muy
jóvenes, diecisiete años teníamos,
para ir a cortar cañas en el año setenta
en la gran zafra de las diez mil toneladas, lo cual, para
muchachos de clase media alta de diecisiete años
hubiera sido una locura... Pero ese era el nivel de compromiso
y, por lo tanto, el nivel de decepción. Es un poco
lo que decíamos antes, ¿no?, cuando Fidel
en el '63, '64 dice, —"Con la Revolución todo,
contra la Revolución nada"—, atacando a Lunes
de Revolución, el suplemento cultural más
lúcido que ha tenido nunca hasta el momento América
Latina, en el cual contribuía Cabrera Infante,
Virgilio Piñera, Reinaldo Arenas, Padilla... es
una cosa alucinante, ¿no?
EC: Quiero volver al tema de la novela pero me disparan otras
cosas lo que me decís. En un momento, en una reflexión
que tiene el narrador para con Bobby, dice que su relación
con Chile es una relación de amor-odio. ¿Cuál
es tu relación con Chile?
SE: Es una relación de... bueno, es mi país...
Yo no sé si diría de amor-odio, yo creo
que más bien diría amor-exasperación,
me exaspera un poco. Es un país muy chico, es como
una provincia, muy mirarse el ombligo. Hoy día
las redes que están de moda, con esto del Facebook y la internet y todo, Chile es un país en el que
siempre existieron las redes, pero redes de influencias...
pequeñas, entonces eso a mí me produce una
cierta exasperación. Yo he vivido afuera desde
hace treinta y un años, visitando con mucha frecuencia,
porque mi trabajo académico es América Latina
(Argentina, Chile, etc.)...
EC: Siendo tu trabajo académico América Latina,
¿cómo ves la actualidad de la región?
SE: Veo una permanente búsqueda por encontrar su propia
voz, y es un poco preocupante esta adolescencia que lleva
ya doscientos años. Vamos ya hacia el bicentenario
de la independencia de toda la región. Y una adolescencia
tan larga es un poco preocupante. Y creo que esta búsqueda
va a terminar en una región a dos o tres velocidades:
una América Latina más moderna, la cual
va a incluir a Chile, Costa Rica, posiblemente Brasil,
quizás Uruguay, gran pregunta Argentina; y una
América Latina menos moderna. Ahora, debiera decir
tres velocidades, pues siempre hay una América
Latina muy pobre y muy poco desarrollada, en la cual cae
casi todo Centro América. Pero veo más que
nada una región que trata de encontrar su voz en
esta prolongadísima adolescencia.
EC: ¿Y esta diacronía dentro de la región
en qué afectaría al todo?
SE: Bueno, la pregunta es si acaso, más allá
de un pasado común, una lengua común —cuasi
común, si agregamos a los brasileros—, y conquistadores
comunes, si acaso Latinoamérica como una entidad
va a seguir existiendo. Ahora, dentro del punto de vista
más práctico, a la expansión del
Mercosur o de cualquier otro proyecto integracionista
le veo muy poca posibilidad, justamente por estas distintas
velocidades, distintas maneras de relacionarse con respecto
al mundo, hay algunos de los hermanos que verdaderamente
ya están creciendo, están llegando a ser
adultos y enfrentando al mundo en forma adulta y no van
a querer quedarse para siempre en el desorden que significa
una adolescencia permanente, ¿no?
EC: ¿Cómo ves la relación de EE.UU. con
esta América emergente?
SE: Bueno, EE.UU, tiene escasísimo, si es que algún
interés, por América Latina. No lo tienen
ahora, no lo ha tenido prácticamente nunca. La
última vez que hubo un interés verdadero
fue en el año '61, con la Alianza para el progreso.
En el año '62 EE.UU. dio asistencia económica
en dólares de ese momento más de la que
da hoy en día, y estamos hablando de hace cuarenta
y pico de años; en dólares de ese momento,
que en dólares de hoy sería una cosa extraordinaria.
Y es una falta de interés muy clara. Ni la señora
Clinton, ni el senador Obama tenían el particular
interés o conocimiento en la región. De
hecho, el senador Obama no tienen ni la menor idea...
estuvo en Puerto Rico con las primarias y creo que había
ido de vacaciones una vez a República dominicana.
El senador Mc Cain nación en Panamá, no
se si ustedes sabían pero nació en el Canal,
pero más allá de eso no tiene tampoco interés
por la región, por tanto hay una falta de interés
muy seria y para mí eso es muy preocupante.
EC: Volviendo a la novela. El protagonista, en su derrotero
por averiguar qué pasó con su compañero
y amigo, da una gira por casi todo el mundo. Todos los
lugares que visita están descriptos no sólo
de manera muy verosímil sino casi con una vivencialidad
que da la sensación de que vos los hubieses visitado
todos. ¿Estuviste en todos ellos o fue parte de
tu habilidad como narrador?
SE: He estado en todos excepto en Cuba, nunca he estado en
Cuba. En este deliberado juego de los grises, mi prueba
definitiva de que es novela y no es realidad es que yo
no he estado nunca en Cuba (risas). Pero sí he
estado en todos los otros lugares. En Buenos Aires muchísimas
veces, en Suiza dicto un curso año por medio desde
hace doce años, etc., etc.,...
EC: En este juego donde Marulanda trata de probar que Bobby
fue agente de la CIA... ¿existió en algún
momento la intención de crear la fantasía
en el lector sobre si vos sos o no un agente de la CIA?
SE: ¿Yo como autor o como alter ego del narrador?
EC: Vos como autor.
SE: No, eso no se me había pasado por la mente.
EC: Te lo digo porque toda esta verosimilitud de todas las
situaciones me hicieron recordar a las buenas novelas
de John Le Carré en su momento...
SE: Pero sabes que es interesante lo que me dices porque en
la reflexión de si es o no agente de la CIA, el
narrador en algún momento al referirse a Bobby,
dice que era académico, su especialidad era América
Latina, y eso le daba la libertad de viajar por el mundo
haciendo preguntas impertinentes y tomando nota diciendo
'Es para mi próximo libro'. Y el hecho de que yo
sea académico y pasee por algunos lugares haciendo
preguntas, ahora que tú me lo mencionas, pues es
posible que la gente lo piense (risas)... Pero no, no
se me había ocurrido.
EC: En algún momento leyendo la novela pensé
'Está jugueteando a ver si nosotros se lo preguntamos'...
SE: Ehhh... parte del esfuerzo en armar la novela, en todo
ese episodio, es teniendo la conciencia de que para ciertos
lectores, la posibilidad de que Bobby hubiera sido agente
de la CIA lo iba a transformar en un personaje antipático,
y yo no quería que Boby fuera un personaje antipático,
que fuera un personaje quizás arrogante, complejo,
¿no?, pero al final no antipático. Y por
tanto esa posibilidad que cada vez que releía y
revisaba se me colaba como la manera más fácil
de enfrentar un problema de ese tipo es enfrentarlo tomando
el toro por las astas, y que se desarrolle la discusión
de manera que finalmente todo el mundo quede convencido
con que no era agente de la CIA. El personaje tiene ciertas
cosas que no a todo el mundo le van a gustar, si uno tiene
que hacer un balance, a mí me interesaba que la
mayoría de los lectores a la hora de hacer un balance
de Boby dijeran 'Es un tipo interesante y no es antipático'.
A mí por ejemplo mi hermana, que no la leyó
hasta que salió publicada, me llamó y me
dijo '¿Cuánto es verdad y cuánto
es mentira?', yo le dije 'Bueno, eso lo tienes que decidir
tú'. Y ella me dijo 'Porque si es verdad, no te
voy a perdonar nunca que no me presentaste a Bobby, porque
con él me hubiera querido casar' (risas). Entonces,
por lo menos para mi hermana, salió como un personaje
simpático. La otra cosa que traté de hacer,
siendo ya un hombre grande, es que fuera una novela ni
pedante ni erudita...
EC: No es una novela solemne, por lo menos...
SE: Porque para mí hubiera sido muy fácil escribir
una novela erudita. Quise deliberadamente que no lo fuera.
No sé si lo he conseguido...
EC: Este es tu primer trabajo de ficción, sos columnista
en una cantidad de medios de América Latina, de
EE.UU. y de España, y sos académico, o sea
que calculo que también tendrás trabajos
teóricos... ¿Cómo manejás
todos esos registros, esos otros registros enriquecieron
tu prosa narrativa?
SE: Bueno, vamos por partes. Hay muchas preguntas dentro de
esa pregunta. Voy a contestar una que no preguntaste.
Mucha gente se ha sorprendido de que mi primer esfuerzo
sea una novela de trescientos setenta y pico de páginas,
en vez de una colección de cuentos o una nouvelle,
a mí nunca me cupo duda de que iba a ser una novela
grande, que tuviera caudal, eso fue lo que yo quise hacer.
Ahora, ¿por qué? Entre otras cosas creo
que a mí no me atraen demasiado los cuentos, es
más difícil, al contrario de lo que piensa
mucha gente. Ahora sí volviendo a tu pregunta,
hay una diferencia esencial entre escribir ficción
y escribir trabajos académicos, especialmente monografías,
los trabajos académicos especialmente en mi disciplina,
y en casi todas las disciplinas de la ciencias sociales,
son básicamente lineales en su estructura, uno
anuncia cuál es el problema, la pregunta, uno después
dice qué han dicho los otros sobre esa pregunta,
luego dice por qué lo que los otros han dicho es
insuficiente, explica qué es lo que uno va a hacer,
—eso puede ser o muy teórico o poco teórico,
puede tener ecuaciones o no—, después uno muestra
lo que hizo y finalmente, si no es un arrogante, dice
'Estos son los cabos sueltos que yo he dejado para la
próxima generación'. Y es muy lineal y muy
fácil de escribir. La literatura naturalmente no
es lineal, no puede ser lineal, por eso creo yo que es
muy importante lo que decía Joseph Brodsky, en
ese ensayo un poquito pomposo de Venecia que tiene, en
el que dice que lo que hace una narrativa que sea buena
no es la historia en sí sino qué sigue a
qué, cómo uno la cuenta, y eso es lo que
para mí fue lo más difícil. Porque
obviamente una vez que uno cuenta la historia en un café
con amigos, todo el mundo dice, '¡qué divertido!',
'¡qué interesante!', ¿no?, pero ¿cómo
uno lo cuenta? Eso fue para mí lo más difícil.
Y ahí escribir columnas me ayudó mucho,
porque la columna tiene dos aspectos que son muy útiles,
por lo menos para mí, uno es que no son lineales,
en general hay que empezar por el final, porque tienes
tres o cuatro líneas para perder o capturar al
lector, porque hay equis periódicos, y siete veces
equis columnas, y todo el mundo está ocupado...
Entonces, eso para mí fue muy útil porque
me dio el oficio, pues la tendencia de un académico
economista es escribir en forma lineal y de repente estoy
empezando a escribir de otra manera. Y lo otro es que
en una columna, por lo menos en general, un primer borrador
es habitualmente mil palabras, y después hay que
cortarla a ochocientas, setecientas palabras, mil palabras
son tres cartillas y un cuarto a un espacio y medio, tres
cartillas y un cuarto es más o menos un tercio
de un capítulo y si uno los capítulos los
divide en tres partes, son tres columnas por capítulo,
más o menos. Y si uno usa ese plan, cosa, que uno
lo viola sistemáticamente en cada capitulo, pero
el plan en si le da a uno disciplina, y eso me ayudó
mucho...
EC: ¿Sos de lector de ficción?
SE: Sí, mucho, leo mucha ficción. Y si no hubiera
leído todo lo que leí no hubiera podido
escribir...
EC: ¿Seguís la narrativa latinoamericana? ¿Cómo
ves el panorama actual?
SE: Veo gente interesante. Hay una cosa que noto... Aquí
me voy a meter en problemas, es que es una pregunta difícil...
Creo que en la literatura en español en general,
incluyendo a los españoles, hay una falta de trabajo
a fondo del editor, no en el sentido de Alfaguara, casa
editora, sino en el sentido sajón, el tipo que
corta... Digamos, el ejemplo que yo doy, y juego un poco
con esas líneas en la novela, es el del famoso
poeta británico Philip Larkin, que tiene esa línea
tan famosa que dice They fuck you up, your mum and
dad. Dicen que la palabra era otra y que el editor
le cambió y le puso "fuck" que es una
palabra fuertísima. Fue un cambio del editor que
transforma una línea en un poema de un gran poeta
británico, transforma lo que era una línea
normal, en una línea muy poderosa. Eso lo hace
el editor.
EC: ¿Estás trabajando en algún nuevo
proyecto?
SE: Sí, estoy trabajando en algo que creo que va a
ser más corto, aunque nunca se sabe, y va a ser
también un poco más introspectivo y estoy
escribiendo en tercera, que a mí por lo menos me
resulta más difícil.
EC: Bueno, quedamos a la espera, entonces...
[1]
Tania era el nombre clave de una espía reclutada
por el servicio secreto cubano, adiestrada como agente
de la revolución e infiltrada en los estratos altos
de poder en Bolivia. [
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