evaristo cultural
revista virtual de arte y literatura
número 2
 
Indice
* Portada/ Staff
* Editorial
* Entrevista a Juan Villoro
Enamorado del control, enamorado del extravío
*

Entrevista a Sebastián Edwards
El señor de las Tanias

* Entrevista a Gabriel Reches
El corrosivo encanto de la lucidez
* Entrevista a Fernando Quiroz
Escribir sobre Escrivá...
* Rodolfo Walsh
Literatura, periodismo y militancia
por Christian Lourido
*

Susana Thénon
Extranjera en su propia tierra
por Laura Mazzocchi

* Tips ganadores para que te digan que sí
por Federico Navarro
* Pescado Rabioso
por Sergio Marcial
* Serengueti
por Roxana Artal
* Entre Discos
por Nicolás Prior
* La casa de Dostoievsky
por Jorge Edwards
* La propiedad privada y el destino universal de los bienes
por Juan Pablo II
* Intersticial
por Roxana Artal
* La risa de Foucault
por Rafael Cippolini
* La columna del reptil anarquista
por Marcelo Da Cunha
* Con todo respeto
por Osvaldo Gallone
* Hors Champ
por Mario Levin
* Los pasos perdidos
por Mauricio Rongvaux
* Cajón desastre
por Amalia Sato
* Al pie de las letras
por Luis Adrián Vives
* Reseñas

[ Entrevista ]

Sebastián Edwards
El señor de las Tanias
por Damián Blas Vives

La bebida será dry martinis, pero en contraposición con el espía creado por Ian Fleming e inmortalizado por Sean Connery, la solicitud al barman de los protagonistas de El misterio de las Tanias será que fuera stirred, not shaken, tal como los bebía Somerset Maugham. Porque en definitiva, los protagonistas de esta novela sobre los servicios secretos cubanos, el dinero perdido de los montoneros, el destino del grupo de agentes clandestinas encubiertas llamado Las Tanias y la fuerza de una verdadera amistad, son académicos, no espías.


Me encuentro con Sebastián Edwards durante las primeras horas de la tarde de un día fresco pero pegajoso, como sólo el Río de la Plata puede generar. Me aguarda en el piso 14 del edificio de oficinas del grupo Alfaguara-Santillana y yo llego sin visualizar muy bien cuál será el resultado de la conversación con un economista, profesor de Economía Internacional, especialista en el tema del desarrollo económico en latinoamérica y autor de una de las novelas mejor narradas a las que tuve acceso en los últimos tiempos, pues hasta ese momento y desde mi proverbial ignorancia, su especialidad y la buena literatura eran fuerzas opuestas.

 

Evaristo Cultural: ¿Cómo nace la idea de esta novela? El texto analiza los últimos treinta años de historia latinoamericana de manera muy lúcida. Los caminos de la política, del narcotráfico, los distintos rumbos económicos, son sopesados desde las variables de una paranoia lúcida también, salvo que respondan a una investigación muy profunda...

Sebastián Edwards: Bueno, la pregunta tiene dos respuestas, se lo puede tomar desde distintos ángulos. Uno es cómo nace la idea de que un economista relativamente conocido decida hacer una novela; y otro es cómo nace, una vez habiéndolo decidido, esta novela y no otra. Hablemos de la segunda, que creo que es lo que tú preguntabas.
Pues nace del hecho de unir los puntos entre los dos misterios esenciales, desde mi punto de vista, en la política latinoamericana de los últimos treinta años. Uno es este acertijo de por qué sólo una Tania [1], cuando la lógica indica que si hubo una debiera haber más, como ocurre con los cuatro de Cambridge, los famosos espías soviéticos en Gran Bretaña, que eran cuatro, o cinco, o quizás seis, y uno va sumando y siguiendo... Ese es un misterio. El otro es qué pasó con el dinero de los montoneros. Lo que decidí entonces, es armar una novela que amarre estos dos misterios, pero al mismo tiempo que no sólo sea una novela de espías, sino que sea el relato de una gran amistad, de un amor imposible y de una traición que puede haber sucedido como no.
La escribo cuando ya soy un hombre grande, y por tanto, una persona que ha leído mucho, que habiendo querido escribirla en el pasado, nunca me había animado porque no me sentía capaz, y por tanto asumo, ya como hombre grande, que lo que quiero hacer es una novela limpia, en el sentido de que la narrativa sea, como vos dijiste, lúcida, sin tratar de recurrir a ninguna pirotecnia ni a ningún experimento, reconociendo que es una primera novela y que quiero que avance, que se mueva.

 

EC: ¿Dónde tenés tu residencia ahora?

SE: En California.

 

EC: Te pregunto esto porque el escenario latinoamericano de la novela, que por una cuestión histórica se centra en los primeros '70, es muy parecido al escenario latinoamericano actual, de hecho muchas de tus descripciones podrían ser asimilables a la Latinoamérica de hoy, no sólo de Argentina, Venezuela, Bolivia... Esto por un lado, por otro, el misterio de las Tanias, o sea, la posibilidad de que haya otras mujeres infiltradas en focos de poder, es muy seductora cuando en el continente comienzan a aparecer dirigentes femeninos en diferentes países... ¿Tuviste alguna crítica por todo esto?

SE: Hubo una reacción política un poco negativa de ciertos grupos muy pequeños, pero yo creo que más que nada porque los dos personajes principales —el narrador, cuyo nombre nunca conocemos, y su gran amigo, el asesinado Roberto Stevenson —Bobby— se ríen, dentro de toda la tragedia y de la censura y de Fidel terminando con nueva revolución y todo eso, se ríen un poco de Cuba. Y ha habido un grupo muy pequeño diría yo en América Latina al que eso le ha molestado mucho...

 

EC: Yo recuerdo una vez que vino Castoriadis de visita al país, dio una conferencia en la Universidad de Sociología, y un alumno le preguntó qué opinaba él de la situación en Cuba; Castoriadis dijo que prefería no hablar de eso. Le insisten y, cuando él responde realmente lo que pensaba, hubo un levantamiento en la Universidad, se golpearon sillas...

SE: Sólo a eso iba, pero no ha habido una crisis en el sentido de que se esté insinuando que nuestras dirigentes puedan ser...

 

EC: No, no, no, dije lo de las dirigentas pero también está este efecto revival de los setenta, o sea, en nuestro país se reinstalaron términos como "los montoneros", por ejemplo... "Los montoneros" fueron una idea que se dejó de utilizar políticamente durante más de quince años y de repente es un término reactualizado... Vale decir, en el recambio político toda esa generación es la que gobierna ahora.

SE: Así es, y eso es verdad no sólo en la Argentina sino que naturalmente en Chile desde hace muchos años. En Bolivia nunca estuvieron en el poder, pero están ahora muy remosados en el Perú de Alan García, en el Ecuador de Rafael Correa, en Venezuela...

 

EC: Por eso te digo si todavía no tuviste ninguna respuesta negativa... O sea, hay una fantasía, en toda Latinoamérica, donde EE.UU. representa nuestro eje del mal...

SE: No, yo creo que el mismo grupo pro cubano también... cierto malestar en que esta es una novela... que siendo política... (8.23) no es cien por ciento crítica, o no es crítica de los EE.UU. De hecho, el personaje principal, cuando sus amigos en los '70 lo increpan por no vibrar con el manual de Economía política de Marta Harnecker, que fue mi profesora, —yo a Marta la conozco mucho, ella me enseñó a mí marxismo en la Universidad de Chile—, cuando lo critican él contesta 'No me critiquen a mí que me marché con los negros que me apalearon y me jugué la vida por los negros en los EE.UU.'. Entonces, eso que demuestra o que sugiere que también hay en los EE.UU. gente decente, en el sentido político, también ha molestado a algunas personas, pero yo te diría que es la minoría. La novela fue un gran éxito de ventas en Chile que es donde primero salió. Rápidamente se agotó, ya van cuatro emisiones y estuvo veintinueve semanas en la lista de super ventas...

 

EC: Bueno, espero que acá sea un éxito también porque realmente es muy muy buena la novela...

SE: Qué bueno, me alegra que te haya gustado.

 

EC: Hay procesos que vos señalas, como por ejemplo cómo cambia de ruta el narcotráfico, llegando al Conosur para alcanzar al Norte. ¿Estos son hipótesis o responden a investigaciones?

SE: No, hay naturalmente una enorme cantidad de investigación, y hay esa hipótesis. Ahora, lo que hay de ficcionalización es amarrar eso con el film de Hitchkock, que no recuerdo cómo se llama en castellano pero que en inglés se llama "El Norte por el Sur". Hay hipótesis en las que efectivamente a veces la ruta más corta es la ruta más larga, eso es factible. Roberto Ampuero, un novelista chileno que ha escrito Nuestros años verde olivo y una serie de novelas también políticas, dijo que lo interesante de esto es que esta novela nace de una especulación plausible. Todo es plausible.

 

EC: Todas las variables, incluso las que van cayendo en el camino son plausibles...

SE: Claro. Ahora, volviendo al tema anterior, una de las cosas que le preocupa al narrador, volviendo a lo de los EE.UU. como el eje del mal, y que le preocupa y lo tortura en cierto modo, es la posibilidad de que su amigo Bobby haya sido agente de la CIA, y eso le molesta, no lo aceptaría, hasta ahí llegaría su lealtad, la lealtad con un muerto, ¿no?, esta cosa de la gran amistad. Periódicamente se lo pregunta y cada vez que constata que no era agente de la CIA, es para él un gran alivio. En ese sentido, ahí está esta sutileza entre el americano que marcha con Martin Luther King y el americano de la CIA que es el mal, ¿no?

 

EC: Esa pregunta la iba a dejar para el final, una pregunta un poco juguetona... El recorrido que hacen los dos personajes, tanto Bobby como el protagonista, es un recorrido que si uno lee la solapa del libro es bastante parecido al tuyo. ¿Con cuál de los dos personajes te identificás más?

SE: Bueno, (se ríe) es una novela. Deliberadamente, cosa que no tiene ninguna importancia dado el éxito de la novela —que ha tenido muchos lectores— no se conoce nada de mi vida personal, pero el narrador es el que más se parece a mí, el que vive en mi misma ciudad, está casado con una mujer que tiene el mismo nombre que mi esposa, tiene hijos que tiene los mismos nombres que tienen mis hijos, tiene una Cátedra en la Universidad de California que es donde yo tengo mi Cátedra, etc., etc., etc.... pero hay ciertos aspectos de Bobby también con los cuales yo me identifico.

 

EC: ¿Cuál fue tu recorrido político desde el setenta hasta que te convertiste en profesional? Te lo pregunto por la solidez y verosimilitud de la maduración política del protagonista y de su concepción del mundo.

SE: Es una maduración no extraña, más bien es bastante común en gente de mi generación. Yo soy muy joven como para haber participado en los actos de los años '68, obviamente que no vivía en París, pero hubo '68s en todas partes del mundo incluyendo Santiago de Chile que es la capital más alejada de todas. Pero teniendo quince años me identificaba con esa posición política y en la Universidad fui dirigente de izquierda y fui partidario del Dr. Allende y de su gobierno, y por tanto, perseguido. Tampoco fui protagonista, por tanto no fui ni exilado ni apresado ni torturado, pero estaba en listas que no llegaron por suerte a mi nivel en la dictadura. Y desde entonces, he ido evolucionando en una persona progresista, se puede ver en la internet, contribuí el máximo legal a la campaña de Obama, el ciclo anterior el máximo legal a la campaña de Kerry, por lo tanto una persona progresista, pero muy claramente amante de la libertad, básicamente es lo que ha pasado con muchos integrantes de mi generación, y sobre todo una gran decepción con Cuba. Hice averiguaciones con un grupo de amigos, éramos muy jóvenes, diecisiete años teníamos, para ir a cortar cañas en el año setenta en la gran zafra de las diez mil toneladas, lo cual, para muchachos de clase media alta de diecisiete años hubiera sido una locura... Pero ese era el nivel de compromiso y, por lo tanto, el nivel de decepción. Es un poco lo que decíamos antes, ¿no?, cuando Fidel en el '63, '64 dice, —"Con la Revolución todo, contra la Revolución nada"—, atacando a Lunes de Revolución, el suplemento cultural más lúcido que ha tenido nunca hasta el momento América Latina, en el cual contribuía Cabrera Infante, Virgilio Piñera, Reinaldo Arenas, Padilla... es una cosa alucinante, ¿no?

 

EC: Quiero volver al tema de la novela pero me disparan otras cosas lo que me decís. En un momento, en una reflexión que tiene el narrador para con Bobby, dice que su relación con Chile es una relación de amor-odio. ¿Cuál es tu relación con Chile?

SE: Es una relación de... bueno, es mi país... Yo no sé si diría de amor-odio, yo creo que más bien diría amor-exasperación, me exaspera un poco. Es un país muy chico, es como una provincia, muy mirarse el ombligo. Hoy día las redes que están de moda, con esto del Facebook y la internet y todo, Chile es un país en el que siempre existieron las redes, pero redes de influencias... pequeñas, entonces eso a mí me produce una cierta exasperación. Yo he vivido afuera desde hace treinta y un años, visitando con mucha frecuencia, porque mi trabajo académico es América Latina (Argentina, Chile, etc.)...

 

EC: Siendo tu trabajo académico América Latina, ¿cómo ves la actualidad de la región?

SE: Veo una permanente búsqueda por encontrar su propia voz, y es un poco preocupante esta adolescencia que lleva ya doscientos años. Vamos ya hacia el bicentenario de la independencia de toda la región. Y una adolescencia tan larga es un poco preocupante. Y creo que esta búsqueda va a terminar en una región a dos o tres velocidades: una América Latina más moderna, la cual va a incluir a Chile, Costa Rica, posiblemente Brasil, quizás Uruguay, gran pregunta Argentina; y una América Latina menos moderna. Ahora, debiera decir tres velocidades, pues siempre hay una América Latina muy pobre y muy poco desarrollada, en la cual cae casi todo Centro América. Pero veo más que nada una región que trata de encontrar su voz en esta prolongadísima adolescencia.

 

EC: ¿Y esta diacronía dentro de la región en qué afectaría al todo?

SE: Bueno, la pregunta es si acaso, más allá de un pasado común, una lengua común —cuasi común, si agregamos a los brasileros—, y conquistadores comunes, si acaso Latinoamérica como una entidad va a seguir existiendo. Ahora, dentro del punto de vista más práctico, a la expansión del Mercosur o de cualquier otro proyecto integracionista le veo muy poca posibilidad, justamente por estas distintas velocidades, distintas maneras de relacionarse con respecto al mundo, hay algunos de los hermanos que verdaderamente ya están creciendo, están llegando a ser adultos y enfrentando al mundo en forma adulta y no van a querer quedarse para siempre en el desorden que significa una adolescencia permanente, ¿no?

 

EC: ¿Cómo ves la relación de EE.UU. con esta América emergente?

SE: Bueno, EE.UU, tiene escasísimo, si es que algún interés, por América Latina. No lo tienen ahora, no lo ha tenido prácticamente nunca. La última vez que hubo un interés verdadero fue en el año '61, con la Alianza para el progreso. En el año '62 EE.UU. dio asistencia económica en dólares de ese momento más de la que da hoy en día, y estamos hablando de hace cuarenta y pico de años; en dólares de ese momento, que en dólares de hoy sería una cosa extraordinaria. Y es una falta de interés muy clara. Ni la señora Clinton, ni el senador Obama tenían el particular interés o conocimiento en la región. De hecho, el senador Obama no tienen ni la menor idea... estuvo en Puerto Rico con las primarias y creo que había ido de vacaciones una vez a República dominicana. El senador Mc Cain nación en Panamá, no se si ustedes sabían pero nació en el Canal, pero más allá de eso no tiene tampoco interés por la región, por tanto hay una falta de interés muy seria y para mí eso es muy preocupante.

 

EC: Volviendo a la novela. El protagonista, en su derrotero por averiguar qué pasó con su compañero y amigo, da una gira por casi todo el mundo. Todos los lugares que visita están descriptos no sólo de manera muy verosímil sino casi con una vivencialidad que da la sensación de que vos los hubieses visitado todos. ¿Estuviste en todos ellos o fue parte de tu habilidad como narrador?

SE: He estado en todos excepto en Cuba, nunca he estado en Cuba. En este deliberado juego de los grises, mi prueba definitiva de que es novela y no es realidad es que yo no he estado nunca en Cuba (risas). Pero sí he estado en todos los otros lugares. En Buenos Aires muchísimas veces, en Suiza dicto un curso año por medio desde hace doce años, etc., etc.,...

 

EC: En este juego donde Marulanda trata de probar que Bobby fue agente de la CIA... ¿existió en algún momento la intención de crear la fantasía en el lector sobre si vos sos o no un agente de la CIA?

SE: ¿Yo como autor o como alter ego del narrador?

 

EC: Vos como autor.

SE: No, eso no se me había pasado por la mente.

 

EC: Te lo digo porque toda esta verosimilitud de todas las situaciones me hicieron recordar a las buenas novelas de John Le Carré en su momento...

SE: Pero sabes que es interesante lo que me dices porque en la reflexión de si es o no agente de la CIA, el narrador en algún momento al referirse a Bobby, dice que era académico, su especialidad era América Latina, y eso le daba la libertad de viajar por el mundo haciendo preguntas impertinentes y tomando nota diciendo 'Es para mi próximo libro'. Y el hecho de que yo sea académico y pasee por algunos lugares haciendo preguntas, ahora que tú me lo mencionas, pues es posible que la gente lo piense (risas)... Pero no, no se me había ocurrido.

 

EC: En algún momento leyendo la novela pensé 'Está jugueteando a ver si nosotros se lo preguntamos'...

SE: Ehhh... parte del esfuerzo en armar la novela, en todo ese episodio, es teniendo la conciencia de que para ciertos lectores, la posibilidad de que Bobby hubiera sido agente de la CIA lo iba a transformar en un personaje antipático, y yo no quería que Boby fuera un personaje antipático, que fuera un personaje quizás arrogante, complejo, ¿no?, pero al final no antipático. Y por tanto esa posibilidad que cada vez que releía y revisaba se me colaba como la manera más fácil de enfrentar un problema de ese tipo es enfrentarlo tomando el toro por las astas, y que se desarrolle la discusión de manera que finalmente todo el mundo quede convencido con que no era agente de la CIA. El personaje tiene ciertas cosas que no a todo el mundo le van a gustar, si uno tiene que hacer un balance, a mí me interesaba que la mayoría de los lectores a la hora de hacer un balance de Boby dijeran 'Es un tipo interesante y no es antipático'. A mí por ejemplo mi hermana, que no la leyó hasta que salió publicada, me llamó y me dijo '¿Cuánto es verdad y cuánto es mentira?', yo le dije 'Bueno, eso lo tienes que decidir tú'. Y ella me dijo 'Porque si es verdad, no te voy a perdonar nunca que no me presentaste a Bobby, porque con él me hubiera querido casar' (risas). Entonces, por lo menos para mi hermana, salió como un personaje simpático. La otra cosa que traté de hacer, siendo ya un hombre grande, es que fuera una novela ni pedante ni erudita...

 

EC: No es una novela solemne, por lo menos...

SE: Porque para mí hubiera sido muy fácil escribir una novela erudita. Quise deliberadamente que no lo fuera. No sé si lo he conseguido...

 

EC: Este es tu primer trabajo de ficción, sos columnista en una cantidad de medios de América Latina, de EE.UU. y de España, y sos académico, o sea que calculo que también tendrás trabajos teóricos... ¿Cómo manejás todos esos registros, esos otros registros enriquecieron tu prosa narrativa?

SE: Bueno, vamos por partes. Hay muchas preguntas dentro de esa pregunta. Voy a contestar una que no preguntaste. Mucha gente se ha sorprendido de que mi primer esfuerzo sea una novela de trescientos setenta y pico de páginas, en vez de una colección de cuentos o una nouvelle, a mí nunca me cupo duda de que iba a ser una novela grande, que tuviera caudal, eso fue lo que yo quise hacer. Ahora, ¿por qué? Entre otras cosas creo que a mí no me atraen demasiado los cuentos, es más difícil, al contrario de lo que piensa mucha gente. Ahora sí volviendo a tu pregunta, hay una diferencia esencial entre escribir ficción y escribir trabajos académicos, especialmente monografías, los trabajos académicos especialmente en mi disciplina, y en casi todas las disciplinas de la ciencias sociales, son básicamente lineales en su estructura, uno anuncia cuál es el problema, la pregunta, uno después dice qué han dicho los otros sobre esa pregunta, luego dice por qué lo que los otros han dicho es insuficiente, explica qué es lo que uno va a hacer, —eso puede ser o muy teórico o poco teórico, puede tener ecuaciones o no—, después uno muestra lo que hizo y finalmente, si no es un arrogante, dice 'Estos son los cabos sueltos que yo he dejado para la próxima generación'. Y es muy lineal y muy fácil de escribir. La literatura naturalmente no es lineal, no puede ser lineal, por eso creo yo que es muy importante lo que decía Joseph Brodsky, en ese ensayo un poquito pomposo de Venecia que tiene, en el que dice que lo que hace una narrativa que sea buena no es la historia en sí sino qué sigue a qué, cómo uno la cuenta, y eso es lo que para mí fue lo más difícil. Porque obviamente una vez que uno cuenta la historia en un café con amigos, todo el mundo dice, '¡qué divertido!', '¡qué interesante!', ¿no?, pero ¿cómo uno lo cuenta? Eso fue para mí lo más difícil. Y ahí escribir columnas me ayudó mucho, porque la columna tiene dos aspectos que son muy útiles, por lo menos para mí, uno es que no son lineales, en general hay que empezar por el final, porque tienes tres o cuatro líneas para perder o capturar al lector, porque hay equis periódicos, y siete veces equis columnas, y todo el mundo está ocupado... Entonces, eso para mí fue muy útil porque me dio el oficio, pues la tendencia de un académico economista es escribir en forma lineal y de repente estoy empezando a escribir de otra manera. Y lo otro es que en una columna, por lo menos en general, un primer borrador es habitualmente mil palabras, y después hay que cortarla a ochocientas, setecientas palabras, mil palabras son tres cartillas y un cuarto a un espacio y medio, tres cartillas y un cuarto es más o menos un tercio de un capítulo y si uno los capítulos los divide en tres partes, son tres columnas por capítulo, más o menos. Y si uno usa ese plan, cosa, que uno lo viola sistemáticamente en cada capitulo, pero el plan en si le da a uno disciplina, y eso me ayudó mucho...

 

EC: ¿Sos de lector de ficción?

SE: Sí, mucho, leo mucha ficción. Y si no hubiera leído todo lo que leí no hubiera podido escribir...

 

EC: ¿Seguís la narrativa latinoamericana? ¿Cómo ves el panorama actual?

SE: Veo gente interesante. Hay una cosa que noto... Aquí me voy a meter en problemas, es que es una pregunta difícil... Creo que en la literatura en español en general, incluyendo a los españoles, hay una falta de trabajo a fondo del editor, no en el sentido de Alfaguara, casa editora, sino en el sentido sajón, el tipo que corta... Digamos, el ejemplo que yo doy, y juego un poco con esas líneas en la novela, es el del famoso poeta británico Philip Larkin, que tiene esa línea tan famosa que dice They fuck you up, your mum and dad. Dicen que la palabra era otra y que el editor le cambió y le puso "fuck" que es una palabra fuertísima. Fue un cambio del editor que transforma una línea en un poema de un gran poeta británico, transforma lo que era una línea normal, en una línea muy poderosa. Eso lo hace el editor.

 

EC: ¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?

SE: Sí, estoy trabajando en algo que creo que va a ser más corto, aunque nunca se sabe, y va a ser también un poco más introspectivo y estoy escribiendo en tercera, que a mí por lo menos me resulta más difícil.

 

EC: Bueno, quedamos a la espera, entonces...

 


[1] Tania era el nombre clave de una espía reclutada por el servicio secreto cubano, adiestrada como agente de la revolución e infiltrada en los estratos altos de poder en Bolivia. [ volver ]


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