Tormenta
sobre Washington
Otto
Preminger es uno de los directores de cine de Hollywood
que pasa por ser —y lo es— un conservador. "Tormenta
sobre Washington" no sólo es un film realizado
por un conservador, republicano, sino que además
podría tomarse como un pequeño tratado sobre
lo que es la derecha en uno de los centros más
fuertes del Imperio Americano.
Una oposición simple que permite entender a qué
me refiero con la derecha americana, consiste en no olvidar
que mientras la izquierda habla en nombre de los excluidos
(en nuestro país también lo hace el peronismo)
y ubica allí todos los males, la derecha ausculta
las grietas y cómo sofocarlas de su sistema cerrado.
Esto es lo que Preminger hace en Hollywood cuando retrata
Washington (el lugar donde viven los políticos
y sus mujeres), haciendo del senado de los Estados Unidos
el escenario de "Advise and Consent". El punto
de partida muestra un momento álgido de ese país,
porque el presidente padece un enfermedad terminal y acaba
de nombrar a un ministro de relaciones exteriores a quien
considera capaz de seguir su política. Le toca
a la cámara de senadores refrendar o no ese deseo
del presidente.
La trama es ingeniosa e impredecible, y los personajes
están claramente delimitados, de acuerdo al habitual
desparpajo de Hollywood; esto no quita que con cada uno
de ellos recorramos el diapasón práctico-moral,
que mezcla al eficiente político con el detritus
humano que exhala junto a sus compañeros congresistas.
No faltan, junto a los veteranos, dos jóvenes y
pujantes políticos: a uno, el presidente incorruptible de la comisión que investiga al postulante- lo
empujan al suicidio por una aventura gay mantenida en
el Pacífico durante alguna guerra; al otro, los
veteranos del senado terminan echándolo cuando
no entiende que —al final— ha llegado el momento de esconder
la mierda bajo la alfombra. Castigan el arribismo.
El candidato (Henry Fonda) del presidente, no será
aceptado pues miente ante la comisión del senado
sobre un juvenil pasado comunista durante la universidad.
(Importa menos que haya sido comunista que el hecho de
que haya mentido).
Notemos que en los tres casos lo que se castiga es a tres
jóvenes, y entre los tres, Preminger arma el "pato
de la boda" necesario para que el sistema siga funcionando.
Bonus:
el discurso griego de Charles Laughton (jefe desde siempre
de la bancada republicana), cuando da las razones explicando
por qué no quiere aceptar al secretario propuesto
por el presidente. La derecha no quiere a alguien que
no supone de antemano que si va a encontrarse con el enemigo
(el comunismo en este caso), no es para otra cosa que
para aniquilarlo. No confía en los pactos, la paz
americana es la paz romana. Laughton no excluye que su
edad tenga algo que ver con su posición, pero eso
no es importante. Compara el discurso de la derecha con
una melodía a la que siente un apego personal,
casi orgánico. Otra cosa es la mueca en el rostro
del odio, cuando se nos hace sospechar que Laughton pistoneó
la extorsión por homosexualidad que condujo al
suicidio del joven senador. Su manera de despreciarse
a sí mismo no pasa por el mundo de las ideas (que
son siempre las mismas), sino por la cocina repugnante
que es el senado de Estados Unidos como espejo del mundo.
Generalidades: el hombre, para el cine, cuando
una película roza la perfección, es una
figuras retorcida cuyos pliegues y giros son el esfuerzo
para mantenerse vivo allí, donde lo puso el destino,
y esto, en "Tormenta sobre Washington", los
personajes lo saben mejor que nadie.
Coda: el efecto multiplicador, (hacen falta tres
para que alguien pague los platos rotos), resta importancia
a que alguien muera o que el macartismo sea criminal,
si con eso se logra que el mundo continúe tal como
está.
Para recortar: Laughton bajando del tranvía para
dirigirse al senado, su lugar de trabajo. |