evaristo cultural
revista virtual de arte y literatura
número 3
 
Indice
* Portada / Staff
* Editorial
* Entrevista a Antonio Orlando Rodríguez
En la isla de Liliput
*

Entrevista a Antonio Lozano
Thomas Sankara, el "Che Guevara" negro

* Entrevista a Gabriela Massuh
Intemperie por partida doble
* Entrevista a Daniel Sorín
El proyecto Huemul o ¿El nuevo traje del rey?
* Entrevista a Sealtiel Alatriste
Una de fantasmas enamorados
* Rodolfo Walsh
Literatura, periodismo y militancia (segunda parte)
por Christian Lourido
* La pasión del párpado
por Laura Mazzocchi
* Actualidad literaria. La ley de alquileres
por Enrique Wernicke
* El señor Tao
por Sergio Pángaro
* Entrevista a Marcos Franciosi
por Bruno Gallo
* Ver a: Eric Rohmer
por Germán Kijel
* Entre Discos
por Nicolás Prior
* Nadar de noche
por Juan Forn
* O-Yoné y Ko-Haru
por Wenceslao de Moraes
* Intersticial
por Roxana Artal
* Tan rápido como puedas, total tengo todo el tiempo para mí
por Rafael Cippolini
* Con todo respeto
por Osvaldo Gallone
* Hors-cadre
por Mario Levin
* El elogio como forma
por Mauricio Rongvaux
* De sastre
por Amalia Sato
* Al pie de las letras
por Luis Adrián Vives
* Reseñas
Hors-cadre
por Mario Levin

Tormenta sobre Washington

Otto Preminger es uno de los directores de cine de Hollywood que pasa por ser —y lo es— un conservador. "Tormenta sobre Washington" no sólo es un film realizado por un conservador, republicano, sino que además podría tomarse como un pequeño tratado sobre lo que es la derecha en uno de los centros más fuertes del Imperio Americano.
Una oposición simple que permite entender a qué me refiero con la derecha americana, consiste en no olvidar que mientras la izquierda habla en nombre de los excluidos (en nuestro país también lo hace el peronismo) y ubica allí todos los males, la derecha ausculta las grietas y cómo sofocarlas de su sistema cerrado. Esto es lo que Preminger hace en Hollywood cuando retrata Washington (el lugar donde viven los políticos y sus mujeres), haciendo del senado de los Estados Unidos el escenario de "Advise and Consent". El punto de partida muestra un momento álgido de ese país, porque el presidente padece un enfermedad terminal y acaba de nombrar a un ministro de relaciones exteriores a quien considera capaz de seguir su política. Le toca a la cámara de senadores refrendar o no ese deseo del presidente.
La trama es ingeniosa e impredecible, y los personajes están claramente delimitados, de acuerdo al habitual desparpajo de Hollywood; esto no quita que con cada uno de ellos recorramos el diapasón práctico-moral, que mezcla al eficiente político con el detritus humano que exhala junto a sus compañeros congresistas.
No faltan, junto a los veteranos, dos jóvenes y pujantes políticos: a uno, el presidente incorruptible de la comisión que investiga al postulante- lo empujan al suicidio por una aventura gay mantenida en el Pacífico durante alguna guerra; al otro, los veteranos del senado terminan echándolo cuando no entiende que —al final— ha llegado el momento de esconder la mierda bajo la alfombra. Castigan el arribismo.
El candidato (Henry Fonda) del presidente, no será aceptado pues miente ante la comisión del senado sobre un juvenil pasado comunista durante la universidad. (Importa menos que haya sido comunista que el hecho de que haya mentido).
Notemos que en los tres casos lo que se castiga es a tres jóvenes, y entre los tres, Preminger arma el "pato de la boda" necesario para que el sistema siga funcionando.

Bonus: el discurso griego de Charles Laughton (jefe desde siempre de la bancada republicana), cuando da las razones explicando por qué no quiere aceptar al secretario propuesto por el presidente. La derecha no quiere a alguien que no supone de antemano que si va a encontrarse con el enemigo (el comunismo en este caso), no es para otra cosa que para aniquilarlo. No confía en los pactos, la paz americana es la paz romana. Laughton no excluye que su edad tenga algo que ver con su posición, pero eso no es importante. Compara el discurso de la derecha con una melodía a la que siente un apego personal, casi orgánico. Otra cosa es la mueca en el rostro del odio, cuando se nos hace sospechar que Laughton pistoneó la extorsión por homosexualidad que condujo al suicidio del joven senador. Su manera de despreciarse a sí mismo no pasa por el mundo de las ideas (que son siempre las mismas), sino por la cocina repugnante que es el senado de Estados Unidos como espejo del mundo.
Generalidades: el hombre, para el cine, cuando una película roza la perfección, es una figuras retorcida cuyos pliegues y giros son el esfuerzo para mantenerse vivo allí, donde lo puso el destino, y esto, en "Tormenta sobre Washington", los personajes lo saben mejor que nadie.
Coda: el efecto multiplicador, (hacen falta tres para que alguien pague los platos rotos), resta importancia a que alguien muera o que el macartismo sea criminal, si con eso se logra que el mundo continúe tal como está.
Para recortar: Laughton bajando del tranvía para dirigirse al senado, su lugar de trabajo.


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