evaristo cultural
revista virtual de arte y literatura
número 3
 
Indice
* Portada / Staff
* Editorial
* Entrevista a Antonio Orlando Rodríguez
En la isla de Liliput
*

Entrevista a Antonio Lozano
Thomas Sankara, el "Che Guevara" negro

* Entrevista a Gabriela Massuh
Intemperie por partida doble
* Entrevista a Daniel Sorín
El proyecto Huemul o ¿El nuevo traje del rey?
* Entrevista a Sealtiel Alatriste
Una de fantasmas enamorados
* Rodolfo Walsh
Literatura, periodismo y militancia (segunda parte)
por Christian Lourido
* La pasión del párpado
por Laura Mazzocchi
* Actualidad literaria. La ley de alquileres
por Enrique Wernicke
* El señor Tao
por Sergio Pángaro
* Entrevista a Marcos Franciosi
por Bruno Gallo
* Ver a: Eric Rohmer
por Germán Kijel
* Entre Discos
por Nicolás Prior
* Nadar de noche
por Juan Forn
* O-Yoné y Ko-Haru
por Wenceslao de Moraes
* Intersticial
por Roxana Artal
* Tan rápido como puedas, total tengo todo el tiempo para mí
por Rafael Cippolini
* Con todo respeto
por Osvaldo Gallone
* Hors-cadre
por Mario Levin
* El elogio como forma
por Mauricio Rongvaux
* De sastre
por Amalia Sato
* Al pie de las letras
por Luis Adrián Vives
* Reseñas
Al pie de las letras
por Luis Adrián Vives

La higuera - lo estático y lo estético

"La democracia es gris..." Así se inicia la nota, y al costado, a la izquierda, está la foto de cuerpo entero de una mujer vestida al tono; al fondo se ve una puerta interior cerrada y un placar gris, también cerrado. Toda la imagen es gris, como la higuera de Juana y, entonces, el recuerdo de esos versos... "Porque es áspera y fea, porque todas sus ramas son grises, yo le tengo piedad a la higuera...".
La ensayista intenta transmitir su interpretación sobre aspectos de la realidad política, mediante una entrevista tan extensa como superficial.
Comenzó respondiendo sobre el conflicto entre el gobierno y el campo y, sin dudarlo, con la más absoluta seguridad, expresó con relación al voto de Cobos: "... En términos políticos —no me interesan los psicológicos y en este caso tampoco los morales porque creo que no había nada de moral en el debate— el debate con el campo no tenía ninguna dimensión ética ni de conciencia, y quien piense eso es un ingenuo". Léase boludo, pienso, y me doy por aludido.
"Recuerdo que, en aquella semana santa del '87, cuando el periodismo en plena sublevación militar le preguntó a un ex teniente coronel, si no pensaba que se podía estar equivocando en lo que estaba haciendo; éste respondió con soberbia: "la duda es la jactancia de los intelectuales". Pues bien, queda claro que Beatriz Sarlo no tiene dudas; acumula certezas.
Sobre el voto del vicepresidente dice que "Nadie en el gobierno había trabajado sobre Cobos para que ese voto fuera positivo" —y agrega— "Me había llamado la atención esa ausencia absoluta de un trabajo del gobierno sobre el vicepresidente, aun en el caso de que el gobierno pensara que iba a ganar por sus propios votos en el Senado. Quedó absolutamente solo, como una canica suelta".
Por una parte tiene la más absoluta certeza sobre la inexistencia de un hecho que —según ella— debería haber existido. Asegura que no ocurrió algo que podría haber ocurrido y que, lo propone como un trabajo del gobierno sobre Cobos.
Si es difícil demostrar los hechos que suceden; cuánto más difícil resultaría determinar, con seguridad, que algo que está afuera de nuestra esfera de conocimiento, nunca sucedió —más aún cuando en este caso un Juez federal le estaría pidiendo al vicepresidente que diga si se sintió presionado por funcionarios del gobierno para evitar que votara como finalmente votó— ahora, si se está refiriendo a una oportunidad, antes perdida, de haber hecho un trabajo sobre Cobos; quizá debería considerar, aunque más no sea como posibilidad o hipótesis, que a lo mejor al gobierno no se le ocurrió pensar que el vicepresidente pudiera llegar a votar en contra de un proyecto político del Ejecutivo. Ya hablaremos de esto —de la aparente especulación política de un vicepresidente, que está tirando redes—.
Sarlo Utiliza una expresión: "Núcleo de acuerdo" y, entonces, viene a mi memoria aquel famoso "Núcleo de Coincidencias Básicas", celebrado como acuerdo entre Menem y Alfonsín. De eso también hay que hablar y vamos a hacerlo.
Cuando hace referencia al "relato épico" en democracia, ya después de haber expresado su juicio sobre... "... torpezas inadmisibles que este gobierno comete en términos institucionales y republicanos"; estaría haciendo una implícita referencia al nivel de calidad institucional que el gobierno le estaría imprimiendo, de manera deficitaria, a su gestión política. Pero sólo lo plantea como defecto de algo estático —relativo al equilibrio de las fuerzas—, sin detenerse a profundizar y ver que, si hablamos de calidad institucional, necesariamente, debemos tomar como punto de referencia, primero, la recuperación de la Democracia y, recién después, podríamos observar con mayor objetividad la transición hacia la estabilidad institucional que, podría ser más o menos prolongada, según el grado de gobernabilidad democrática —esto es, del nivel de gobernabilidad institucional y social— que lleguemos a alcanzar.
Esta transición recién culminaría con la satisfacción de los objetivos constitucionales, entre los cuales se destacan el de afianzar la justicia y el de promover el bienestar general. Estos dos objetivos sumados al de asegurar los beneficios de la libertad, conforman el trípode sobre el cual se apoyaría la Democracia, según se expresó con claridad al inicio de su recuperación —hace ya veinticinco años—. De esto también vamos a hablar, relacionándolo con el conflicto entre el gobierno y el campo, y con el voto de un vicepresidente, que nos habría hecho retroceder varios casilleros en la peregrinación hacia la estabilidad que todos merecemos conocer, antes de partir.
En otro pasaje de la entrevista, Sarlo nos habla de "creencias" con relación a la construcción política, y de la "mala fe"; yo prefiero tomar este concepto y darlo vuelta, para hablar de la "buena fe" indispensable en la interpretación de la realidad y de las reglas, enmarcadas dentro de un contexto político e institucional determinado y, esto no tiene nada que ver con la "excepcionalidad" que señala la ensayista. Por ello, también vamos a hablar de la interpretación del artículo de la Constitución que permitió, a Julio Cobos, votar en contra de un proyecto del Poder Ejecutivo.
Pero sigamos viendo las ramas grises; importa ver hasta donde llegan.
Promediando la entrevista, el periodista de La Nación deja de preguntar y acompaña con sus propias reflexiones, el razonamiento de la entrevistada sobre la política oficial en materia de Derechos Humanos. Beatriz Sarlo, si bien reconoce la gestión de gobierno en este tema, también critica a Néstor Kirchner mediante una caricatura de lo estético: "... cuando se sentía una especie de héroe que llegaba por primera vez a la costa y desembarcaba y plantaba la cruz de los derechos humanos, algo totalmente descabellado en un país donde Alfonsín, en condiciones terribles de inestabilidad, había decidido el procesamiento de las juntas militares". Plantearlo en estos términos, más allá de la ironía, reflejaría en principio que, la señora Sarlo quizás ignore el funcionamiento de las instituciones de la Democracia, o niegue la división de los poderes. Alfonsín no podía decidir procesar a nadie. En todo caso pudo propiciar la anulación de la ley de auto-amnistía dictada por el gobierno militar y, poner "en manos de la justicia la importante tarea de evitar la impunidad de los culpables" —como él mismo aseguró—. Además aclaró que, la justicia tendría los medios necesarios para evitar que sean considerados en pie de igualdad, quienes decidieron la forma adoptada en la lucha contra la subversión, quienes obedecieron órdenes y quienes se excedieron en su cumplimiento. Esto, por una parte; pero también habría que examinar todo lo ocurrido desde que el Dr. Alfonsín gana las elecciones, en adelante, hasta que se sancionan las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida; leyes que anteceden a los indultos otorgados por su sucesor. No voy a caer en el lugar común de criticar al Dr. Alfonsín por ambas leyes de impunidad; pero sí me voy a preguntar y a preguntarle a la señora Sarlo —que tiene tanta facilidad para emitir sus juicios críticos— ¿por qué el Presidente Alfonsín le ofrece la presidencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación al Dr. Italo Argentino Luder, cuando se anunciaba el juicio a las juntas militares? La señora sabe, como sabemos todos los que hemos cruzado la barrera de los cincuenta años de edad, que el Dr. Luder, en ejercicio de la presidencia de la Nación, firmó los tres decretos del '75 los que, en armonía, habilitaron a las Fuerzas Armadas, al personal policial y penitenciario, mediante el Consejo de Seguridad Interna y el Consejo de Defensa, a encarar la ejecución de las operaciones militares y de seguridad que fueran necesarias a los efectos de "aniquilar" el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio del país.
Teniendo en cuenta esa realidad, ¿Cuál sería la finalidad de ponerlo, justo a Luder, a presidir la Corte que debería resolver, en última instancia, sobre todas y cada una de las causas relacionadas con la represión de la década del '70?
Luder era un brillante político y jurista que eligió un término en lugar de otros; optó por "aniquilar" —esto es: reducir a la nada, destruir o arruinar enteramente; deteriorar mucho alguna cosa, como la salud o la hacienda— ¿Cuál de estos sería el verdadero significado de la expresión ¿Cuál el alcance del término "aniquilar"?, elegido en un escenario político violento, en el que se reclamaba perseguir a los elementos subversivos y "matarlos como a ratas". ¿No se convocó de esa manera al flautista de Hamelin? Entonces, ¿Cuál fue la apuesta de Alfonsín al ofrecerle la Corte a Luder? Yo sí tengo dudas y confieso envidiar, un poco, a quien no las tienen pero, Pienso que si el Dr. Luder hubiera aceptado la propuesta de Alfonsín, en lugar de rechazarla, quizás la señora Sarlo no hubiera tenido la oportunidad de sentirse un poco orgullosa, como sugiere, por el juicio a las Juntas, porque tal vez ese juicio hubiera abortado, quizás se hubiera fracasado en el intento; posiblemente el resultado hubiera sido otro. Nunca lo sabremos.
Insisto, permítanme dudar. En diciembre del '84, la Corte debió pronunciarse sobre la validez constitucional de la ley que reformó el Código de Justicia Militar y sobre la competencia de la Cámara Federal que, finalmente juzgó a los comandantes. Quiero decir con esto que, una Corte integrada de otra manera, y presidida por otro presidente, tal vez se hubiera pronunciado en un sentido distinto.
Yo creo que a Luder, después de haber firmado aquellos decretos del '75, le hubiera costado mucho tomar una decisión final contra las Fuerzas Armadas. Pero bueno, es mi humilde opinión; pienso que de haber sido así, posiblemente el Radicalismo se hubiera ahorrado el mal trago de tener que impulsar y defender las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida, descargando en Luder el costo político por la impunidad. Pero esta duda no me lleva a dejar de respectar al Dr. Raúl Alfonsín, ni me impide reconocerle el aporte fundamental que, más allá de sus errores y de su entorno, hizo en favor de la Democracia. En mi opinión, el Dr. Alfonsín es un hombre de la Democracia que hizo, por esta, lo que pudo —y pudo un poco más de lo esperado por tantos propios y extraños—.
"... y los peronistas donde huelen sangre...". Así terminó Sarlo la entrevista que mantuvo con La Nación ADN Cultura (año 1 - número 52 - 9 de agosto).
Las reflexiones de la ensayista sobre el peronismo y los peronistas, no merecen comentario alguno de mi parte. Me limito a percibir, con decepción, que la señora exhibe sin pudor la decadencia o, más aún, la decrepitud intelectual de los eternos bastiones de una cultura clásica antipopular.
Posiblemente su metamorfosis no le permita ensayar un análisis más lúcido del proceso institucional. Su percepción de la realidad parecería estar condicionada, tal vez contaminada, por preconceptos que la inducen a saltar a conclusiones de manera reiterada. Su autoestima, su ego y su ironía, serían el pedestal desde donde verifica sus propias certezas y, desde ahí, se inclina a descalificar a sus colegas, en función de sus propias contradicciones, las que ventila como ajenas.
Si La Nación no hubiera dado a conocer la identidad de la entrevistada, y si se hubiera privado de exhibir su imagen, yo hubiera jurado que se trataba de la célebre "Doña Rosa" de Bernardo Neustadt. Pero démosle el beneficio de nuestras dudas; la habrán sorprendido en un mal día y eso se ve en las fotos. Tengámosle piedad, como a la higuera, y vayamos ahora a lo importante, que es todo lo que no dijo Sarlo.
La calidad institucional, tantas veces demandada desde las tribunas políticas, no debería ser perseguida como una finalidad en si misma, sino como un medio previsto por la democracia para poder "promover el bienestar general" y para poder "afianzar la justicia" entendida en su sentido más amplio.
Importa entonces determinar con absoluta precisión ¿qué significa promover el bienestar general? Y, ¿qué significa afianzar la justicia?; porque estos son los objetivos actualmente en discusión y, por lo tanto, habrá que examinarlos minuciosamente.
Se habla con mucha ligereza de la Constitución Nacional, olvidando que al Derecho no se lo arrastra; al Derecho se lo empuja en la dirección de los objetivos fundamentales, enunciados y consagrados en el Preámbulo de la Ley Suprema, los que representan verdaderas directrices inequívocas e ineluctables.
Hoy vemos que después de tanto pregonar y declamar sobre la calidad institucional, ésta reduce la idea de Justicia a la mera "justificación de un voto" y, al bienestar general lo limita a un "estar generalmente bien abastecido" un sector de la sociedad.
Para ser coherentes, deberíamos repensar si mantenemos el preámbulo constitucional tal cual fue redactado; si mantenemos o eliminamos sus "objetivos". Deberíamos ser más claros y decir las cosas como son, porque las cosas son como las hacemos y, las hacemos aparentemente bien (sólo aparentemente).
La Constitución aplicada según los medios pero interpretada en desmedro de sus propios "fines", podrá garantizar seguridad jurídica a sus hacedores destinatarios, pero será siempre insuficiente, será tan sólo aparentemente justa, será una constitución con minúscula de objetivos aparentes. Propongo revisar nuestra Constitución; revisemos los medios si decidimos dejar los objetivos, pero no hagamos más, de ella, un catecismo impracticable.
Veamos ahora un ejemplo claro que demuestra la inconsistencia de los derechos, cuando son separados de los objetivos constitucionales y atados, exclusivamente, a los procedimientos: El voto del Vicepresidente de la Nación definió un tema crucial y puso al gobierno en vilo. Según la Constitución, el Vicepresidente de la Nación es el presidente del Senado pero, sólo vota en caso de empate en la votación (así sucedió). Ahora bien, en caso de ausencia del Vicepresidente, o cuando éste ejerce las funciones de Presidente de la Nación, se nombra un presidente provisorio del Senado, que es quien ocupa su lugar. Esto quiere decir que, en caso de enfermedad de la Señora Presidenta o, en caso de ausencia de la misma, no hubiera podido votar el Vicepresidente, como lo hizo, por haber debido estar en ejercicio de la presidencia de la Nación y, así, el resultado de la votación hubiera sido "otro". Esto último hubiera pasado seguramente, si la Señora Presidenta se hubiera ausentado del país, por la razón que fuera (arts. 57, 58 y 88 de la C.N.), ¿quedarse fue un error de cálculo?; no lo sabemos. Lo cierto es que, ni la Justicia, ni el bienestar general, se pueden garantizar mediante un procedimiento de resultado "aleatorio", que dependa del azar, de un caso fortuito o de la astucia política. Por ello creo que los objetivos consagrados en el Preámbulo, deberían tener prioridad y estar muy por encima de un conjunto de "reglas de juego" que, ni siquiera garantizan la pretendida calidad institucional (en este caso tan reclamada), interpuesta con la única finalidad de evitar bajar a tierra la proyectada justicia distributiva; muy resistida también por algunos legisladores que olvidaron que hace sesenta y cinco años alguien declaró que, en esta tierra, "los niños eran los únicos privilegiados".
La opción es clara: el Estado conduce la política económica, o sigue en manos de poderes económicos cada vez más concentrados y emparentados con el poder mediático "shampoo de los cerebros".
Si entendemos que los Derechos Humanos (a la alimentación, a la salud, a la educación, a la vivienda, etc.) son esenciales para la Democracia; si los respetamos y los hacemos respetar siempre y en todo lugar; cualquier intervención al Mercado, cualquier medida de gobierno que tenga por objeto ampliar estos derechos o hacerlos efectivos, se justificaría plenamente, si se hace en un marco de razonabilidad y equidad (como así se hizo con la media sanción en Diputados); porque siendo estos derechos "CONSTITUTIVOS" de la Democracia, ignorarlos sería ignorarla, defenderlos sería defenderla y atacarlos sería atacarla, como así lo expresamos oportunamente en el número anterior de Evaristo Cultural.
Pero quiero ser aún más claro; este año cumplimos un cuarto de siglo en democracia. No serán pocos los lectores los que, en razón de la edad, ignoren las aspiraciones, las proyecciones y augurios expresados en aquel escenario inaugural. Veamos juntos qué se dijo entonces:
"... Vamos a luchar por un Estado independiente... el Estado no puede subordinarse a los grupos financieros internacionales, pero tampoco puede subordinarse a los privilegiados locales.
La propiedad privada cumple un papel importante en el desarrollo de los pueblos, pero el Estado no puede ser propiedad privada de los sectores económicamente poderosos.
Las oligarquías tienden siempre a pensar que los dueños de las empresas o del dinero tienen que ser los dueños del Estado. Ya vimos eso una vez más en los últimos años...
... ¿De qué serviría el protagonismo popular, de qué serviría el sufragio, si luego los gobernantes, elegidos a través del voto, se dejaran corromper por los poderosos?...
... El voto es la vía elegida en contra de la posesión monopólica del Estado y del país por parte de los poderes económicos y financieros...
... El sufragio, por definición, constituye un límite para los sectores privilegiados y, como instrumentos de las mayorías, tiende a lograr una mayor justicia distributiva.
...Vamos a establecer definitivamente en la Argentina la democracia que todos los argentinos queremos, dinámica, plena de participación y movilización popular para los grandes objetivos nacionales, en el marco bien definido pero históricamente flexible de nuestra Constitución, que garantiza todos los derechos, todas las libertades, todos los avances sociales y culturales del mundo moderno, a la vez, que asegura la responsabilidad de los gobernantes ante el pueblo a través de los mecanismos jurídicos y políticos de control que la misma Constitución ha previsto, y de la periódica renovación de los poderes mediante el ejercicio del sufragio.
Vamos a vivir en libertad. De eso no quepa duda. Como tampoco debe caber duda de que esa libertad va a servir para construir, para crear, para producir, para trabajar, para reclamar justicia —toda la justicia, la de las leyes comunes y la de las leyes sociales—, para sostener ideas, para organizarse en defensa de los intereses y los derechos legítimos del pueblo todo y de cada sector en particular. En suma, para vivir mejor; porque, como dijimos muchas veces desde la tribuna política, los argentinos hemos aprendido, a la luz de las trágicas experiencias de los años recientes, que la democracia es un valor aún más alto que el de una mera forma de legitimidad del poder, porque con la democracia no sólo se vota, sino que también se come, se educa y se cura...
... Y si al cabo de nuestros mandatos hemos cumplido con aquellos grandes fines del Preámbulo de la Constitución que alguna vez nos hemos permitido recordar de viva voz como ofreciendo a la gran Argentina del futuro nuestra conmovida oración laica de modestos ciudadanos, entonces, como también lo hemos dicho en más de una ocasión, nada tendremos que envidiar a los grandes personajes de nuestra historia pasada, porque esta generación, la nuestra, tan hondamente agitada por las luchas y las frustraciones de este tiempo, habrá merecido de su posteridad el mismo exaltado reconocimiento que hoy sentimos nosotros por quienes supieron fundar y organizar la República"
.
Estos son sólo algunos fragmentos, y la parte final, del Mensaje Presidencial del Dr. Alfonsín a la Honorable Asamblea Legislativa; pronunciado el 10 de Diciembre de 1983.
Queda claro que, la Democracia se inició con un gobierno que hoy es oposición política en ambas Cámaras del Congreso y que, estos políticos, cuando fueron oficialismo destacaban con vehemencia los grandes fines del Preámbulo de la Constitución, reivindicando el objetivo de promover el bienestar general y lograr una mayor justicia distributiva; objetivo éste que no supieron o no pudieron alcanzar en su oportunidad y que, siendo ahora oposición, se empeñaron en frustrar la posibilidad cierta de acercarse al mismo.
Por todo lo expresado, y por algo más, no pienso en una traición, pienso en una trampa, en ex presidentes unidos en triunvirato para consagrar esta nueva figura, la del "COPRESIDENTE"; un obstáculo más, puesto para impedir la distribución del ingreso.
36 votos de un lado y 36 del otro; se igualan en sentido opuesto, se compensan, se neutralizan y licúan. Queda de un lado el Proyecto del Ejecutivo y, del otro lado, el Vice que lo veta en favor de la Sociedad Rural.
El Pueblo reclama Justicia Social, y LA RURAL responde "NEVER IN THE LIFE".
A la Constitución hay que interpretarla de buena fe y con sentido común. Hay artículos que quedaron fuera de contexto porque cuando la modificaron, por el famoso Núcleo de Coincidencias Básicas que acordaron en el "Pacto de Olivos", decidieron a puertas cerradas que, "Eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca", como en la canción de Serrat. El artículo de la Constitución que habilitó el voto de Cobos, es un artículo anacrónico y antiguo; responde a la realidad del siglo XIX. En aquél entonces no se podía prever el actual escenario de partidos que mediante su fortalecimiento, cambió todo el proceso institucional y la articulación del poder político. Recién en el siglo 20 se reconoce la existencia de los "bloques" y se les asigna un papel fundamental. Quiero decir que, no podían a mediados del siglo XIX, imaginar que podía pasar esto; no aclararon nada porque no tenían nada que aclarar. El sentido de responsabilidad era diferente. A nadie se le podía ocurrir que un Vicepresidente pudiera votar en contra de un proyecto del Ejecutivo. Ese artículo, el del desempate, habría que interpretarlo a la luz de otro, el del juicio político al Presidente de la Nación. No hay que olvidar que, el nuestro, es un sistema presidencialista por decisión de los padres de la Constitución, por eso hay que interpretarla desde esa óptica, relacionando cada artículo con otros, para despejar las dudas y establecer su inspiración.
En 1853 se decidió que, si la Cámara de Diputados acusaba al Presidente de la Nación; el Senado cuando lo juzgaba, debía estar presidido por el Presidente de la Corte Suprema y nunca por el Vice de la Nación. La Constitución trataba de evitar la especulación política. El Vice, en ese caso tendría intereses en conflicto ya que, si el Presidente resulta destituido en juicio político, es él quien asumiría la presidencia de la Nación; sería como darle el arma para matarlo políticamente y ocupar luego su lugar. Bueno, aquí sería lo mismo pero, en lugar de matarlo, le estaría causando lesiones graves, ¿o no?...
Si los constituyentes del siglo XIX hubieran pensado en esta posibilidad, seguramente hubieran tomado los mismos recaudos que tomaron para el caso del juicio político al Presidente y se hubieran preocupado en aclarar, con similar criterio que, siendo el proyecto de ley que da lugar a empate, una iniciativa del Poder Ejecutivo, el Vicepresidente vota a favor, o en todo caso, si se le genera algún problema de conciencia porque se acuerda de toda su familia, etc., etc., etc., bueno, se abstiene o da un paso al costado; no puede ir contra el Ejecutivo.
Ahora bien, ¿éste es el único artículo anacrónico y fuera de contexto?
Claro que no; hay otros; lo mismo pasa con la pena de muerte. Por un lado, se le otorgó jerarquía Constitucional al Pacto de San José de Costa Rica. Este pacto se opone a la aplicación de esta pena. Pero por otro lado, se dejaron intactos los artículos de la misma Constitución; el número 18 dice que, queda abolida la "pena de muerte" "por causas políticas", o sea que abriría otras posibilidades y, el 69 expresa que, los legisladores no pueden ser arrestados, excepto en caso de ser sorprendidos in fraganti en la ejecución de algún crimen que merezca "pena de muerte...". Estos artículos son tan viejos y contradictorios como el 57 que se usó para votar a favor de la Rural y en contra del Gobierno; para desestabilizarlo.
En el campo están los mejores hombres de "a caballo". Ellos saben bien cómo montarlos. El Senado sería para ellos, algo así como una gran caballeriza; ahí están los criollos, los pura sangre, los de carrera y algunos percherones. Es más, no sé si seguirá colgado en el Salón de Lectura del Senado, el óleo de Bernaldo de Quirós, "El Patroncito" un joven estanciero posando con sus mascotas, todo un símbolo...
Sin eufemismos: me cago en ciertos "patriarcas" que aprovecharon la independencia política y económica para adueñarse, como clase dominante, de todos los negocios del Virreinato del Río de La Plata, buscando enriquecerse a expensas de los idiotas útiles de entonces y de siempre. Del mismo modo, me cago en los que hoy gritan desde la Sociedad Rural "VIVA LA PATRIA!!!", aclarándonos que la Patria sólo son ellos.
Estos personajes confunden el concepto de Patria con el de "patriarcado" y la idea de patriotas con la de patriarcas.
El patriarcado sería el territorio de jurisdicción de un patriarca y, ser patriarca supone ejercer la autoridad sobre su familia o descendencia, dentro del patriarcado.
La Patria es otra cosa, que no se agota en el campo y tampoco en escarapelas.
La patria nunca se agota; se agotan las provisiones, y renacen los patriotas cuando se agota la paciencia.


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