La higuera - lo estático y lo estético
"La democracia es gris..." Así
se inicia la nota, y al costado, a la izquierda, está
la foto de cuerpo entero de una mujer vestida al tono;
al fondo se ve una puerta interior cerrada y un placar
gris, también cerrado. Toda la imagen es gris,
como la higuera de Juana y, entonces, el recuerdo de esos
versos... "Porque es áspera y fea, porque
todas sus ramas son grises, yo le tengo piedad a la higuera...".
La ensayista intenta transmitir su interpretación
sobre aspectos de la realidad política, mediante
una entrevista tan extensa como superficial.
Comenzó respondiendo sobre el conflicto entre el
gobierno y el campo y, sin dudarlo, con la más
absoluta seguridad, expresó con relación
al voto de Cobos: "... En términos políticos
—no me interesan los psicológicos y en este caso
tampoco los morales porque creo que no había nada
de moral en el debate— el debate con el campo no tenía
ninguna dimensión ética ni de conciencia,
y quien piense eso es un ingenuo". Léase
boludo, pienso, y me doy por aludido.
"Recuerdo que, en aquella semana santa del '87, cuando
el periodismo en plena sublevación militar le preguntó
a un ex teniente coronel, si no pensaba que se podía
estar equivocando en lo que estaba haciendo; éste
respondió con soberbia: "la duda es la jactancia
de los intelectuales". Pues bien, queda claro que
Beatriz Sarlo no tiene dudas; acumula certezas.
Sobre el voto del vicepresidente dice que "Nadie
en el gobierno había trabajado sobre Cobos para
que ese voto fuera positivo" —y agrega— "Me
había llamado la atención esa ausencia absoluta
de un trabajo del gobierno sobre el vicepresidente, aun
en el caso de que el gobierno pensara que iba a ganar
por sus propios votos en el Senado. Quedó absolutamente
solo, como una canica suelta".
Por una parte tiene la más absoluta certeza sobre
la inexistencia de un hecho que —según ella— debería
haber existido. Asegura que no ocurrió algo que
podría haber ocurrido y que, lo propone como un
trabajo del gobierno sobre Cobos.
Si es difícil demostrar los hechos que suceden;
cuánto más difícil resultaría
determinar, con seguridad, que algo que está afuera
de nuestra esfera de conocimiento, nunca sucedió
—más aún cuando en este caso un Juez federal
le estaría pidiendo al vicepresidente que diga
si se sintió presionado por funcionarios del gobierno
para evitar que votara como finalmente votó— ahora,
si se está refiriendo a una oportunidad, antes
perdida, de haber hecho un trabajo sobre Cobos; quizá
debería considerar, aunque más no sea como
posibilidad o hipótesis, que a lo mejor al gobierno
no se le ocurrió pensar que el vicepresidente pudiera
llegar a votar en contra de un proyecto político
del Ejecutivo. Ya hablaremos de esto —de la aparente especulación
política de un vicepresidente, que está
tirando redes—.
Sarlo Utiliza una expresión: "Núcleo
de acuerdo" y, entonces, viene a mi memoria
aquel famoso "Núcleo de Coincidencias Básicas",
celebrado como acuerdo entre Menem y Alfonsín.
De eso también hay que hablar y vamos a hacerlo.
Cuando hace referencia al "relato épico" en democracia, ya después de haber expresado su
juicio sobre... "... torpezas inadmisibles que
este gobierno comete en términos institucionales
y republicanos"; estaría haciendo una
implícita referencia al nivel de calidad institucional
que el gobierno le estaría imprimiendo, de manera
deficitaria, a su gestión política. Pero
sólo lo plantea como defecto de algo estático
—relativo al equilibrio de las fuerzas—, sin detenerse
a profundizar y ver que, si hablamos de calidad institucional,
necesariamente, debemos tomar como punto de referencia,
primero, la recuperación de la Democracia y, recién
después, podríamos observar con mayor objetividad
la transición hacia la estabilidad institucional
que, podría ser más o menos prolongada,
según el grado de gobernabilidad democrática
—esto es, del nivel de gobernabilidad institucional y
social— que lleguemos a alcanzar.
Esta transición recién culminaría
con la satisfacción de los objetivos constitucionales,
entre los cuales se destacan el de afianzar la justicia
y el de promover el bienestar general. Estos dos objetivos
sumados al de asegurar los beneficios de la libertad,
conforman el trípode sobre el cual se apoyaría
la Democracia, según se expresó con claridad
al inicio de su recuperación —hace ya veinticinco
años—. De esto también vamos a hablar, relacionándolo
con el conflicto entre el gobierno y el campo, y con el
voto de un vicepresidente, que nos habría hecho
retroceder varios casilleros en la peregrinación
hacia la estabilidad que todos merecemos conocer, antes
de partir.
En otro pasaje de la entrevista, Sarlo nos habla de "creencias" con relación a la construcción política,
y de la "mala fe"; yo prefiero tomar
este concepto y darlo vuelta, para hablar de la "buena
fe" indispensable en la interpretación de
la realidad y de las reglas, enmarcadas dentro de un contexto
político e institucional determinado y, esto no
tiene nada que ver con la "excepcionalidad" que señala la ensayista. Por ello, también
vamos a hablar de la interpretación del artículo
de la Constitución que permitió, a Julio
Cobos, votar en contra de un proyecto del Poder Ejecutivo.
Pero sigamos viendo las ramas grises; importa ver hasta
donde llegan.
Promediando la entrevista, el periodista de La Nación deja de preguntar y acompaña con sus propias reflexiones,
el razonamiento de la entrevistada sobre la política
oficial en materia de Derechos Humanos. Beatriz Sarlo,
si bien reconoce la gestión de gobierno en este
tema, también critica a Néstor Kirchner
mediante una caricatura de lo estético: "...
cuando se sentía una especie de héroe que
llegaba por primera vez a la costa y desembarcaba y plantaba
la cruz de los derechos humanos, algo totalmente descabellado
en un país donde Alfonsín, en condiciones
terribles de inestabilidad, había decidido el procesamiento
de las juntas militares". Plantearlo en estos
términos, más allá de la ironía,
reflejaría en principio que, la señora Sarlo
quizás ignore el funcionamiento de las instituciones
de la Democracia, o niegue la división de los poderes.
Alfonsín no podía decidir procesar a nadie.
En todo caso pudo propiciar la anulación de la
ley de auto-amnistía dictada por el gobierno militar
y, poner "en manos de la justicia la importante
tarea de evitar la impunidad de los culpables" —como él mismo aseguró—. Además aclaró
que, la justicia tendría los medios necesarios
para evitar que sean considerados en pie de igualdad,
quienes decidieron la forma adoptada en la lucha contra
la subversión, quienes obedecieron órdenes
y quienes se excedieron en su cumplimiento. Esto, por
una parte; pero también habría que examinar
todo lo ocurrido desde que el Dr. Alfonsín gana
las elecciones, en adelante, hasta que se sancionan las
leyes de Punto Final y de Obediencia Debida; leyes que
anteceden a los indultos otorgados por su sucesor. No
voy a caer en el lugar común de criticar al Dr.
Alfonsín por ambas leyes de impunidad; pero sí
me voy a preguntar y a preguntarle a la señora
Sarlo —que tiene tanta facilidad para emitir sus juicios
críticos— ¿por qué el Presidente
Alfonsín le ofrece la presidencia de la Corte Suprema
de Justicia de la Nación al Dr. Italo Argentino
Luder, cuando se anunciaba el juicio a las juntas militares?
La señora sabe, como sabemos todos los que hemos
cruzado la barrera de los cincuenta años de edad,
que el Dr. Luder, en ejercicio de la presidencia de la
Nación, firmó los tres decretos del '75
los que, en armonía, habilitaron a las Fuerzas
Armadas, al personal policial y penitenciario, mediante
el Consejo de Seguridad Interna y el Consejo de Defensa,
a encarar la ejecución de las operaciones militares
y de seguridad que fueran necesarias a los efectos de "aniquilar" el accionar de los elementos
subversivos en todo el territorio del país.
Teniendo en cuenta esa realidad, ¿Cuál sería
la finalidad de ponerlo, justo a Luder, a presidir la
Corte que debería resolver, en última instancia,
sobre todas y cada una de las causas relacionadas con
la represión de la década del '70?
Luder era un brillante político y jurista que eligió
un término en lugar de otros; optó por "aniquilar"
—esto es: reducir a la nada, destruir o arruinar enteramente;
deteriorar mucho alguna cosa, como la salud o la hacienda—
¿Cuál de estos sería el verdadero
significado de la expresión ¿Cuál
el alcance del término "aniquilar"?,
elegido en un escenario político violento, en el
que se reclamaba perseguir a los elementos subversivos
y "matarlos como a ratas". ¿No se convocó
de esa manera al flautista de Hamelin? Entonces, ¿Cuál
fue la apuesta de Alfonsín al ofrecerle la Corte
a Luder? Yo sí tengo dudas y confieso envidiar,
un poco, a quien no las tienen pero, Pienso que si el
Dr. Luder hubiera aceptado la propuesta de Alfonsín,
en lugar de rechazarla, quizás la señora
Sarlo no hubiera tenido la oportunidad de sentirse un
poco orgullosa, como sugiere, por el juicio a las Juntas,
porque tal vez ese juicio hubiera abortado, quizás
se hubiera fracasado en el intento; posiblemente el resultado
hubiera sido otro. Nunca lo sabremos.
Insisto, permítanme dudar. En diciembre del '84,
la Corte debió pronunciarse sobre la validez constitucional
de la ley que reformó el Código de Justicia
Militar y sobre la competencia de la Cámara Federal
que, finalmente juzgó a los comandantes. Quiero
decir con esto que, una Corte integrada de otra manera,
y presidida por otro presidente, tal vez se hubiera pronunciado
en un sentido distinto.
Yo creo que a Luder, después de haber firmado aquellos
decretos del '75, le hubiera costado mucho tomar una decisión
final contra las Fuerzas Armadas. Pero bueno, es mi humilde
opinión; pienso que de haber sido así, posiblemente
el Radicalismo se hubiera ahorrado el mal trago de tener
que impulsar y defender las leyes de Punto Final y de
Obediencia Debida, descargando en Luder el costo político
por la impunidad. Pero esta duda no me lleva a dejar de
respectar al Dr. Raúl Alfonsín, ni me impide
reconocerle el aporte fundamental que, más allá
de sus errores y de su entorno, hizo en favor de la Democracia.
En mi opinión, el Dr. Alfonsín es un hombre
de la Democracia que hizo, por esta, lo que pudo —y pudo
un poco más de lo esperado por tantos propios y
extraños—.
"... y los peronistas donde huelen sangre...".
Así terminó Sarlo la entrevista que mantuvo
con La Nación ADN Cultura (año
1 - número 52 - 9 de agosto).
Las reflexiones de la ensayista sobre el peronismo y los
peronistas, no merecen comentario alguno de mi parte.
Me limito a percibir, con decepción, que la señora
exhibe sin pudor la decadencia o, más aún,
la decrepitud intelectual de los eternos bastiones de
una cultura clásica antipopular.
Posiblemente su metamorfosis no le permita ensayar un
análisis más lúcido del proceso institucional.
Su percepción de la realidad parecería estar
condicionada, tal vez contaminada, por preconceptos que
la inducen a saltar a conclusiones de manera reiterada.
Su autoestima, su ego y su ironía, serían
el pedestal desde donde verifica sus propias certezas
y, desde ahí, se inclina a descalificar a sus colegas,
en función de sus propias contradicciones, las
que ventila como ajenas.
Si La Nación no hubiera dado a conocer
la identidad de la entrevistada, y si se hubiera privado
de exhibir su imagen, yo hubiera jurado que se trataba
de la célebre "Doña Rosa" de Bernardo Neustadt. Pero démosle el beneficio
de nuestras dudas; la habrán sorprendido en un
mal día y eso se ve en las fotos. Tengámosle
piedad, como a la higuera, y vayamos ahora a lo importante,
que es todo lo que no dijo Sarlo.
La calidad institucional, tantas veces demandada desde
las tribunas políticas, no debería ser perseguida
como una finalidad en si misma, sino como un medio previsto
por la democracia para poder "promover el bienestar
general" y para poder "afianzar la justicia"
entendida en su sentido más amplio.
Importa entonces determinar con absoluta precisión
¿qué significa promover el bienestar general?
Y, ¿qué significa afianzar la justicia?;
porque estos son los objetivos actualmente en discusión
y, por lo tanto, habrá que examinarlos minuciosamente.
Se habla con mucha ligereza de la Constitución
Nacional, olvidando que al Derecho no se lo arrastra;
al Derecho se lo empuja en la dirección de los
objetivos fundamentales, enunciados y consagrados en el
Preámbulo de la Ley Suprema, los que representan
verdaderas directrices inequívocas e ineluctables.
Hoy vemos que después de tanto pregonar y declamar
sobre la calidad institucional, ésta reduce la
idea de Justicia a la mera "justificación
de un voto" y, al bienestar general lo limita a un
"estar generalmente bien abastecido" un sector
de la sociedad.
Para ser coherentes, deberíamos repensar si mantenemos
el preámbulo constitucional tal cual fue redactado;
si mantenemos o eliminamos sus "objetivos".
Deberíamos ser más claros y decir las cosas
como son, porque las cosas son como las hacemos y, las
hacemos aparentemente bien (sólo aparentemente).
La Constitución aplicada según los medios
pero interpretada en desmedro de sus propios "fines",
podrá garantizar seguridad jurídica a sus
hacedores destinatarios, pero será siempre insuficiente,
será tan sólo aparentemente justa, será
una constitución con minúscula de objetivos
aparentes. Propongo revisar nuestra Constitución;
revisemos los medios si decidimos dejar los objetivos,
pero no hagamos más, de ella, un catecismo impracticable.
Veamos ahora un ejemplo claro que demuestra la inconsistencia
de los derechos, cuando son separados de los objetivos
constitucionales y atados, exclusivamente, a los procedimientos:
El voto del Vicepresidente de la Nación definió
un tema crucial y puso al gobierno en vilo. Según
la Constitución, el Vicepresidente de la Nación
es el presidente del Senado pero, sólo vota en
caso de empate en la votación (así sucedió).
Ahora bien, en caso de ausencia del Vicepresidente, o
cuando éste ejerce las funciones de Presidente
de la Nación, se nombra un presidente provisorio
del Senado, que es quien ocupa su lugar. Esto quiere decir
que, en caso de enfermedad de la Señora Presidenta
o, en caso de ausencia de la misma, no hubiera podido
votar el Vicepresidente, como lo hizo, por haber debido
estar en ejercicio de la presidencia de la Nación
y, así, el resultado de la votación hubiera
sido "otro". Esto último hubiera pasado
seguramente, si la Señora Presidenta se hubiera
ausentado del país, por la razón que fuera
(arts. 57, 58 y 88 de la C.N.), ¿quedarse fue un
error de cálculo?; no lo sabemos. Lo cierto es
que, ni la Justicia, ni el bienestar general, se pueden
garantizar mediante un procedimiento de resultado "aleatorio",
que dependa del azar, de un caso fortuito o de la astucia
política. Por ello creo que los objetivos consagrados
en el Preámbulo, deberían tener prioridad
y estar muy por encima de un conjunto de "reglas
de juego" que, ni siquiera garantizan la pretendida
calidad institucional (en este caso tan reclamada), interpuesta
con la única finalidad de evitar bajar a tierra
la proyectada justicia distributiva; muy resistida también
por algunos legisladores que olvidaron que hace sesenta
y cinco años alguien declaró que, en esta
tierra, "los niños eran los únicos
privilegiados".
La opción es clara: el Estado conduce la política
económica, o sigue en manos de poderes económicos
cada vez más concentrados y emparentados con el
poder mediático "shampoo de los cerebros".
Si entendemos que los Derechos Humanos (a la alimentación,
a la salud, a la educación, a la vivienda, etc.)
son esenciales para la Democracia; si los respetamos y
los hacemos respetar siempre y en todo lugar; cualquier
intervención al Mercado, cualquier medida de gobierno
que tenga por objeto ampliar estos derechos o hacerlos
efectivos, se justificaría plenamente, si se hace
en un marco de razonabilidad y equidad (como así
se hizo con la media sanción en Diputados); porque
siendo estos derechos "CONSTITUTIVOS" de la
Democracia, ignorarlos sería ignorarla, defenderlos
sería defenderla y atacarlos sería atacarla,
como así lo expresamos oportunamente en el número
anterior de Evaristo Cultural.
Pero quiero ser aún más claro; este año
cumplimos un cuarto de siglo en democracia. No serán
pocos los lectores los que, en razón de la edad,
ignoren las aspiraciones, las proyecciones y augurios
expresados en aquel escenario inaugural. Veamos juntos
qué se dijo entonces:
"... Vamos a luchar por un Estado independiente...
el Estado no puede subordinarse a los grupos financieros
internacionales, pero tampoco puede subordinarse a los
privilegiados locales.
La propiedad privada cumple un papel importante en el
desarrollo de los pueblos, pero el Estado no puede ser
propiedad privada de los sectores económicamente
poderosos.
Las oligarquías tienden siempre a pensar que los
dueños de las empresas o del dinero tienen que
ser los dueños del Estado. Ya vimos eso una vez
más en los últimos años...
... ¿De qué serviría el protagonismo
popular, de qué serviría el sufragio, si
luego los gobernantes, elegidos a través del voto,
se dejaran corromper por los poderosos?...
... El voto es la vía elegida en contra de la posesión
monopólica del Estado y del país por parte
de los poderes económicos y financieros...
... El sufragio, por definición, constituye un
límite para los sectores privilegiados y, como
instrumentos de las mayorías, tiende a lograr una
mayor justicia distributiva.
...Vamos a establecer definitivamente en la Argentina
la democracia que todos los argentinos queremos, dinámica,
plena de participación y movilización popular
para los grandes objetivos nacionales, en el marco bien
definido pero históricamente flexible de nuestra
Constitución, que garantiza todos los derechos,
todas las libertades, todos los avances sociales y culturales
del mundo moderno, a la vez, que asegura la responsabilidad
de los gobernantes ante el pueblo a través de los
mecanismos jurídicos y políticos de control
que la misma Constitución ha previsto, y de la
periódica renovación de los poderes mediante
el ejercicio del sufragio.
Vamos a vivir en libertad. De eso no quepa duda. Como
tampoco debe caber duda de que esa libertad va a servir
para construir, para crear, para producir, para trabajar,
para reclamar justicia —toda la justicia, la de las leyes
comunes y la de las leyes sociales—, para sostener ideas,
para organizarse en defensa de los intereses y los derechos
legítimos del pueblo todo y de cada sector en particular.
En suma, para vivir mejor; porque, como dijimos muchas
veces desde la tribuna política, los argentinos
hemos aprendido, a la luz de las trágicas experiencias
de los años recientes, que la democracia es un
valor aún más alto que el de una mera forma
de legitimidad del poder, porque con la democracia no
sólo se vota, sino que también se come,
se educa y se cura...
... Y si al cabo de nuestros mandatos hemos cumplido con
aquellos grandes fines del Preámbulo de la Constitución
que alguna vez nos hemos permitido recordar de viva voz
como ofreciendo a la gran Argentina del futuro nuestra
conmovida oración laica de modestos ciudadanos,
entonces, como también lo hemos dicho en más
de una ocasión, nada tendremos que envidiar a los
grandes personajes de nuestra historia pasada, porque
esta generación, la nuestra, tan hondamente agitada
por las luchas y las frustraciones de este tiempo, habrá
merecido de su posteridad el mismo exaltado reconocimiento
que hoy sentimos nosotros por quienes supieron fundar
y organizar la República".
Estos son sólo algunos fragmentos, y la parte final,
del Mensaje Presidencial del Dr. Alfonsín a la
Honorable Asamblea Legislativa; pronunciado el 10 de Diciembre
de 1983.
Queda claro que, la Democracia se inició con un
gobierno que hoy es oposición política en
ambas Cámaras del Congreso y que, estos políticos,
cuando fueron oficialismo destacaban con vehemencia los
grandes fines del Preámbulo de la Constitución,
reivindicando el objetivo de promover el bienestar general
y lograr una mayor justicia distributiva; objetivo éste
que no supieron o no pudieron alcanzar en su oportunidad
y que, siendo ahora oposición, se empeñaron
en frustrar la posibilidad cierta de acercarse al mismo.
Por todo lo expresado, y por algo más, no pienso
en una traición, pienso en una trampa, en ex presidentes
unidos en triunvirato para consagrar esta nueva figura,
la del "COPRESIDENTE"; un obstáculo más,
puesto para impedir la distribución del ingreso.
36 votos de un lado y 36 del otro; se igualan en sentido
opuesto, se compensan, se neutralizan y licúan.
Queda de un lado el Proyecto del Ejecutivo y, del otro
lado, el Vice que lo veta en favor de la Sociedad Rural.
El Pueblo reclama Justicia Social, y LA RURAL responde "NEVER IN THE LIFE".
A la Constitución hay que interpretarla de buena
fe y con sentido común. Hay artículos que
quedaron fuera de contexto porque cuando la modificaron,
por el famoso Núcleo de Coincidencias Básicas
que acordaron en el "Pacto de Olivos", decidieron
a puertas cerradas que, "Eso no se dice, eso no se
hace, eso no se toca", como en la canción
de Serrat. El artículo de la Constitución
que habilitó el voto de Cobos, es un artículo
anacrónico y antiguo; responde a la realidad del
siglo XIX. En aquél entonces no se podía
prever el actual escenario de partidos que mediante su
fortalecimiento, cambió todo el proceso institucional
y la articulación del poder político. Recién
en el siglo 20 se reconoce la existencia de los "bloques"
y se les asigna un papel fundamental. Quiero decir que,
no podían a mediados del siglo XIX, imaginar que
podía pasar esto; no aclararon nada porque no tenían
nada que aclarar. El sentido de responsabilidad era diferente.
A nadie se le podía ocurrir que un Vicepresidente
pudiera votar en contra de un proyecto del Ejecutivo.
Ese artículo, el del desempate, habría que
interpretarlo a la luz de otro, el del juicio político
al Presidente de la Nación. No hay que olvidar
que, el nuestro, es un sistema presidencialista por decisión
de los padres de la Constitución, por eso hay que
interpretarla desde esa óptica, relacionando cada
artículo con otros, para despejar las dudas y establecer
su inspiración.
En 1853 se decidió que, si la Cámara de
Diputados acusaba al Presidente de la Nación; el
Senado cuando lo juzgaba, debía estar presidido
por el Presidente de la Corte Suprema y nunca por el Vice
de la Nación. La Constitución trataba de
evitar la especulación política. El Vice,
en ese caso tendría intereses en conflicto ya que,
si el Presidente resulta destituido en juicio político,
es él quien asumiría la presidencia de la
Nación; sería como darle el arma para matarlo
políticamente y ocupar luego su lugar. Bueno, aquí
sería lo mismo pero, en lugar de matarlo, le estaría
causando lesiones graves, ¿o no?...
Si los constituyentes del siglo XIX hubieran pensado en
esta posibilidad, seguramente hubieran tomado los mismos
recaudos que tomaron para el caso del juicio político
al Presidente y se hubieran preocupado en aclarar, con
similar criterio que, siendo el proyecto de ley que da
lugar a empate, una iniciativa del Poder Ejecutivo, el
Vicepresidente vota a favor, o en todo caso, si se le
genera algún problema de conciencia porque se acuerda
de toda su familia, etc., etc., etc., bueno, se abstiene
o da un paso al costado; no puede ir contra el Ejecutivo.
Ahora bien, ¿éste es el único artículo
anacrónico y fuera de contexto?
Claro que no; hay otros; lo mismo pasa con la pena de
muerte. Por un lado, se le otorgó jerarquía
Constitucional al Pacto de San José de Costa Rica.
Este pacto se opone a la aplicación de esta pena.
Pero por otro lado, se dejaron intactos los artículos
de la misma Constitución; el número 18 dice
que, queda abolida la "pena de muerte" "por
causas políticas", o sea que abriría
otras posibilidades y, el 69 expresa que, los legisladores
no pueden ser arrestados, excepto en caso de ser sorprendidos
in fraganti en la ejecución de algún crimen
que merezca "pena de muerte...". Estos artículos
son tan viejos y contradictorios como el 57 que se usó
para votar a favor de la Rural y en contra del Gobierno;
para desestabilizarlo.
En el campo están los mejores hombres de "a
caballo". Ellos saben bien cómo montarlos.
El Senado sería para ellos, algo así como
una gran caballeriza; ahí están los criollos,
los pura sangre, los de carrera y algunos percherones.
Es más, no sé si seguirá colgado
en el Salón de Lectura del Senado, el óleo
de Bernaldo de Quirós, "El Patroncito"
un joven estanciero posando con sus mascotas, todo un
símbolo...
Sin eufemismos: me cago en ciertos "patriarcas"
que aprovecharon la independencia política y económica
para adueñarse, como clase dominante, de todos
los negocios del Virreinato del Río de La Plata,
buscando enriquecerse a expensas de los idiotas útiles
de entonces y de siempre. Del mismo modo, me cago en los
que hoy gritan desde la Sociedad Rural "VIVA LA PATRIA!!!",
aclarándonos que la Patria sólo son ellos.
Estos personajes confunden el concepto de Patria con el
de "patriarcado" y la idea de patriotas con
la de patriarcas.
El patriarcado sería el territorio de jurisdicción
de un patriarca y, ser patriarca supone ejercer la autoridad
sobre su familia o descendencia, dentro del patriarcado.
La Patria es otra cosa, que no se agota en el campo y
tampoco en escarapelas.
La patria nunca se agota; se agotan las provisiones, y
renacen los patriotas cuando se agota la paciencia. |