
Abrir
el ojo parpadeando
A
primera vista, una lectura de Mirándola dormir habla de la relación entre un hombre y una mujer.
Tan simple y primitiva, una lectura que empolvorea con
luz incandescente la sombra de una perversidad. Es que
no se trata de cualquier mujer; se trata de una mujer
voluptuosa, llena de mil voces, habitando la noche de
todos los días: una mujer prostituta.
Y eso, como tal, puede no significar nada. Pero también
puede que sí. A través de la experiencia
formulada con el cuerpo, a través del cuerpo, entre
otros tantos cuerpos, Homero Aridjis logra un palimpsesto
de cuerpos que se encuentran y... un palimpsesto de escrituras.
¿Y dónde queda el cuerpo de lo escrito,
de lo que se escribe? En definitiva, el cuerpo es un ojo
bajo un párpado (o el ojo es una parte del cuerpo
bajo un párpado).
¿Queda meramente en el texto? ¿En la retina
suspendida de un hilo?
Sin embargo, existe una segunda lectura, mucho más
solapada, que habla del tiempo y del (des)encuentro. De
un pasar de instantes que nunca vuelven a ser los mismos.
Claro, no deja de ser otro palimpsesto. Pero "...
por qué sobresaltarse, hay horas para el amor y
horas para irse". Apenas abiertos los ojos,
es necesario preguntarse sobre quién duerme y quién
mira... ¿Es necesario? No es casualidad que los
protagonistas sean más de dos, si contamos al lector
que observa de reojo, que lee y relee tratando de buscar
la primera huella de ese crimen nunca cometido, que el
tiempo es incesante y no tiene límites: "Ahora
en que sólo el ayer es nuestro, y sólo el
ayer está perdido y solo" y un "Mañana
me dirás que el mañana ha pasado".
¿Quién dirá? ¿Quién
dormirá?
"Ay de ti que duermes navegando".
Mover
el ojo
("Adivinando lo que puede ser al otro lado de
tu pulso")
Miremos
ahora a Berenice, la durmiente. Berenice es un nombre
(de origen macedonio) que significa "portadora de
la victoria". ¿Cuál es la victoria
que lleva? Berenice habla mientras duerme. O duerme mientras
habla. "Mira mis ojos, mira mis palabras cuando
hablo". Un ritmo intacto, un ritmo que abre
y cierra en el mismo lugar, la escritura de Aridjis es
cíclica, sus imágenes también. Todo
se mueve constantemente en la lectura, nada queda fijo
en ningún lugar: una mujer prostituta nunca se
queda; un lector termina de leer y abandona (y a veces
vuelve). Así es que la incertidumbre resplandece.
Pero Berenice es portadora de una sabiduría. Y
dice: "Yo bien sé que no perseguiríamos
tanto lo que no podemos encontrar". Pero qué
podríamos encontrar en los ojos de Berenice, en "esa manera de entornar los ojos como si no hubiese
nadie, como si no estuvieses". Lo que es del
amor, lo que en palabras de Octavio Paz es "... el
pulso inconfundible de aquél que tiene necesidad
de decir y que sabe que todo decir es imposible";
el lector adivina lo que puede ser al otro lado del pulso...
La búsqueda de un deseo ineludible, el plus de
lo instintivo. Querer acercarse, cada vez más.
Acerca
del párpado; dialogando con él
("Eres tú misma mirándote bajo
párpados secretos")
Los
párpados son el límite del sueño,
del despertar. Son la barrera entre el todo y la nada.
El mundo visto a través de los párpados.
¿Qué no veríamos sin ellos? A través
de su magia, Homero Aridjis construye un acontecer del
mundo, de las personas. Así las conocemos. Así
nos conocemos, como en un contraponer espejos y vernos
y reconocernos, pero también vernos y no reconocernos.
¿Cómo lo sabríamos? Simplemente bajando
los párpados, dejándose llevar.
Por eso la lectura de Mirándola dormir invita a esa contemplación cuasi pasiva de una
relación amorosa, pero que es un encubrimiento
sutil para contar algo acerca de las pasiones y los miedos
de las personas. Aunque la lectura no deja de ser activa,
porque sus personajes son cuerpos activos que dialogan
y se superponen como palimpsestos. Todo queda en el texto,
con ansiedad de salir (abriendo el párpado.). Y
la portadora de la victoria avanza: "No quisiera
el crecimiento solo, ni los ojos deslumbrados para mí;
le tengo miedo a la realidad del espejismo, a la pedrería
de la visión; a veces añoro milagros que
no maten". Y el hombre responde: "No
te retractes con la luz por haber creído en la
sombra; porque de algún modo te fue necesaria,
te fue sombra".
Y al final el amor primitivo, y al final los meses y el
encuentro, las dos lecturas posibles en juego. "Pero
mira, mírame, estamos casi trastornados, uno en
otro, otro en uno (...) Caramba, mi pequeño señor,
así estuviéramos".
*
Todas las citas fueron tomadas de: Aridjis, Homero, Mirándola
dormir; Fondo de Cultura Económica (Tierra
Firme), México, 1992. |