evaristo cultural
revista virtual de arte y literatura
número 3
 
Indice
* Portada / Staff
* Editorial
* Entrevista a Antonio Orlando Rodríguez
En la isla de Liliput
*

Entrevista a Antonio Lozano
Thomas Sankara, el "Che Guevara" negro

* Entrevista a Gabriela Massuh
Intemperie por partida doble
* Entrevista a Daniel Sorín
El proyecto Huemul o ¿El nuevo traje del rey?
* Entrevista a Sealtiel Alatriste
Una de fantasmas enamorados
* Rodolfo Walsh
Literatura, periodismo y militancia (segunda parte)
por Christian Lourido
* La pasión del párpado
por Laura Mazzocchi
* Actualidad literaria. La ley de alquileres
por Enrique Wernicke
* El señor Tao
por Sergio Pángaro
* Entrevista a Marcos Franciosi
por Bruno Gallo
* Ver a: Eric Rohmer
por Germán Kijel
* Entre Discos
por Nicolás Prior
* Nadar de noche
por Juan Forn
* O-Yoné y Ko-Haru
por Wenceslao de Moraes
* Intersticial
por Roxana Artal
* Tan rápido como puedas, total tengo todo el tiempo para mí
por Rafael Cippolini
* Con todo respeto
por Osvaldo Gallone
* Hors-cadre
por Mario Levin
* El elogio como forma
por Mauricio Rongvaux
* De sastre
por Amalia Sato
* Al pie de las letras
por Luis Adrián Vives
* Reseñas
RESEÑAS
La intemperie
(Gabriela Massuh)
Obras completas
(John William Cooke)
Out
(Natsuo Kirino)
Moriré, pero mi memoria sobrevivirá. Una reflexión personal sobre el sida
(Henning Mankell)
Las leyes de los hombres
(Diego Genini)
Yakusa
(Jerôme Pierrat y Alexandre Sargos)
Heidegger en la tormenta
(Marcel Conche)
Recreaciones
(Yuri Andrujovich)
Tsugumi
(Banana Yoshimoto)
Recuerdos de Gustav Mahler
(Alma Mahler)
Walter Benjamin - Historia de una amistad
(Gershom Scholem)
El día de Oprichnik
(Vladimir Sorokin)

Título: La intemperie
Autor: Gabriela Massuh
Editorial: Interzona

241 páginas

   

Este libro inquieta y atrapa. Según la autora, atrapa de manera más contundente a los lectores más jóvenes. Si quisiera definir el argumento de La intemperie en un párrafo lo más fácil sería decir que se trata de un texto en el que, en forma de diario íntimo, una narradora relata la pérdida amorosa de una pareja lesbiana de muchos años. Pero no le estaría siendo fiel al texto.
La primera novela de Gabriela Massuh, clasificación que figura fuera del texto en su contratapa, es mucho más que eso. Encontramos además de, como bien señaló Ariel Schettini, un diario de la memoria, del reconocimiento de las huellas de la pérdida amorosa de esa pareja, que en el mismo se conjugan mediante fragmentos el ensayo, la poesía, la crónica de la Argentina plena crisis 2001, una reflexión teórica sobre los medios masivos de comunicación y sobre la representación política y artística.
"Llamó Diana desde Berlin."
Con esta frase que disparó en la vida real de la autora la escritura de la novela comienza este diario. Si bien hay un trabajo sobre lo acontecido en la vida real de la autora en esta ficción, es difícil no tomar los hechos como autobiográficos. Muchos de ellos lo son, otros no. Poco importa. Lo que importa es el trabajo sobre el lenguaje, esa prosa por momentos poética y ese trabajo que hay en y hacia la ficción desde los bordes.
La narradora es una exiliada por partida doble: exiliada de la vida de su pareja –proceso cuyas huellas va reconociendo mediante el recuerdo de indicaciones precisas de ese alejamiento– y exiliada de lo público, al encontrarse en un país que parece vivir sin Estado.
Estas experiencias se dan en el contexto de la crisis política e institucional de 2001 en la Argentina. Y la narradora, que gestiona proyectos artísticos, surca, viaja entre los despojos de la política neoliberal y la ola privatizadora de los años 90. Así, por ejemplo, toma la historia de los trazados del ferrocarril: "Con Alice y Andreas queríamos ilustrar el despojo argentino a través de un análisis comparativo de los mapas ferroviarios." (pág. 204)
Y es en esa Argentina donde, a su vez, realiza un recorrido por su propia geografía emocional, personal: su niñez en Tucumán, las vacaciones con Diana en Yacanto, veranos compartidos en Capilla del Monte, Tucumán, San Luis, etc. También el escenario de una ciudad que cambia: cartoneros en San Telmo y Palermo Viejo como la "gentrificación bonsái de la clase media después de la crisis". (pág. 202)
Dentro de este diario íntimo encontramos, también, relatos preciados, perlas, historias como la de Isabel, la de Basilio, la de Cacho y la Porota que parecen salidas de una película de Burman o de Sorín.
Una ficción que toma y trabaja con la realidad, desmenuzándola y literaturizándola. Nombres propios que aparecen, conocidos por el mundillo intelectual argentino: Laclau, Huyssen, Griselda Gambaro, Alan Pauls y muchos más. Y el pudor que esto provoca. ¿Será verdad? Lo verosímil se pega y rebasa nuestra realidad. ¿El mundo será Tlön? No señores, con ustedes, la Argentina.

Agnieszka J. Ptak



Título: Obras completas
Autor: John William Cooke
Compilador: Eduardo Luis Duhalde
Editorial: Colihue

Tomo1: Acción parlamentaria [ 424 páginas ]
Tomo 2: Correspondencia Perón-Cooke [ 672 páginas ]

   

La Correspondencia Perón-Cooke (Colihue [1] 2007) contiene la valiosísima esgrima epistolar que ambos sostuvieran durante los años 1956, 57 y 58. Años extraordinarios, decisivos, heroicos y premonitorios como pocos. Es decir, desde los primeros meses de la dictadura, en los que un Perón derrocado quiere contestar golpe por golpe a "la canalla dictatorial" con Cooke como su representante y heredero, hasta su transformación en un jefe negociador, que ahora necesita de otros voceros, más flexibles a sus propósitos que ese alfil de agudas diagonales que pronto devendrá marxista.
Para ese entonces, 1958, John William ya era una figura extraña, anómala, originalísima en la política nacional. Lo normal desde el advenimiento del peronismo fue que algunos habitantes de la izquierda, cansados de la orfandad proletaria, se mudaran al arrabal peronista. ¡Basta de nostalgia por los sindicatos perdidos!, se dijeron, e iniciaron su viaje hacia el nacionalismo vernáculo.
Rara de entender esta travesía en otros países tan latinos como el nuestro aunque más americanos. Porque en Uruguay, Chile o Bolivia, ser de izquierda incluye las banderas nacionales; no hay contradicción en ese pensamiento. Pero por estas pampas, tal negocio nunca ha sido muy claro.
Ya desde sus primeras letras, próceres como Juan B. Justo, saludaron las tropelías centroamericanas de los Estados Unidos porque el imperialismo llevaba a esa zona hundida en la ciénaga medieval el ardor industrioso del capitalismo. Sostenían que ese capitalismo importado no tenía otra posibilidad que inventar la clase obrera, y con ella inocular el germen del socialismo en la sociedad bárbara. Si tal mecanicismo permitiese alabanzas esotéricas, Justo y sus camaradas bien pudieron haber orado en duros bancos de penitentes, en voz baja pero claramente: Alabado seas, Monroe.
Presos de ese pensamiento, no tenían otra posibilidad que saludar las hazañas que había cumplido Roca y venerar a Sarmiento casi a libro cerrado. Eran tiernos de corazón pero la "barbarie" les causaba terror. A ellos el indio les provocaba dolor de cabeza; inmanejable, no constituía ni siquiera una duda razonable. Mapuches, tobas y aimaras se dibujaban en su razón como una afrenta innecesaria al dios supremo, único e indiscutible del progreso.
Décadas después, con el surgimiento de un nuevo proletariado de cabecitanegras y la pérdida de peso político de las antiguas bases de obreros europeos, lo común fue la migración de activistas desde esa izquierda honorífica y encerrada en sí misma, hacia un peronismo que observaban con envidia y hambre. Un movimiento aluvional y heterogéneo que estaban llamados (y obligados) a conducir.
Pero la historia de John William estuvo hecha a contramano.
Del nacionalismo radical (por el Partido Radical, se entiende), o sea desde un nacionalismo anticlerical, al peronismo en el 43, y de éste al marxismo en el amanecer de los años 60. Claro que lejos de la playa de Codovilla, aunque pegado a la de Fidel, distante, quizás temeroso, quizás interesado en desinteresarse, de la confrontación Pcus-Mao.
La correspondencia entre John William Cooke y el general Perón que presenta Colihue (tiene un primer tomo excelente con su Acción Parlamentaria [2]) es excitante, e inevitable para quien esté interesado en develar el carozo de la izquierda, peronista o no. Porque, si bien parece una exageración atribuir en solitario a Cooke la construcción de la izquierda peronista, fue, de eso no hay dudas, su estrella más fulgurante.
Aunque breve.
Breve y derrotada.
Porque "cada país lleva —como dice Horacio González [3]— el sello de sus triunfos aplastantes contra lo que en cada generación se presenta como el indicio más serio de un cambio. La Argentina lleva lacrada en la monotonía de su cultura política, en la confianza cobarde de suponer que ya están instituidos sus procedimientos, la derrota de Cooke."
La alquimia política es un juego extraordinario, mejor que la mejor mesa de póquer. Sus consecuencias nada lúdicas se miden en un drama donde, como en el póquer, habita la escasez y la opulencia, la esperanza y el desaliento y, a veces, incluso, la misma vida y la misma muerte.
Ya en el estribo, una sugerencia: leamos a Cooke, no para que corrobore nuestros sesudos acertijos sino para entenderlo, a él y a su tiempo. Y también a Juan Perón, aunque éste, opaco, escurridizo, siempre ha sido más difícil de desentrañar.

Daniel Sorín


[1] Con prólogo de Eduardo Luis Duhalde. [ volver ]
[2] Se destaca su imperdible discurso durante el debate sobre el caso La Prensa (pág. 397). [ volver ]
[3] Cooke, de vuelta, Miguel Mazzeo compilador, Ediciones de la Rosa Blindada, 1999 (pág. 7). [ volver ]



Título: Out
Autor: Natsuo Kirino
Traducción: Albert Nolla Cabellos
Editorial: Emecé

551 páginas

   

Emecé nos sorprende gratamente con la primera traducción al castellano de Natsuo Kirino, considerada por la crítica internacional como la reina de la novela negra japonesa.
Con cuatro decenas de títulos en su haber y varios premios encima, la narrativa de Kirino se encuentra lejos del esteticismo de Kawabata, del snobismo frívolo de Murakami y de la melancolía pop de Banana Yoshimoto; es punzante, vigorosa y envolvente, como los neones de la ciudad de Tokio y por momentos torpe y apresurada, como son sus sombras, pero siempre inquietante.
Out conserva cierta desprolijidad inherente al vértigo de su argumento; relata la historia de cuatro mujeres: Masako, Kunino, Yoshie y Yayoi, quienes cediendo en un momento de desesperación, son arrastradas por la espiral de violencia inherente al mundo moderno.
Hastiada de la violencia doméstica, Yayoi estrangula a su marido. Sus tres amigas, cada una de las cuales representante de un arquetipo diferente de la frustración, le ayudan a deshacerse del cadáver repartiendo pedazos del mismo por toda la ciudad. Pero esto es sólo el comienzo...
La policía sospecha del cuarteto pero no cuenta con pruebas contundentes como para mantener un caso; quien sí cuenta con éstas es un oscuro prestamista relacionado con la Yakusa (mafia japonesa). El desquiciado personaje chantajeará a las cuatro amigas convenciéndolas finalmente de trabajar para él haciendo desaparecer otros cadáveres. El modus operandi: haciendo sushi con los mismos.
Punto de encuentro entre Peter Greenaway, Brian de Palma y Almodovar, la prosa de Kirino es un soplo de aire fresco en el panorama literario japonés, tan de moda en estas tierras.

Ángel Alza



Título: Moriré, pero mi memoria sobrevivirá. Una reflexión personal sobre el sida
Autor: Henning Mankell / Prólogo: Desmond Tutu

Apéndices: Anders Wijkman; Hägg-Sjöquist y Bosse Schön
Traducción: Carmen Montes Cano
Editorial: Tusquets

130 páginas

   

Llegamos a una edad en la que, de una manera u otra, no queremos seguir leyendo las memorias de Ana Frank y tan sólo muy de vez en cuando, una de entre todas las tragedias express con que nos bombardean constantemente por la pantalla, toca alguna fibra que continúa sensible.
Cuando este libro cayó en mis manos pensé en derivarlo, en perderlo, en esconderlo. No quería ser el lector morboso a quien detallaran párrafo a párrafo el desolado camino de un cuerpo que se fuera degradando de a poco para perder finalmente contacto con el alma que lo ocupa... y no lo fui. A las tres páginas me di cuenta que no estaba frente a ese tipo de libro. A las diez páginas ya sabía que se trataba de un libro necesario, de una vindicación de la dignidad. Ahora que escribo estas líneas luego de haber finalizado la lectura, puedo afirmar que estamos frente a un libro imprescindible, el argumento definitivo frente a la ignorancia que impide la aprobación de la educación sexual en los colegios secundarios y un texto fundamental para el desarrollo de dicha materia.
Henning Mankell es un brillante narrador, pero ante todo, es un autor honesto, nos habla de su ignorancia, de los primeros recuerdos que tiene de la epidemia del sida (Rock Hudson), del miedo irracional a ser contagiado. Nos habla de sus viajes por África y de la labor que, a pesar de sus temores, desarrolla dentro de la organización de desarrollo internacional Plan Sverige (www.plansverige.org). En su crónica nos cuenta la historia de una niña, Aida, que enfrentará la necesidad de desarrollar precozmente una madurez impuesta por la enfermedad de su madre. No habla del valioso tesoro de esta niña, su planta de mango, a la que protege de su entorno de degradación. Nos relata la historia de Christine, la madre de Aida, portadora del virus; de su lucha por no dejar desamparados a sus hijos, de su esfuerzo por transmitirle a estos, aunque mas no sea, algún recuerdo, su experiencia con la terrible enfermedad que diezma el continente negro y, por sobre todas las cosas, el valor de la dignidad. Mankell nos trae también el relato de su encuentro con Moses, con Gladys y a través de ellos la historia de todo un continente víctima de la codicia de las empresas farmacéuticas.
Como bien dice Mankell en estas páginas, "Los relatos son puentes. Nadie se arrepiente de haber creado un puente...", habría que agregar que una vez levantados, los puentes están para ser cruzados. Sin apelar a golpes bajos ni a sentimentalismos baratos, el autor sueco aviva esas brasitas que aún queman tras el fuego anestesiado y nos convierte en testigos de una realidad espantosa, la nuestra. Porque si hay algo mas terrible que el desarrollo innecesario de esta epidemia en los países tercermundistas, es nuestra indolencia a la hora de intentar evitarlo.

Damián Blas Vives



Título: Las leyes de los hombres
Autor: Diego Genini
Editorial: Argenta

   

El azar y las leyes

Hace algunas horas terminé de leer Las leyes de los hombres, antes de hacerlo supe que escribiría una breve reseña. Entonces pensé: es un policial, todo tiene que resolverse de una vez. Hasta ese momento tenía una idea de lo que podía decir, pero aún no había llegado a las últimas páginas y, es sabido, en los policiales al final se resuelve todo o casi todo. Entonces aproveché cada minuto libre y leí, cuarenta minutos de colectivo (en penumbras y parado): ya faltaba menos.
Sin embargo, confieso, tenía un poco de miedo a terminar la novela. Me explico, tenía miedo a la moralina o a la moraleja y con ninguna de las dos suelo llevarme muy bien. La primera lamentablemente se ha instalado en nuestras vidas y problemas, la segunda en ciertas tendencias de la literatura y del arte en general. Pero ya estaba muy cerca del final y afortunadamente todo parecía indicar que no me desilusionaría.
Diego Genini escribió un policial que complejiza la vieja estructura del género. El movimiento no es vano: ya no se puede hablar de las leyes de los hombres —ni tampoco de las leyes o de los hombres— con metáforas conocidas o facilismos condenatorios.
Las leyes de los hombres es una death storming y las tormentas, como la muerte, no tienen lógica. Una prostituta muere accidentalmente haciendo un striptease, los acusados se encuentran casualmente con sus acusadores... Si una ley rige esta novela es el azar. Nadie tiene una respuesta clara, nadie quiso hacer lo que hizo. La verdad está en otro lado. La verdad en última instancia son los hechos mismos: su espesor y textura. Pero el hombre no los puede reconstruir completamente y entonces dicta sus propias leyes y condena o ejecuta. Al azar le sigue la ley, como producto de los hombres y de una limitación. La ley generaliza y al hacerlo deja las conciencias tranquilas. Él o los que las dictan, al igual que quienes las cumplen, están del lado de la legalidad. Los “otros” son otra cosa: asesinos, prostitutas, locos o raros como Benítez. La ley siempre es el producto de un miedo a lo que podría ser de otra manera y del miedo a conocer a los hombres o las cosas. Es en primera instancia el producto de "esas odiosas personas que prejuzgan a la gente a pesar de solo conocerla en la superficie".
La novela no cae en simplismos acusatorios y soluciones previsibles. Las fronteras entre los "buenos" y los "malos", entre lo casual y lo necesario rozan lo imperceptible.
Muchas más cosas podrían decirse de esta novela, a mí me basta con decir que tiene un gran sentido del humor y que tal vez ésta sea una de sus notas principales. Es el humor que se ríe de los absurdos del hombre y de sus trivialidades. Nietzsche, hace ya unos cuantos años, se reía con frases como esta: "... la amada bestia hombre pierde el buen humor cada vez que piensa bien: ¡se pone 'serio'!. Y 'en donde hay risa y alegría nada vale allí el pensar' —así suena el prejuicio de esta bestia seria en contra de toda 'ciencia alegre'. — ¡Pues bien! ¡Mostremos que es un prejuicio!". Diego Genini acompaña el sentido de estas palabras: esta es una novela joven, que cuestiona los prejuicios y que cuenta como su aliada con la risa que acompaña el pensar.

Mauricio Rongvaux



Título: Yakusa
Autor: Jerôme Pierrat y Alexandre Sargos
Traducción: Miquel Ferrés

Editorial: Océano

219 páginas

   

Habitamos una realidad desgastada, no sólo aquí en Argentina, sino en el mundo entero. La inseguridad más dificil de soportar no es la de la calle sino la jurídica, la institucional; la que hace sentir al ciudadano promedio asediado constantemente por un enemigo sin rostro, desprotegido frente a una realidad que no deja entrever las verdaderas reglas del juego.
Esta sensación, como todas, ha tenido un efecto, una injerencia en la cultura pop. Podemos observar cómo, en los últimos años, se vienen revitalizando elementos narrativos y géneros que estaban en franca retirada. Las figuras del cowboy y del mafioso son de las más destacadas, y ambas comparten una realidad común a pesar de las diferencias. Tanto el cowboy como el mafioso se instalan en un escenario sin reglas. Uno en un pasado prenacional, es decir antes de que el estado administre justicia; el otro en una contemporaneidad supra nacional, en una marginalidad indiferente a reglas que considera ajenas. Ambos personajes se manejan dentro de un sistema simple y complejo a la vez, que reduce el concepto de justicia a la bipolaridad lealtad/traición.
Es en este marco cultural en el que de un tiempo a esta parte el cine de Hollywood o cineastas nipones como Takeshi Kitano o Takashi Miike, han insertado en el imaginario popular el concepto de la yakusa, la mafia japonesa. Sin embargo, dificilmente el lector o espectador promedio pueda marcar alguna diferencia entre Los Soprano y cualquier familia de los "bajos fondos" de Japón; a lo sumo imaginarán a James Gandolfini tristemente vestido de ninja.
El trabajo de Jerôme Pierrat y Alexandre Sargos logra levantar este velo de desconocimiento.
Este relato, que abunda en detalles de fondo y de forma y se lee como si de una novela negra se tratase, está estructurado a partir de entrevistas que los autores mantuvieron tanto con miembros arrepentidos de la yakusa, como con familias en activo.
Cuáles son las distintas familias, cómo están estructuradas y a qué se dedican; cuál es el entrenamiento requerido a cada integrante para formar parte; sus códigos; el sentido de los tatuajes que cubren gran parte del torzo; mitos y realidades de una organización que se transformó con el tiempo en uno de los más pintorescos arquetipos de la cultura japonesa.
Desde los gánsters económicos de Kanto, hasta matones del puerto de Yokohama, pasando por los jóvenes aprendices de Tokio, los reclusos del penal de Osaka e incluso por los miembros de Barrabás, antiguos yakusa convertidos en un grupo de predicadores cristianos, los autores se sumerjen en el mundo nipón de la marginalidad, logrando esbozar de manera coherente la primera historia de la yakusa.

Damián Blas Vives




Título: Heidegger en la tormenta
Autor: Marcel Conche
Traducción: Pilar Sánchez Orozco
Editorial: melusina [sic]

125 páginas

   

Para la generación de mis padres la pregunta fue ¿cuáles son las más importantes fuentes en la metafísica de Heidegger? Para la mía el eje ya se había desplazado, o mejor, se había "deslizado de plano": ¿hasta qué punto la controversia sobre la filiación al nacionalsocialismo del filósofo nacido en Messkirch se encuentra consubstanciada con su pensamiento al punto de recelar que no podemos acercarnos a su obra sin sospecharla de complicidad?
Tal es así que a medida que pasan los años Heidegger parece ser mas un problema antropológico-político que filosófico; es decir, se viene desplazando: se lo visita más como al autor de un cuerpo de textos más alcanzados que nunca por una experiencia cuya monstruosidad no conoce límites. Como si el contexto creciera dentro de sus reflexiones hasta apoderarse definitivamente de ellas.
Marcel Conche se interna en esta trama y disecciona y en un segundo plano va delineando la construcción de una inquisición, sus motivos y el perfil de los acusadores ¿qué ven? ¿cómo ven? ¿de qué forma se intervino en el discurso y la construcción de un pasado que no deja de ser un juicio despiadado sobre el Siglo XX?
El combate teórico no se libra en la cambiante frontera entre un conjunto de hechos exteriores al texto y un pensamiento moldeado en las dificultosas circunstancias, sino por el contrario en el interior mismo de un estilo de filosofar que aún resulta central en cualquier historia de la filosofía de la centena pasada.
Conche: "Sucede simplemente que tras haber sido durante mucho tiempo un admirador de Heidegger, me sentía trastornado por su traspié en 1933. ¿Hasta qué punto se comprometió con el nazismo? ¿Se envileció en cuanto filósofo? Sin pasión pero con buena voluntad me he esforzado en comprender y la respuesta a la segunda cuestión ha sido absolutamente negativa".
El lector enterado de los cargos se pregunta de antemano: la simple ausencia de rasgos definitivos de antisemitismo en sus libros ¿exonera a quien ejerció la jefatura del rectorado de la Universidad de Friburgo de toda complicidad?
En dos textos que leemos como complementarios, Conche nos proporciona un fantástico archivo de materiales para que reconstruyamos al escenario y sus consecuencias: una pesquisa erudita por los textos citados que le permitirán al lector situarse más certeramente frente a una encrucijada cultural.

Fermín Rasas Pet




Título: Recreaciones
Autor: Yuri Andrujovich
Traducción: Olga Korobenko
Editorial: Acantilado

151 páginas

   

La aparición del ucraniano Yuri Andrujovich en el panorama literario de habla hispana no fue recibida con la merecida acogida por los medios de difusión intelectual. ¡Nos encontramos frente a un verdadero hallazgo narrativo!
Andrujovich en apenas un centenar y medio de páginas da cátedra de estética y narrativa mientras enseña qué es la trasgresión a los anquilosados bufones mediáticos autoproclamados como referentes del género.
Esta novela fue escrita un año antes del fin de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) cuando, según el autor, se respiraban en el ambiente los cambios drásticos de lo que él denominó como "—Una bella catástrofe...". Se puede decir entonces que, con el final anunciado del socialismo ruso como escenario y fondo del relato, Recreaciones narra la historia de cuatro sujetos, poetas todos ellos, vinculados con lo social y con lo político, que viajan a la ciudad de Chortópil para participar del Festival del Espíritu Renaciente.
Rostislav Martoflak es el ídolo de la juventud ucraniana y de toda una generación de bardos embravecidos por sus líneas, pero detrás de su torva mirada azuzada por el alcohol se esconde un temerosos niño incapaz de afrontar la realidad sin el apoyo de su esposa/madre Marta, quien lo acompaña en sus viajes y en sus diatribas para evitar que el artista cumpla su amenaza de sumirse en el delirium tremens; Jomski depresivo y solitario donjuán que no encuentra valor para arrebatar la entregada esposa a su amigo; Grits Stundera, quien sufre el delirio persecutorio de todo buen paranoico e imagina agentes de la KGB asediándolo a sol y a sombra y el moribundo Yurkó Mórtich, son los cuatro peones que se adentrarán en las fauces de una orgiástica noche de festejo popular, de disfunción cívica y orgullo nacional que cambiará para siempre sus existencias marcándoles a fuego su destino. Pero tal vez el personaje más memorable de esta fáustica sátira acerca de los nacionalismos emergentes no sea otro que Satán, el ángel caído, encarnado en la figura del mismísimo patrocinador de esta noche de Walpurgis, el Dr. Popel, aristocrático psiquiatra suizo.
Entendida por parte de la sociedad ucraniana como aberrante burla a los valores tradicionales patrios, Recreaciones no hace más que recordarnos que, tradicionalmente, una de las características más interesantes de los narradores de talento es saber leer con lucidez los puntos flacos de su jardín para poder a su través, interpretar el mundo.

Ángel Alza



Título: Tsugumi
Autor: Banana Yoshimoto
Traducción: Albert Nolla y bibiana Morante
Editorial: Tusquets

186 páginas

   

Alejada de los elementos supranaturales que con frecuencia se dan cita en sus narraciones, Banana Yoshimoto compone una novela de sensaciones, una oda a una melancolía pop tal vez más cercana al manga romántico que a la alta literatura.
Tal vez lo más interesante del trabajo sea la cohesión interna del relato a pesar de la carencia absoluta de suspenso literario e incluso de tensión dramática. La narración avanza por medio de pequeñas reflexiones o ingrávidos momentos estéticos en lugar de por grandes eventos; la acción transcurre fundamentalmente a orillas del mar, la tranquila cadencia de las olas es reproducida línea a línea por la característica estética onírica de la pluma de esta consagrada y, por momentos, sobrevalorada escritora. Yoshimoto mantiene en pie la etérea estructura del relato sin hacer uso de momento sorprendente alguno.
El relato comienza cuando Maria Shirakawa, la narradora, abandona el hostal Yamato, ubicado frente al mar en la península de Izu, en donde ha crecido junto a su prima, Tsugumi, hija de los propietarios del hostal, para asistir a la Universidad de Tokio; al tiempo que sus padres pueden constituir pareja en la ciudad luego del anhelado divorcio del primer matrimonio de su padre.
La distancia entre el mar y la ciudad impone un manto de mitificación emotiva a los recuerdos de niñez.
Tsugumi, que siempre ha sido una niña enfermiza y caprichosa, invita a Maria a pasar un último verano en el hostal, motivado por su cierre inminente, propuesta que Maria no puede rechazar.
Durante esas vacaciones Tsugumi conocerá el amor y Maria aprenderá el verdadero significado del hogar y la familia.
La apuesta de Banana no es sencilla, el tiempo dirá si es acertada, pues Tsugumi apela a un sentimiento tan delicado como devaluado en el arte, la melancolía por la infancia y el tedio de la inocencia.
De lectura agradable, si obviamos el desacierto de las últimas páginas y del posfacio de la autora, Tsugumi puede ser una buena compañía para un sábado de cielo encapotado.
En 1990 esta novela fue llevada a la gran pantalla por el director Jun Ichikawa.

Damián Blas Vives



Título: Recuerdos de Gustav Mahler
Autor: Alma Mahler
Traducción: Isabel Hernández
Editorial: Acantilado

361 páginas

   

"Esta noche, mi amor, te he sido infiel por primera vez", le escribe un joven Alban Berg a su prometida Helene Nahowski. Pero no se trata de un desliz amoroso sino de un arrebato estético absoluto y perfecto que compositor vivencializa al abandonarse al gozo de la Tercera sinfonía en re menor de Gustav Mahler. "En ese sentido te he sido infiel esta noche. Fue durante el final de la sinfonía de Mahler, cuando poco a poco me invadió una sensación de completa soledad, como si del mundo no hubiera quedado más que esa música —y yo que la escuchaba...".
Probablemente Mahler haya sido el último compositor que lograse conmover hasta tal punto a gran parte de su audiencia. Sus composiciones son absolutas, poseen el toque divino de los grandes compositores de la historia de la música, pero también un elemento de tristeza, de melancolía, como si un algo de la conciencia humana anticipase la ruptura de ambos mundos.
Recuerdos de Gustav Mahler, no es tan sólo la biografía del genial compositor, ni se reduce a una bitácora del matrimonio; por sus páginas desfilan entre otros, los personajes centrales de la música de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Alexandre von Zemlinsky, Arnold Schönberg, Richard Strauss y Paul Dukas, son algunos de los nombres con los que Alma Mahler logra reconstruir en sus páginas un inestimable fresco de época y un clásico de la Historia de la música.
La autora logra también unir el perfil del genial compositor con un costado más humano, sin alejarse en momento alguno del afecto que caracterizó su relación. La personalidad egocéntrica, las tendencias hipocondríacas y su irritable temperamento dan pinceladas de una veracidad totalizadora a la notable figura. Sus manías se dan encuentro con los hechos de su vida que dieron forma a su ética y a su estética musical. Pasajes como los que narran sus funciones como director de la Real Ópera de Viena, las giras de conciertos, su labor como director en el Metropolitan de Nueva York o la creación de una orquesta filarmónica dan medida a su talento, al tiempo que momentos emotivos, como la detallada crónica del fallecimiento de María, una de sus hijas, en 1907 y la desolación que su muerte produjo en el matrimonio dan carnadura al hombre.
Es destacable la fluidez de la prosa de la autora en la traducción de Isabel Hernández y el cuidado que acantilado pone en cada uno de sus títulos hace que esta edición culmine con una selección epistolar de cartas escritas por Mahler a su esposa que delinean la infinita estima conyugal y dibujan certeramente la solapada necesidad de contención del compositor.
Recuerdos de Gustav Mahler es un libro imprescindible para todo melómano y sugerible a toda persona que cultive la belleza en sus ratos de ocio.

Jeremías Lynch



Título: Walter Benjamin - Historia de una amistad
Autor: Gershom Scholem

Editorial: Sudamericana

348 páginas

   

La llamada "autobiografía refleja" es, sin duda, una de las formas más ricas de la biografía. Alejada del ilusorio afán de objetividad de la biografía tradicional y ajena al tedio de la biografía meramente laudatoria, la autobiografía refleja da cuenta tanto del biografiado como del biógrafo generando un diálogo de carácter polémico y de registro imposible: el que se establece entre el sobreviviente (el evangelista) y el muerto (el objeto de estudio). Basten dos ejemplos consagrados para justificar la caracterización. En su célebre Kafka, Max Brod quiere a un Kafka religioso, a un Kafka iluminado, a un Kafka sionista; Kafka se quiere, sencillamente, escritor; lo cual, justo es decirlo, no es poco. Análoga tensión se verifica en este volumen entre Gershom Scholem y Walter Benjamin.
Scholem quisiera a un Benjamin sionista, alejado del materialismo dialéctico y residente en Palestina. Pero el Benjamin que revelan estas memorias no tiene a la causa judía entre sus principales intereses, ahonda en el materialismo como medio de intelección del mundo y prefiere París a cualquier otra ciudad.
De todos modos, Scholem vuela a una altura —por poner un parámetro de comparación— que Max Brod ni siquiera intuye. Filólogo, historiador y teólogo, profundo conocedor de la Cábala y la mística judías, resultan inapreciables, entre otras, sus certeras intuiciones a propósito de la obra de Kafka ("el juicio de Dios, que a mi modo de ver representa el único tema de la producción literaria de Kafka"), el rápido análisis que hace del Doktor Faustus de Thomas Mann o la interpretación a la que somete algunas parábolas talmúdicas. Por otra parte, la crítica que realiza a la elección materialista de Benjamin no deja de estar fundada en razones de peso: las convicciones anarquistas del joven Benjamin representaban la posición exactamente opuesta a la adhesión al marxismo de su madurez, y el conflicto entre su modo metafísico de pensamiento y el de los marxistas no podía menos que derivar en un soterrado disenso que determina la actuación pública de Benjamin de 1929 en adelante.
El Benjamin que surge de estas memorias es un ser que se debate entre las necesidades materiales, estrategias fallidas, una vida privada tormentosa y un destino inequívocamente desafortunado. En este sentido, durante sus últimos años se convierte en un sujeto literalmente insalvable, no son en vano los planes de suicidio que traza con minuciosidad oriental. Se puede pensar, a este respecto, que poco le podía importar a Benjamin, a la sombra de la tradición judía, el dilatado arribo del Mesías; lo que verdaderamente lo asediaba era el ángel de la muerte sobrevolando en torno a su persona.

Osvaldo Gallone



Título: El día del Oprichnik
Autor: Vladimir Sorokin
Traducción: Yulia Dobrovolskaia y José María Muñoz Rovira
Editorial: Alfaguara

237 páginas

   

Es posible que Vladimir Sorokin quiera tener un millón de amigos, como reza en su canción Roberto Carlos, pero es claro que el presidente Putin no estará nunca en la lista, pués Sorokin lleva la trasgresión al nivel del terrorismo, inaugurando con estas páginas una nueva corriente, el "terrorismo pop". Su prosa, provocativa, mordaz, pero ante todo lúcida, cercena con inteligencia la realidad de la Rusia contemporánea exponiendo impiadosamente todas las crueldades del Kremlin.
El día del opríchnik asume el formato de la distopía futurista: El año, 2027. Lugar, la Nueva Rusia. Los oprichnik, fuerza de seguridad, reprimen cualquier acto de subversión y se encargan de velar por la continuidad y seguridad del país, un país cercado por murallas y gobernado con mano férrea por el omnipotente Soberano, el bienamado. Todo pertenece a él, todo pasa por él y todos deben rendirle pleitesía.
El jefe de los oprichnik es Padre, quien se encarga de la formación de cada uno de los soldados. Uno de ellos es Andrey Komyaga, un hombre experimentado, que entiende perfectamente cuál es su función en Rusia: eliminar a los enemigos del imperio, proporcionar amantes a la mujer del Soberano y cumplir con las obligaciones de cualquier guardia. A cambio, puede disfrutar de los grandes placeres de cada oprichnik: el rito de la sodomía, las drogas y la violación de las mujeres de los nobles rebeldes.
La novela relata un día en la vida del mencionado Andrey Komiaga, la rutina de un represor que sirve con fidelidad al Soberano y a Padre por el bien de su país. El lector participa como testigo de unas prácticas tan masoquistas como absurdas y surrealistas. ¿Deformación de la realidad utilizada para hablarnos de la actualidad de una sociedad opresora e hipercontrolada?
La similitud no llega a metáfora cuando en la narración aparecen consignas políticas como la del asesinato "—¡qué gusto da abatir a los enemigos de Rusia!": recordemos las muertes de Aleksandr Litvinenko, ex espía ruso, crítico con Putin, muerto envenenado y la de Anna Politkóvskaya, periodista rusa asesinada luego de arremeter contra el Kremlin.
En éste este año 2027, la ansiedad social es controlada mediante el uso de estupefacientes, pués las drogas hacen que la sociedad se relaje, que no tenga necesidad de anhelar nada más que el placer de estar enajenado. Eso sí, las farmacias solamente las venden cuando acaba la jornada laboral, dado que todos deben cumplir activamente con su trabajo.
Como decíamos, El día del oprínchnik es una distopía futurista que nos sumerge en una sociedad que habita en una incoherente mezcla de pasado medieval y futuro tecnológico. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.

Damián Blas Vives