
Evaristo
Cultural: En la narrativa nacional suele caerse
en un patrón en el cual las historias narradas
no son sobre personajes "que hacen" sino sobre
personajes "que piensan", en este sentido los
tuyos siempre fueron relatos "de acción".
Cuando planteás una nueva novela, ¿cuál
es tu aproximación al argumento?
Daniel
Sorín: Se puede escribir de infinitas
manera, la mía es la mejor... pero sólo
para mí; hice un sistema a mi medida que, por lo
tanto, puede no servirle para otro. Escribo una novela
como —si fuese arquitecto— construiría una casa.
Por lo general me tomo un buen tiempo para armar un guión,
el guión es la estructura, no hay palabras, sólo
acciones e imágenes. Cuando considero que está
armonioso, que no tiene inverosimilitudes ni gratuidades,
que mantiene la tensión y cierra en un final adecuado,
levanto las paredes de palabras. La narrativa es más
flexible que la arquitectura y las palabras sugieren nuevas
imágenes. Bien hecho, el texto se complejiza ganando
profundidad y carnadura. Claro que hay que hacerlo bien,
ése es el problema...
EC: En el caso de El hombre que engañó a
Perón, tus lectores podemos observar un cambio
radical en tu estilo literario. La construcción
del argumento sigue siendo sólida, tal vez la más
sólida hasta la fecha, pero la prosa es mucho más
flexible, más estilizada. ¿Este cambio fue
consciente? ¿Tiene que ver con una necesidad estilística
de esta obra en particular o con una madurez narrativa
adquirida por la experiencia?
DS: Tiene que ver con esta novela y también
con una ampliación de mi universo que este trabajo
azuzó. La historia tenía exigencias y peligros
que favorecieron una indagación estilística
que ya existía como necesidad previa.
Tenía que explicar cuestiones científicas
para que se entendiese la historia de Richter y la aventura
de la Física del siglo XX. Materia ardua que había
que trabajar poéticamente. No me fue nada fácil,
trabajé mucho, sudé la gota gorda para que
el texto fuera literariamente agraciado y, además,
transparente en cuestiones científicas. Sabía
antes, pero escribiendo se me hizo evidente cómo
la Física en el siglo pasado se internó,
se hundió, en la Filosofía. Y entendí
por qué buena parte de los más notables
físicos de ese tiempo fueron graduados en Filosofía.
Es decir, la dificultad ayudó a profundizar una
búsqueda de estilo que ya estaba en Palacios.
Además, el narrador es un personaje contradictorio
y rico, complejo y a su manera hermoso. Eso también
me ayudó mucho.
EC: Sin duda alguna el título de esta última
novela es uno de los más "gancheros"
de tu carrera y de la narrativa nacional de los últimos
años. ¿Cuál fue tu aproximación
a la figura de Richter? ¿Qué vino primero,
el título o la construcción del argumento?
DS: Yo tenía la idea hace muchos años. Estaba
en la Feria del Libro, en la presentación de la
colección donde salieron Palabras escandalosas y Palacios, y le comenté a un amigo que
quería narrar el caso Huemul. Fue él quien
me sugirió el título. A Luís Chitarroni
le gustó y quedó. O sea que el título
es posterior a la idea de narrar lo sucedido en la isla
Huemul pero muy anterior a la construcción del
argumento porque, al fin de cuentas, sólo con una
idea no hacemos nada... ¿no?
EC: Uno de los puntos más interesantes para resaltar
de la novela, es que lográs mantener el estilo
a la vez que interiorizar al lector en ciertas especificidades
científicas concernientes a la fisión y
fusión atómicas. ¿Cómo fue
estetizar teorías de la física nuclear?
¿Cuánto tiempo dedicaste a instruirte sobre
estos temas?
DS: Una aventura. Te digo que por un momento temí lo
peor... Hasta que un día el narrador (un científico)
me dictó lo que yo estaba buscando: "No soy
hombre de fe. Lamentablemente".
¡Había dicho lamentablemente! Fue cuando
me pregunté cómo vería el universo
mi personaje si su mente dejase un lugar para Dios. Una
duda razonable.
Fue cuando salió: "Todo lo que es posible
de ver de cuanto Él ha creado es materia o energía.
Dos estados de su obra". Ahí supe que tenía
el camino y lo seguí, desde ese lugar expliqué,
o mejor dicho el narrador explicó, la diferencia
entre fusión y fisión de una manera plástica.
EC: ¿Alguien engañó a Perón o
Perón engañó a Estados Unidos?
DS: No puedo develar ese dato, es como contar el final.

EC: En tus novelas suele estar presente el tema de la conspiración,
así como suele vislumbrarse también un interés
por el quehacer político y social de nuestro país.
Si tuvieses que ficcionalizarla, ¿cómo encararías
la realidad nacional de los últimos meses?
DS: En este país los hechos nunca son como parecen
ser. Una alternativa bien puede ser sacarles a los hechos
la política engañosa, la que se conjuga
en singular. Estar atentos y, por sobre todo, ser incrédulos.
Descarnalizar la realidad. Cristina Fernández y
De Angeli y Cobos podrían ser otros... Sospecho
que ese ardid va revelarnos un interesante y horroroso
déjà vu. |