evaristo cultural
revista virtual de arte y literatura
número 4
 
Indice
* Portada / Staff
* Editorial
* Entrevista a Germán Marín
Lliteratura, exilio y la maldición de Ava Gardner
* Entrevista a Carlos Sorín
Inoculado contra el engaño
* Entrevista a Marcelo Eckhardt
Silvio Astier y la Patagonia Rebelde
* Entrevista a Angélica Santa Olaya
De la mano de Alicia
* Rodolfo Walsh
Literatura, periodismo y militancia (tercera parte)
por Christian Lourido
* Carta Abierta
* Dylan Thomas
El príncipe de la oscuridad o el poeta de las palabras eternas
por Laura Mazzocchi
* Kandinsky & Stravinsky
por Bruno Gallo
* Ver a: Gus Van Sant
por Germán Kijel
* Delius: todo junto
por Rafael Cippolini
* Grandes amigos
por Roxana Artal
* Entre Discos
por Nicolás Prior
* [ Evaristo de Buenos Aires ]
* La Fuga de Atalanta
por Michael Maier
* El romance de la doncella esquimal
por Mark Twain
* Intersticial
por Roxana Artal
* Pesadilla
por Marcelo Da Cunha
* Con todo respeto
por Osvaldo Gallone
* BLOGattis en su salsa
por José María Gatti
* Experiencia, el tiempo de la estadía
por Mauricio Rongvaux
* De sastre
por Amalia Sato
* Al pie de las letras
por Luis Adrián Vives
* Reseñas
Al pie de las letras
por Luis Adrián Vives

Honrar la palabra

En Al pie de las letras, cuando escribí hace un par de meses "El recuerdo, la historia y el mascarón de proa", me comprometí ante los lectores a realizar un aporte para que los documentos sigan siendo fuentes de la historia, y en particular, de la de los años 70. Hoy comienzo a cumplir con aquél compromiso, adelantando partes de un trabajo de recuperación de enfoques registrados —que algún día se publicará completo—; esto dependerá de terceras voluntades y del interés general que despierte el tema.
Espero no decepcionar a nadie, o por lo menos, a ninguno de ustedes.

 

"La verdad incompleta"

Si hay alguien detrás, si está escondido, o si hay algo oculto en algún lugar, que se nos impide ver o conocer; no importa la razón, estaremos condenados a vivir, hasta la eternidad, en una relación basada en la mentira, o en la ignorancia.
Debemos estar atentos y prevenidos, para evitar ingresar sin darnos cuenta, con ingenuidad, con inocencia y candor, en un riesgoso círculo de dementes.

La intolerancia y la soberbia de ciertos políticos en democracia; el comportamiento, tantas veces imprudente, de algunos sectores de la sociedad civil, la indiferencia colectiva, la obstinada negación del liberalismo político, el autoritarismo en sus variadas formas y expresiones, fueron generando el caos en la República y el cercenamiento de las libertades.
Las amenazas insistentes, el discurso permanente que calificaba el estado de "guerra" imperante en el país, el reclamo y la sed de venganza, la convocatoria sostenida y dirigida a las Fuerzas Armadas para que éstas actuasen y reprimiesen; reflejan el clima que antecede al 24 de marzo del '76. Desconocer esta realidad es ignorar que desde septiembre del '73 en adelante, varios de los legítimos representantes del pueblo requerían dar amplios poderes a las Fuerzas Armadas y de seguridad.
Cuántas veces se habló de "terminar con las ratas que nos hieren y que no quieren la grandeza de nuestra patria", mereciendo estas expresiones una ovación de los diputados que, puestos de pie, felicitaron al orador que proponía hacer justicia contra quienes querían el caos y la desesperación en la República Argentina. Se hablaba de "madres" y de "hijos", se referían a otras madres y a otros hijos.
Cuántas veces se habló del peligro que representaban los enanos que teníamos actuando dentro de nuestra patria. Cuántas veces se habló, en el Congreso, de aquellos asesinos, enfermos mentales, idiotas útiles, excrementos de la sociedad, ratas sucias en su madriguera. Cuantas veces se pidió perseguir y matar como ratas a quienes querían el caos y la desesperación en la República.
Cuántas veces escuchamos "hasta cuándo", "hasta cuándo" y "hasta cuándo".
Desde 1973 se reiteraron sistemáticamente los reclamos tendientes a conseguir la intervención de las Fuerzas Armadas en la ejecución de operaciones militares a efectos de "aniquilar" el accionar de los elementos subversivos; esto en principio equivaldría a reducir a la nada, a destruir, arruinar; esto significaría deteriorar algo así, como la salud o la hacienda, esto implicaría humillación y, en el marco de lo antes expuesto conllevaría, necesariamente, el esquivar las garantías individuales y los derechos humanos de los perseguidos, a quienes se calificó de bestias que usan las armas asesinas.
Con lo hasta aquí dicho, entiéndase bien, lejos de querer justificar los alcances de aquella represión, intento demostrar una responsabilidad compartida que trasciende a la Fuerzas Armadas; que alcanza y compromete, a una dirigencia política involucrada por acción u omisión, a una Justicia distraída y complaciente, a una Iglesia generalmente pasiva y dividida, a una prensa parcialmente anestesiada, a una sociedad castigada, dormida a veces y a veces confundida.
Pero desde luego, hay diferentes grados de responsabilidad, y de eso se trata, de descubrir las distintas cuotas de responsabilidad, para ofrecerle a cada sector la porción de culpa que le corresponde, porque sólo de esta manera, si cada sector asume su responsabilidad y reconoce su culpa, estaremos seguros de llegar a la verdad, y así, desde la verdad, podremos evitar repetir este cruel pasaje de nuestra historia. Hagamos ahora el enorme esfuerzo de transitar, con una visión retrospectiva, aquellos obscuros laberintos.

No es ésta una novela; tampoco es, obviamente, un expediente judicial; mucho menos un tratado, ni una reseña histórica siquiera de derechos humanos. Es, simplemente, un aporte que pretende ser esclarecedor, para empezar a correr un velo.
Quede claro que lo que sigue no es más que una recopilación de opiniones, juicios y pareceres, que intenta graficar la realidad de aquellos tiempos.
El mérito de esta publicación no es precisamente el lenguaje literario que, por otra parte, mayormente no me pertenece.
Debo señalar que me he tomado una libertad, la licencia de evitar citas permanentes y entrecomillados continuos que dificultarían la lectura, y abortarían la idea de lograr una interacción con el lector. Si éste requiere, como así espero, conocer la autoría de cada discurso pronunciado en el recinto, y con exactitud el tenor de fragmentos seleccionados y a veces adaptados, generalmente en sus tiempos verbales; como así también, si requiere conocer la relación texto-contexto, sólo debe consultar el correspondiente Diario de Sesiones de la H.C.D.
El único mérito radica en la memoria, en la investigación y en la relación buscada de algunos hechos y circunstancias.
Quiero señalar que, teniendo en cuenta el resultado de las elecciones del '73, y considerando que la fuerza política que ejercía el poder, lo hacía con el respaldo que le daban los votos de una abrumadora mayoría; bien se podría decir que, tal como estaba conformado el Parlamento de entonces, la voz de aquella Cámara de Diputados, de alguna manera era la voz del Pueblo que ella, legítimamente representaba.
Ahora bien, una vez aclarado el criterio y el objetivo, sólo resta agregar que, el único desafío sería averiguar, si ello interesa, desde dónde se dijo cada cosa que se dijo; esta sería ya una tarea reservada exclusivamente al lector, que intente comprender cómo y por qué se inició, en el país, esa despiadada caza de brujas.

Recordemos entonces cuando se señalaba, desde el Parlamento, la existencia de una "guerra sorda y subterránea"; cuando se hablaba y sin tapujos, de la secuela de crímenes, secuestros y violencia generalizada en la República, que cobraba víctimas provenientes del sector militar, del civil, del sindical, del estudiantil, en definitiva, eran todas víctimas del pueblo argentino.
No olvidemos cuando se decía que la patria argentina era mucha más grande que el terror, las balas, la impiedad y el miedo. Si eso se decía es porque eso sucedía. Se denunciaba entonces que al movimiento nacional y al proyecto de reconstrucción nacional se le había declarado la guerra y en aquellos días se responsabilizaba a la sinarquía internacional y se señalaba a alguna minoría ultraizquierdista que se habría convertido en un peligroso enemigo armado.
Se decía que los responsables de desatar ese clima de violencia eran suicidas, como así también aquellos que se dejasen seducir por la acción sin importarles las condiciones del país y sus consecuencias.
Se escuchaba en la Cámara de Diputados describir un clima de intranquilidad y de caos.
Se acusaba a quienes se decían revolucionarios y defensores del pueblo y se les advertía que su ideología no tenía cabida dentro de una patria consagrada a sus propios valores.
Se hablaba de aquellos "lobos" que pretendían ponerse "piel de cordero" para "exaltar falsas reivindicaciones y enarbolar un sucio trapo rojo como bandera".

Continuará...


[ subir ]