evaristo cultural
revista virtual de arte y literatura
número 5
 
Indice
* Portada / Staff
* Editorial
* Carta Abierta de Evaristo Cultural a la mujer, y al hombre que hacen política en Argentina
* Entrevista a Miguel Espejo
Entre el cosmos y la carne
* Entrevista a Leonardo Oyola
De atorrantes, poligriyos y asesinos
* Entrevista a Diego Agrimbau
El noveno arte y el sur que no miramos
* Entrevista a Antonio Cervi
Día Nacional del Gaucho
* Poesías
por Marcelo Da Cunha
* Entre Discos
por Nicolás Prior
* El Gaucho
por Ch. Lourido, F. Fraschini y M. Castera
* ¡Más respeto que soy tu madre!
por Luis Vives
* Clics Modernos
por Sergio Marcial
* [ Evaristo de Buenos Aires ]
* Tiempo de optar entre futuros imperfectos
por Luis Adrián Vives
* BLOGattis CubanoS
por José María Gatti
* Intersticial
por Roxana Artal
* Con todo respeto
por Osvaldo Gallone
* Voy a esperar hasta que baje un poco el sol
por Mauricio Rongvaux
* No demos vuelta las cosas
por Luis Adrián Vives
* Aráoz y la verdad
por Luis Adrián Vives
* Crónicas de Elric, el emperador albino
por Michael Moorcock
* Reseñas

[ Entrevista ]

Diego Agrimbau
El noveno arte y el sur que no miramos

por Damián Blas Vives

Nos hallamos en Butania, población situada en un rincón desértico de la Patagonia, que vive del yacimiento de gas que se extrae de la enorme cisterna apodada "la burbuja", en torno a la cual se erige dicha urbe. Nuestro protagonista, Bertold, acusado de un asesinato, es sometido a la pena máxima que imponen las leyes de Butania: la amputación de sus brazos y piernas. Despojado de sus miembros, Bertold debe buscar un nuevo empleo compatible con su nueva condición de minusválido: lo hallará al entablar contacto con el marionetista Froilán, quien lo contrata para su Teatro de Títeres Vivientes...
Editorial Norma España trae a nosotros finalmente las dos primeras entregas de la saga Último Sur: La Burbuja de Bertold [1] y El Gran Lienzo. Evaristo Cultural conversó con su guionista, Diego Agrimbau, destacado integrante del recambio generacional de historietistas argentinos.


 

 

Evaristo Cultural: ¿Cómo fue tu acercamiento al mundo del cómic?

Diego Agrimbau: Empecé a leer cómics de chico. Leía más que nada Asterix y Luky Luke. Tiempo después seguí con Mafalda y Condorito. También leía muchísimas revistas "para niños", la Billiken que traía varias historietas franco-belgas como Dany y Pompom, la Anteojito y sobre todo la Humi que era mi preferida. Pero ya por entonces leía a escondidas las revistas para adultos de mis viejos como la Humor, claro que solo leía las historietas. Cuando tuve edad suficiente, me interesé por la Fierro y las revistas que llegaban de España como Zona 84 o El Víbora, y ahí ya no hubo vuelta atrás.

 

EC: ¿En qué momento decidiste dedicarte a escribir y cómo pesó la realidad nacional en esa decisión?

DA: No recuerdo haber tomado una decisión en un momento determinado. Siempre supe que me iba a dedicar a escribir, pero no siempre fue claro que escribiría historietas. Antes tuve acercamientos con la literatura, la dramaturgia, la redacción publicitaria, el periodismo. Me terminé decantando por las historietas porque era lo que más me gustaba, y mientras pueda seguir viviendo de esto, lo voy a mantener. Claro que no descarto volver a escribir otro tipo de cosas en el futuro, sobre todo dramaturgia.

 

EC: ¿Cuáles son o fueron tus principales influencias?

DA: La parte difícil es lo de "principales". Héctor Oesterheld, René Goscinny, Alan Moore, Carlos Trillo, Neil Gaiman, Armando Discépolo, Ray Bradbury, Philip K. Dick, Theodore Sturgeon, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Quino, Leo Masliah, Roberto Fontanarrosa, David Bowie, Salvador Dalí, Hideaki Anno, Hayao Miyazaki, Satoshi Kon, etc.

 

EC: Fuiste miembro fundador de la AHI (Asociación de Historietistas Independientes) y del sello La Productora. ¿Podés comentarnos un poco ambas experiencias?

DA: Eran los noventa y no había nada que hacer para los historietistas nuevos de aquellos años. Nos habíamos quedado sin editoriales ni publicaciones. Así que todos tuvimos la misma idea y comenzamos a hacer fanzines. Eventualmente varios nos juntamos y de ahí salió la AHI. Muchos de los que estaban dando vueltas por aquellas revistas, son los mismos que ahora protagonizan la actualidad de la historieta nacional, tanto en la revista Fierro como en sus propios libros: Liniers, Angel Mosquito, Salvador Sanz, Lucas Varela, Gustavo Sala, Fernando Calvi, Javier Rovella, Mr Exes y un largo etcétera.
La Productora se formó cuando varios miembros de la AHI decidimos juntarnos porque teníamos ideas comunes sobre cómo hacer una editorial independiente cooperativa. Se unificaron los formatos y los precios de las revistas, hacíamos talleres para mejorar las historietas, nos repartíamos los roles, etc. Yo me fui de La Productora junto a Dante Ginevra en el año 2003 para dedicarnos a nuestras respectivas carreras individuales. Ellos continúan trabajando de la misma manera hasta el día de hoy.

 

EC: ¿Cómo surge la idea de Último Sur?

DA: Al principio solo existía La burbuja de Bertold. La posibilidad de hacer una serie surgió más tarde, dado el buen resultado que había obtenido el primer libro. Tardé mucho tiempo en darle forma a la idea. La intenté escribir varias veces, desde 1999 hasta 2003. Pero siempre había algo que le faltaba. Finalmente apareció la pata conceptual que terminó de redondear la obra y que tiene que ver con la didáctica de Brecht. Recién ahí pude escribir la historia. Al mismo tiempo, apenas conocí el trabajo de Gabriel Ippóliti, supe que él era el dibujante indicado.

 

EC: Tanto La burbuja de Bertold como El gran lienzo plantean distintos acercamientos al diálogo Arte-Poder. Mientras que Bertold utiliza el arte, en este caso el teatro, como herramienta revolucionaria para cambiar el Status Quo de Butania, su ciudad; los protagonistas de El gran lienzo, habitantes de Unánima, ciudad de pintores, participan de una reflexión sobre el poder puertas adentro del arte mismo. ¿Cómo sigue la saga?

DA: La saga sigue con la Música. La historia está escrita y ya hay varias páginas terminadas, pero supongo que llevará mucho tiempo para que se concrete. La editorial que nos lo había pedido, Albin Michel, desapareció y su catálogo fue comprado por otra. Está en suspenso por ahora. Es una lástima porque hubiera sido el mejor libro. Hacer algo sobre la música, en un medio esencialmente visual como la historieta, fue un gran desafío.

 


La burbuja de Bertold,
editada en castellano por Ediciones Norma

 

EC: Las ciudades patagónicas que sirven de escenario a Último Sur ¿fueron planteadas como metáforas universales o como distopías nacionales?

DA: Creo que ambos pueden funcionar a los dos niveles, pero El gran lienzo tiene algo más universal. Yo lo veo como un libro más primermundista (o francés) que La burbuja de Bertold.

 

EC: Con Último Sur llega el gran reconocimiento. ¿Qué sentís respecto a que este reconocimiento llegue del exterior y que en Argentina aún no se haya editado esta obra?

DA: En Argentina no se editó porque tuvimos que elegir entre editarlo en España o en nuestro país. Y ciertamente poder editar por Norma Editorial era un sueño que tenía desde chico, ya que la inmensa mayoría de los libros europeos que tenía en mi biblioteca los habían editado ellos.

 

EC: ¿Qué diferencia notás entre la cultura europea y la nacional para que ellos consideren la historieta como un arte y tengan un mercado que lo acoge como tal mientras que en nuestro país, aunque ya no lo diga en la tapa, Fierro siga siendo una revista "para supervivientes"? ¿Hubo un crecimiento en nuestro mercado durante las últimas décadas?

DA: Es muy relativo. En toda Europa se siguen quejando de que la historieta no está considerada en su verdadera dimensión, incluso en Francia. Claro que al comparar la situación del mercado francés con el nuestro, la diferencia es tan abismal que cualquiera de sus quejas nos parece absurda. La diferencia es tan cultural como económica. En Francia hacen todo un culto de la lectura en general, los apoyos son múltiples, tanto del estado como de los privados. Al mismo tiempo no es casual que la historieta goce de un mayor reconocimiento y calidad en algunos de los países más ricos del mundo, como Estados Unidos, Japón, Francia. Son los países que tienen economías suficientemente fuertes como para soportar un mercado editorial visual como es el de la historieta. El cómic actual es algo caro, bello y exclusivo. La popularidad ya no es una parte vital de su esencia, como si lo era en los 50.
En nuestro país se ha producido un crecimiento acelerado desde hace unos tres o cuatro años, que ahora se está frenando debido a la crisis actual. No solo salió la nueva revista Fierro, también se produjo la edición de cientos de libros de historieta nacional por parte de varias editoriales como Thalos, Exabrupto, Domus, Gárgola y otras. Eso es algo inédito, nunca había pasado antes. Es la primera vez en la historia de la historieta nacional donde el formato más utilizado es el libro autoconclusivo.

 

EC: España acaba de publicarte también El muertero Zabaletta. Comentanos un poco acerca de esta obra.

DA: La primer versión de El muertero Zabaletta la hicimos con Dante Ginevra hace más de diez años, y era una historieta corta en blanco y negro. Mucho tiempo después, al no poder encontrarle forma a un guión que estaba escribiendo para él, me acordé de aquella historia breve y volví a pensarla de cero, pero esta vez como un álbum. La trama se fue complicando hasta que encontró su forma. Fue uno de los guiones que más trabajo me ha dado. Pertenece al mismo período que La burbuja de Bertold y El asco, otra de las obras que hemos hecho con Dante Ginevra. Me encantaría poder hacer una segunda parte para poder seguir desarrollando varias de las cuestiones que en el primer libro solo quedan esbozadas.

 


El muertero Zabaletta,
publicado en castellano por Ediciones Norma.

 


El asco,
editado en nuestro país por Domus editora

 

EC: ¿Estás trabajando en algún otro proyecto?

DA: En este momento estamos terminando de dar los toques finales a un álbum llamado Fergus que debería salir en el correr del 2009 en Francia. El dibujante es Leonardo Pietro y ya habíamos trabajado juntos para la Eura Editoriale, de Italia, haciendo unitarios. Esta es la historia de Fergus, un detective que trabaja en una ciudad obsesionada con la publicidad y el marketing. En este primer episodio deberá ir en busca de "El hombre logo". Es una idea que apareció luego de trabajar más de cinco años en publicidad como creativo. En su momento era una vía de escape a un mundo que puede ser muy opresivo y estresante. Pero ahora, luego de cuatro años que dejé la publicidad para dedicarme a la historieta, hacer Fergus se parece más a un ejercicio nostálgico.

 

EC: Tu acercamiento al cómic también es teórico. Los lectores podemos diferenciar a grandes rasgos dos lenguajes dominantes, El cómic norteamericano y el cómic europeo. ¿En dónde se instala el cómic nacional y cuáles son sus características?

DA: ¡Te olvidás del manga! Depende la época, el cómic nacional tuvo diferentes posicionamientos. En sus inicios era realizado muy al estilo americano. Tanto los formatos como los estilos de dibujo tenían mucho más que ver con la escuela americana que con la europea. Con su evolución se va influyendo de diversos estilos y mercados. Llegados los ochenta, los autores argentinos se apegaron mucho más a las escuelas europeas. Yo dudo muchísimo de la existencia de una "escuela argentina". Eso es algo que pudo haber existido si se hubiera seguido un camino lógico desde editorial Frontera, que era una editorial nacional que publicaba historieta nacional, en un formato propio. A partir de allí, la inmensa mayoría de los autores trabajaron siempre para mercados extranjeros, amoldándose en mayor o menor medida a sus requerimientos industriales de otras realidades. Para que exista una escuela propia, creo que es menester que exista una industria sana, una forma de publicación común a todo un país, un formato propio, algo equivalente al cómic book americano, el álbum francés, los libros italianos, etc. Así que el "cómic nacional" como entidad, es muy difícil de definir. A la historieta argentina se la identifica en el mundo por un puñado de autores sobresalientes que llegaron a ser muy reconocidos en los mercados centrales: Salinas, Muñoz y Sampayo, Trillo, Juan Giménez, Altuna, Carlos Nine, etc. Pero la historieta nacional es mucho más amplia y diversa. Hoy sus límites son borrosos. ¿Son historieta nacional todas las obras que se dibujan en nuestro país pero que están escritas por guionistas americanos? ¿Son historietas nacionales los mangas hechos por argentinos que publica Ivrea? ¿Son historieta nacional los álbumes que hago yo con Ippóliti que son contratados y pagados por editoriales extranjeras? Para mí la respuesta es "sí" a todo: si están hechas en argentina, son nacionales. Pero esta posición hace que sea muy difícil categorizar a la historieta nacional como un entero, con características más o menos uniformes y estables. Hoy en día son parte de la historieta nacional un manga amateur publicado en un fanzine, el último Eternauta de Solano López, un capítulo de Shazam dibujado por Mauro Cascioli o cualquiera de los blogs que aparecen todos los días con e-comics de autores nuevos.

 

EC: Si tuvieras que recomendar tres obras nacionales, tres europeas y tres norteamericanas, ¿cuáles serían y por qué?

DA: Nacionales: El granjero de Jesú (Angel Mosquito), 4 segundos (Valdearena-Zecchin), Estupefacto (Lucas Varela). Ya habrá tiempo para el clasicismo. Norteamericanas: Ex Machina (Tony Harris-Brian Vaughn), David Boring (Daniel Clowes), Hate (Peter Bagge). Porque tienen guiones geniales.
Europeas: La feria de los imortales (Enki Bilal), Ranxerox (Liberatore-Taburini), Trazo de tiza (Miguelanxo Prado). Porque son mi trilogía fundacional. Y seguro que les van a gustar.

 


 

Una semana después de concluida la entrevista nos llegaba la noticia que el mismo equipo creativo de La burbuja de Bertold, ganaba el premio internacional Planeta DeAgostini cómic...

EC: Acabás de ganar el premio Planeta DeAgostini con Planeta extra, realizada también junto con Gabriel Ippóliti. ¿De qué se trata esta historia? y ¿cuándo vamos a poder verla impresa?

DA: La historia es sobre una familia argentina que quiere viajar al espacio y no puede porque no tiene los permisos ni la plata suficiente. A nivel genérico, es una cruza improbable entre un zainete criollo y una historia de ciencia ficción clásica, con autos voladores y naves espaciales. No sé cuando podrá verse impresa, porque eso depende de la editorial, pero nosotros tenemos hasta Julio para entregar todo el trabajo terminado.

 

EC: ¿Cómo surge esta idea? ¿Es parte de una saga?

DA: La idea surgió a partir de experiencias personales. El tema de exilio nos ha tocado de cerca a casi todos los argentinos; siempre tenemos un amigo, un familiar, alguien que ha elegido seguir con su vida en otro país, buscando una realidad y un futuro diferentes. Por otra parte, me interesó hacer un juego cruzado donde el Tercer Mundo es el Tercer Planeta y Europa ya no es el continente, sino la luna de Júpiter que lleva ese nombre. Todos los terrestres que pueden, buscan seguir su vida en Luna Europa, donde todo funciona bien. Y en la Tierra van quedando los rezagados, condenados a vivir en un mundo que va colapsando lentamente. No es una saga, es un unitario.

 

EC: De nuevo con Ippóliti, ¿podemos comenzar a hablar de uno de esos clásicos tándem ganadores? ¿Están trabajando en algún otro proyecto juntos?

DA: Indudablemente la sociedad ha funcionado muy bien, pero todavía nos faltan muchos libros y éxitos para ser una dupla clásica como lo son Trillo-Altuna o Muñoz-Sampayo. De hecho, nos falta muchísimo.

 

[1] Nominada al Gran Premio de la Crítica, entregado por la Asociación de Críticos de BD, Francia, 2005; ganadora del Primer Premio a la mejor BD de Ciencia Ficción en el Festival de Utopiales, Nantes, y del Gran Premio del Jurado en el Festival de Colomiers 2005. [ volver ]


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