
Tom Waits se ha transformado en parte de la educación sentimental básica de todo habitante de la urbe. Como almas sensibles que somos, podemos considerar hoy día como analfabeto sentimental parcial a todo aquel que no haya transitado por un desamor con Small Change como banda de sonido, que no haya celebrado una conquista con un vaso de whisky y The Heart of Saturday Night de fondo o no haya musicalizado el caos vespertino de la ciudad con Rain Dogs o Swordfishtrombones.
A más de tres décadas y media del comienzo de su carrera, ya era necesaria una biografía de nuestro aullador citadino de cabecera pero, ¿cómo desarrollar semejante obra si el viejo Tom ha sido, por esencia y desde sus comienzos, un fabulador?
Podríamos afirmar que, a lo largo de los años, Waits encaró la relación con la prensa especializada, como mínimo, con la suspicacia del perro apaleado.
Ubicado en la bifurcación entre heredero del jazz de tugurio y precedente del punk, entrevista tras entrevista, Waits ha ido soltando datos inconexos, medias verdades y astillas de las mitologías que fue creando y desechando consecuentemente. Las ficciones que gruñe se entremezclan con su propio personaje según el temperamento momentáneo. Amante de la sensación por sobre el dato concreto, prefiere la pincelada en lo personal y el detalle en lo periférico. ¿Qué mejor manera entonces de abordar la suma de sus génesis que la escogida por Marc Montandon?
El periodista ha reunido todas las entrevistas, conversaciones y opiniones aparecidas en las principales revistas de música desde 1974 a la fecha, componiendo un fresco que abarca todos y cada uno de sus perfiles.
Nacido el 7 de diciembre de 1949 en San Diego, según una de sus versiones en el asiento trasero de un taxi amarillo estacionado en el parking del hospital Murphy, el joven Tom se decide por la música luego de abandonar el colegio y probar diferentes empleos a medida —lavacopas, dependiente de gasolinera, portero de tugurio… policía ni en broma, como diría su colega español—.
Tras un brevísimo paso por un grupo llamado The Systems, lanza su carrera solista narrando en sus melodías las experiencias bordes que conlleva la noche. En 1971 su voz aguardentosa y su aspecto de alcohólico desposeído llaman la atención de Herb Cohen, manager de Frank Zappa & The Mothers of Invention, quien le consigue contrato en la discográfica Elektra. Waits editará con ellos sus primeras obras, consideradas por la crítica general como el primer intento exitoso de adaptar la cultura beat del Greenwich Village de los años 50 a un formato comprensible por el público moderno. Tras siete long plays de creciente éxito y habiendo iniciado su carrera actoral en la película Paradise Alley decide, en 1983, que es hora de tomar otro rumbo. Su casamiento con Kathleen Brennan lo ha centrado en su eje y el personaje de ebrio sin destino comienza a desdibujarse. Compone su primer banda de sonido para la película One from the Heart de Francis Ford Coppola, iniciando una amistad que lo llevará a participar como actor de reparto en numerosos films del festejado cineasta, cambia de sello discográfico, pasándose a Island Records y acompaña este cambio planteando una nueva base conceptual para su música, un nuevo sonido más salvaje y despojado. Con Swordfishtrombones, Rain Dogs y Frank's wild years, encuentra finalmente una voz que le es propia. Los juegos sonoros y la crudeza percusiva experimentada en esas grabaciones lo acompañarán el resto de su carrera. Waits juega a ser niño, un niño lúdico y violento en la creación, capaz de hacer música hasta con las tapas de un retrete.
Lo que sigue lo conocemos: su amistad con Jarmusch, su trabajo en colaboración con William Burroughs The Black Rider —convertido luego en producción teatral—, su retorno a la grandeza con Mule Variations, luego de varios años de ostracismo musical, y los subsiguientes Alice, Blood Money, Real Gone y Orphans: Brawlers, Bawlers & Bastards. Pero como decíamos antes, lo interesante del libro, más allá de una supuesta y arbitraria linealidad biográfica, son las periferias, los brumosos escenarios que Waits dibuja en sus conversaciones. La mirada que trasciende al personaje, al artista, e incluso a la obra. |