evaristo cultural
revista virtual de arte y literatura
número 7

 
Indice
* Portada / Staff
* Editorial
* Daniel Muxica
por Damián Blas Vives
* Apuntes Extravagantes
por Daniel Muxica
* El vientre convexo
por Daniel Muxica
* Las maravillas del doctor Tulp
por Daniel Muxica
* Selección de poesías
por Daniel Muxica
* PRESENTACIÓN OFICIAL
en la Biblioteca Nacional
* Horacio González
Director de la Biblioteca Nacional
* Alí Mustafá
Subsecretario de Cultura de la Nación
* Damián Blas Vives
Codirector de Evaristo Cultural
* José María Gatti
Periodista, escritor, columnista de la revista
* Osvaldo Gallone
Periodista, escritor, columnista de la revista
* Rodrigo de Echeandía
Codirector de Evaristo Cultural
* Entrevista a Roberto Baschetti
El archivista del peronismo
* Entrevista a Patricio Pron
La construcción de la memoria
* Entrevista a Irene Gruss
La mitad de la verdad
* Entrevista a Benjamín Prado
Literatura y derechos humanos: Gente mala que camina
* Entrevista a Eduardo Mileo
De profesión: poeta
* Marosa de Giorgio. Iniciación de un cruz o la eternidad de un bosque
por Laura Mazzocchi
* "La casa chorizo"
por Darío Villar
* El hombrecito del azulejo
por Manuel Mujica Lainez
* Fiesta, 1980
por Junot Díaz
* Corazón tan blanco
por Javier Marías
* Todas las mariposas amarillas van para el río
por Roxana Artal
* Chip Montaigne. Ensayo sobre el ensayo
por Rafael Cippolini
* Así me siento
por Rafael de la Iglesia
* Con todo respeto
por Osvaldo Gallone
* Gato, Gatti, Gatos
por José María Gatti
* Cajón desastre
por Amalia Sato
* Al pie de las letras
por Luis Adrián Vives
* [ Un lado olvidado ]
por Luis Adrián Vives
* [ Evaristo de Buenos Aires ]
* Billie Holiday. Biografía coral y testamento sonoro
por Damián Blas Vives y Francisco Campos
* PJ Harvey
por Laura Mazzocchi
* Transición: de la piedra pómez al duvet
por Alejandro Truant
* Entrevista a Gerardo Busto
El caballero de la mesa redonda
* Entrevista a Eric Jerome Dickey
Un sicario en Buenos Aires
* Spider-lío
por Luciano Villar
* Ciruelo. El Señor de los dragones
por Eliseo Viola y Guido Varela
* Entre Discos
por Nicolás Prior
* Birome Kamikase
por Juan Martín Sigales
* El margen de la hoja
por Daniela Ruggeri
* Crónicas del BAFICI
por Luciano Villar
* Cazador de pelo blanco
por Germán Kijel
* El castigo del castigador
por Luciano Villar

 

Intersticial
por Roxana Artal

Todas las mariposas amarillas van para el río

 

"Si la Señora Guinea me hubiera dado un pasaje a Europa, o un viaje alrededor del mundo, no hubiera habido la menor diferencia para mí, porque donde quiera que estuviera sentada —en la cubierta de un barco o en la terraza de un café en París o en Bangkok— estaría sentada bajo la misma campana de cristal, agitándome en mi propio aire viciado."
Sylvia Plath, La campana de cristal

 

Hacer todo de una vez y para siempre, tenerlo terminado.
Tenerlo andado y desandado.

Todo es el paso lento y el rápido
el latido agudo y el mudo
la noche que duerme en el corazón del sol
los pasos del sol sobre la espalda de la noche

descansar la vida
desarmar las muertes
enumerar las sombras
extenderlas en hileras.

Desatender la carne.
Enmudecer el día.

Desde el escritorio una mujer desnuda se acaricia el pelo.
Es bella. Irradia una luz muy vívida.

Hacer todo de una vez y para siempre, tenerlo terminado.

para qué escribir
para qué hablar
para qué despertar
para qué salir
si igual la muerte

acercarme a la cuna
alejarme del llanto
florecer para nadie.

Despertar de un sueño que duerme
tic tac tic tac tic tac
que sigue durmiendo al costado del frente
Dormir otro sueño.

perder el hilo
el eje
el tiempo
la ilusión.

Nadie sabe del ritmo que me quiebra la conciencia.
Nadie del disparo que me heló la sangre.

Lo ponen en términos de la vida y la muerte.
Lo ponen en términos del bien y del mal.

Me arrastran a cuestas,
no saben del peso del mundo
y me arrastran.

Nadie escucha el eco de los pasos que se acerca por las noches a mi cama.
Nadie el trueno que me fulmina los tímpanos antes de dejarme abrir los ojos.

Todos se creen muy vivos.

Me he quedado sola.

privada
silenciada
rectangular
alejada
inmóvil.

No hay que abusar de los adjetivos.
No hay que usar construcciones comparativas.
No hay que escribir en tercera.

Todos se creen muy vivos.

¿Y si me gasto todos los adjetivos porque no me alcanza la lluvia?
¿Y si me lluevo los gerundios porque me sobran los verbos?
¿Y si me como toda una conjugación entera?

Me falta el aire.
Me sobra el aire.
Da igual,
doble traba a mi puerta.

La sensación es así:
se me contiene el aliento
se me licúa la sangre
el único grito se deshace en el centro de mi garganta
se me parte en dos el cuerpo
me derramo.

Desbordada me he quedado.

un pequeño agujero a la altura del pecho
un pájaro negro revoloteando
una partitura imposible a los pies de la cama

como vencida

¿y si me multiplico las voces?

Yo ella que es como ellas cuando él
como cuando ellos
o como él sin cómo ni cuándo

como vacía
como tibia
como azul

como imposible de alcanzar.

Aunque el viento.
Aunque las mariposas.

El cuento decía así:
ella iba a casarse y tener una docena de hijos
ellos la amamantarían, serían sus pollitos
por los siglos de los siglos.
Amén.

Mamá dice que respira azufre.

La única imagen viva de un sueño:
los tacos clavados en la arena.

El más chiquito preguntaba:
—¿Por qué el cielo se apaga de noche?, mamá.

Ver la muerte en el centro de la vida.

Una mueca se me hunde entre los labios:
el sabor del mercurio roto en mil pedazos.

—No se apaga, se agranda y cierra los ojos.
—Pero si yo cierro los ojos me hago chiquito...
—Pues primero hay que agrandarse.

Toda alegría es disfraz.

A lo lejos la marea crece y anida en su seno un par de tacos altos.

Habrán de dejarme sola, también ellos.

Sólo un rictus transparente
el olor de la piel cuando se cierra
y un bucle que enredar eternamente a mi dedo     
para replegarme siempre en el mismo desdén.

Sólo un bucle que enredar eternamente a mi dedo:
mi único placer.

"Podría cambiar mi vida por cualquier baratija", dijo una voz.

Afuera, el cielo empezaba a encenderse
¿pero cómo?
era la piel de un mundo que no se puede tocar
iba a dejar mi vestido en la orilla de esa piel.

La carta decía:
"No te quedes al descubierto".

Intenté pensar en nada y me dormí allí dentro.

La carta decía:
"Perdonáme lo débil".

Perdonar era lo mío. Entonces escribí:
"Por más que mi cuerpo se abra, no tiene nada que parir."

Toda alegría es disfraz.

Un jarrón se oxida, especular, justo al lado de la dentadura naciente de un capullo.
Pero nada sucede.

Me enredé entre mis sombras
me quedé huérfana
sin descendencia
en un bosque donde
las piñas han quedado inmóviles
y la noche se abre
en un movimiento eterno y cerrado
atravesado por el eco de un cristal
gutural
y profundamente delicado.

La escena del crimen habrá de perpetuarse.

Lloro mi infancia
lloro mi juventud
lloro mi vejez
como una anciana que no pudo aferrarse a la vida y tiembla.

Me desintegro suave y voraz
soy una estrella de hielo arrojada a una taza de té.
Me desintegro.

La lluvia no cesa y el sol,
el sol te late en la piel.
Quisiera beberme tu sonrisa
tu manera toda de reír y anidar el mundo
pero el día se quiebra en la noche
cuando el azul me absorbe
y me entrega a las caricias de la oscuridad.

Hoy la noche será blanca como mi vestido,
desde lejos viene pálida a pedir mi mano:
voy a abandonarme a ella para descansar mi crimen.

Sonámbula deambularé entre los restos del día.
¿O será otra cosa la noche?

Tres pares de ojos me acechan
nadie los habita
y sin embargo son mis hermanos.
La fraternidad me confunde y me abraza.
No sé serles fiel.
No hay fidelidad posible, sólo formas desesperadas del amor.

Es difícil ajustar el propio paso al de otras piernas
más aún cuando caminan inaudibles
más aún cuando le tiritan a uno las rodillas.

Para nacer una tercera vez hace falta mucha luz.
No por nada todas las mariposas amarillas van para el río.


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