"No tiene nada de malo entender la Biblia
como un niño de quinto año...
mientras estés en el quinto año."
Reverendo Laurence Keene
A primera vista, el documental de Daniel Karslake es sobre las mentiras que usa la sociedad para discriminar a los diferentes, en este caso a distintos tipos de pastores de varias congregaciones que utilizan la palabra bíblica para condenar a Sodoma y Gomorra. Y no sólo desde el punto de vista religioso, sino como partida para la destrucción social y sobre todo de la identidad estadounidense, que tan fuerte impacta en el ciudadano medio norteamericano.
Millones de personas que escuchan, asisten y comparten la prédica segregacionista reclaman la conversión inquisitoria de los maricas a personas normales, y el filme retrata con crudeza y una clara posición tomada la diferencia entre el bien y el mal, entre aquellos que utilizan la religión como medio de vida y quienes viven su vida acompañados por Dios. Karslake hace hincapié en las familias conservadoras y extremadamente religiosas que en su seno descubrieron que alguno de sus hijos es homosexual. Hurga detalladamente en sus sentimientos y en cómo trataron la situación desde que se enteraron del problema.
De los cinco casos de familias que practican el cristianismo ultra-ortodoxo que predica que la conversión de los homosexuales es el camino, el caso más interesante es el de Jake Reitan, un chico que a los 17 años les contó a sus padres que era gay. En ese momento, ellos comenzaron a discutir los preceptos del líder evangélico más influyente del país —James Dobson—, quien conduce desde hace 30 años un programa radial diario que escuchan más de 200 millones de personas en todo el mundo. Dobson no sólo es conservador en temas religiosos, también opina abiertamente sobre economía y política. La familia Reitan ayudó a fundar la Asociación Soulforce, que brinda resistencia pacífica a la opresión política y religiosa contra la comunidad homosexual, con métodos gandhianos. Los padres de Jake no sólo aceptaron la identidad sexual de su hijo, sino que luchan denodadamente para que pueda vivir a pleno su vida sin sufrir los embates constantes por parte de los medios de comunicación y sus consecuencias diarias. El punto más conmovedor del relato es cuando el padre dice que en el momento que se enteró de que su hijo era gay, soñaba con que eso fuera mentira. Hoy sabe que su hijo es homosexual y está feliz porque "es parte de quien es, parte de sus maravillosas cualidades y parte de las razones por las que lo amo tanto".
El debut de Daniel Karslake, que obtuvo el premio al mejor documental en el Festival GLAAD, está enriquecido por los testimonios del premio Nobel de la paz Desmond Tutu, del primer obispo de la iglesia anglicana —abiertamente declarado gay— Gene Robinson y de muchos religiosos que inician el verdadero debate que propone el filme, el netamente bíblico. Así como El nombre de la rosa abría la discusión entre quienes creían o no en la posesión de bienes terrenales por parte de Jesús, y por ende en la inmoralidad de la Iglesia Cristiana de poseer riquezas, Porque lo dice la Biblia desmitifica a la sabiduría popular, el judeo-cristianismo castigó y castiga las prácticas homosexuales como en su historia denigró a las mujeres y a cualquier otro.
"Los literalistas bíblicos son personas que saben la verdad absoluta, así que no son capaces de tener una conversación; sólo pueden dar un sermón", dice el ex obispo anglicano Richard Holloway y pone sobre la mesa distintas dicotomías, que van más allá del odio, centradas en posiciones de poder, en cómo los gobiernos estadounidenses utilizaron a distintos predicadores para ejercer, por medio del miedo, un control social oscurantista en el siglo XX.
Cinematográficamente Porque lo dice la Biblia es convencional, primeros planos de cada entrevistado, fotos de archivo, alguna reconstrucción forzada de situaciones evitables, una animación "ñoña" que remarca de manera demasiado pedagógica algo que sobrevuela implícitamente todo el relato. Pero como todo documental político, su contenido cobra sentido más allá del cómo, y por ello el filme de Karslake es necesario y casi imprescindible.
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