Evaristo Cultural: ¿Qué es para vos la Ciencia Ficción?
Luis Pestarini: Yo siempre vi a la Ciencia Ficción como una rama de la Filosofía. Me parece que no hay que confundir a la Ciencia Ficción —ya sea en la Literatura como en los medios audiovisuales— con Star Trek o Star Wars, que están muy bien como entretenimiento pero que no exploran mucho las ideas. Me parece que la Ciencia Ficción es una rama de la Filosofía en cuanto a que se hace las mismas preguntas; se pregunta ¿qué es el hombre?, ¿qué es la realidad?, ¿a dónde llegamos?, ¿cuáles son los límites que tenemos?... Y me parece que ahí es donde está el valor del género.

EC: ¿Cómo nace la revista Cuásar?
LP: Nace a partir de que lo que había en Argentina en ese momento no era algo que acabara de hacerme sentir satisfecho. Yo quería leer Ciencia Ficción que se publicara afuera y buena Ciencia Ficción argentina, más un componente muy importante que era la crítica, el ensayo y la crítica bibliográfica, y me parecía que no había nada que cubriera ese espacio. Entonces empecé a publicar lo que yo quería leer. Y así nació Cuásar en enero del 84.
EC: En el exterior —no te digo en Estados Unidos, que es obvio que sí; me refiero al resto de los países de habla hispana (incluyendo España)— ¿hay crítica especializada como en Cuásar?
LP: Sí, en Inglaterra. Incluso, publicaciones académicas de crítica; hay una que es muy buena que se llama Foundation. Hay mucho en la web también; hay una revista que se publica en PDF que se llama Hélice y es bastante interesante —es española—. En el resto de Europa mucho no te puedo decir porque la verdad es que no tengo mucho tiempo de seguir lo que se hace. Sé que hubo buena crítica en Francia, pero no sé qué está pasando ahora. Y en América Latina —no te diría tanto de crítica— hay algunas publicaciones de género —en la web más que nada—, en Cuba, en Chile, en México.
EC: ¿Cómo ves el género en nuestro país, tanto en la producción como en el mercado nacional?
LP: Yo no me animo a decir que hay un género Ciencia Ficción en Argentina. Me parece que es un género que siempre se movió muy en el margen de una manera muy difusa, cruzándose con el Fantástico. Pensemos que, por ejemplo, La invención de Morel es una novela que yo considero de Ciencia Ficción, pero supongo que la crítica académica, si me escucha, se agarra de los pelos; mucha gente la considera una novela fantástica simplemente. Acá se escribe Ciencia Ficción con cierta frecuencia desde los años 80, aunque en los 70 hubo algo y en los 60 también, pero más que nada desde los 80. Y desde hace diez años también hay como un resurgir del género después de la década bastante dura del menemismo, que fue dura en todos los ámbitos culturales, no sólo en la Literatura. De todos modos, me parece que lo que no tiene la Ciencia Ficción argentina son rasgos propios; me parece que son autores que, en algunos casos, escriben Ciencia Ficción pero no siempre lo están haciendo, y donde sí se deslizan es fuera de lo que es la Ciencia Ficción hard (dura); hacen especulación social, alguna especulación de ideas, pero no hacen especulación científica, salvo en casos muy puntuales, muy raros. Un escritor argentino de Ciencia Ficción es, por ejemplo, Carlos Gardini, que creo que es el único gran argentino contemporáneo de Ciencia Ficción. Después hay otros muy interesantes como Sergio Gaut vel Hartman, por ejemplo, que tiene una carrera muy profusa también como editor y que debe tener más de 100 cuentos publicados. En cuanto al mercado, no existe la Ciencia Ficción en Argentina —no en cuanto a la Literatura argentina sino como género—; prácticamente no se publica, prácticamente no se importa. Para las editoriales es el hermano bobo de la Literatura y tienen la idea de que no va a rendir, y si publican algo de Ciencia Ficción tratan de vestirlo de otra cosa.
EC: ¿Cómo nace la iniciativa de empezar con esta colección de libros?
LP: La colección de libros es una aspiración que tengo desde que empecé a sacar la revista, pero necesitaba una espalda que no tenía, y en algún momento me decidí. Las condiciones económicas en Argentina estaban más o menos estables, tenía ciertas posibilidades de empezar con una colección, tenía los contactos y hacía mucho que quería publicar ciertos libros —algunos de ellos están en la colección—. Yo me propuse dos cosas con la colección: por un lado, publicar autores nuevos que no se conocían acá como Greg Egan o Ian MacLeod y, además, recuperar algunos textos clásicos que estaban inéditos —que son justamente los otros dos títulos—, y la idea es continuar con esa política, publicar autores nuevos y recuperar textos clásicos que, o son desconocidos o no se reeditan desde hace mucho tiempo.

EC: En el caso de El día del minotauro, se aleja un poco de la Ciencia Ficción de los otros textos. ¿Cómo se te dio por publicarlo? ¿Cuál es tu relación con el libro?
LP: El día del minotauro es una novela claramente fantástica. A mí Thomas Burnett Swann es un autor que siempre me gustó, que escapa al canon contemporáneo de Fantasía, heredero de Tolkien; es un autor que nutre su fantasía de la mitología, ya sea de la mitología griega o cretense —como es este caso— o de la celta —en otros libros—. Yo tengo una visión de que la Ciencia Ficción y la Fantasía son dos géneros que comparten lectores y territorios afines, y me parece que no habría que diferenciar demasiado. A mí me interesan los dos géneros, con la particularidad de que la Fantasía me interesa especialmente, sacándola de la fórmula comercial que ahora está tan impuesta. Y me parece que El día del minotauro, en ese sentido, es una novela ejemplar, una novela corta —hoy las fantasías son todas novelas de 400 ó 500 páginas—, sencilla y a la vez extremadamente compleja en la articulación que tiene en los distintos niveles de las relaciones entre los personajes, y tiene algo muy interesante, muy poco visto en la Fantasía, que es una carga erótica muy fuerte, pero nada de culpa. El erotismo en la Literatura occidental carga siempre con una culpa, acá no; en esta novela eso no pasa, y eso tiene que ver con la mitología en que se basa, que es la cretense, y me parece que Swann —que es un escritor que murió hace treinta y cinco años; la novela tiene más de cuarenta— es uno de esos pocos escritores que está sobreviviendo a las modas. Nunca fue un escritor extremadamente popular —creo que nunca lo va a ser—, pero creo que algunos de sus libros van a ser leídos por mucho tiempo, y El día del minotauro en particular.

EC: ¿Cómo te acercaste a la prosa de Ian R. MacLeod y cómo te surge publicar ese título?
LP: Es uno de los tantos escritores que uno lee porque lee las revistas y antologías en inglés, y en algún momento busca referencia o crítica y ve que lo citan y mencionan, hasta que uno va y lo lee. El libro está compuesto de tres novelas cortas que no tienen una edición en inglés en conjunto; fueron publicadas las tres en inglés pero nunca en un libro. Las islas del verano —la novela que da título al libro—, es una novela corta que a mí me impactó mucho porque muestra distintas cosas. Primero, cómo una sociedad sojuzgada, empobrecida y supuestamente muy culta como la inglesa, puede terminar sumergida en una mezcla de nazismo y fascismo, con sus reglas particulares, y cómo, a la vez, los hombres sin darse cuenta pueden ser arrastrados a eso. La novela en sí muestra tantos niveles que me deslumbró; tiene momentos increíbles. La relación entre el protagonista y el líder fascista de esa Gran Bretaña —o esa Bretaña más grande, como se llama en el libro—, es una de las relaciones mejor retratadas que tiene la literatura de Ciencia Ficción en toda su historia. En cuanto a los otros dos relatos, que también me parecen muy impactantes, hay uno que muestra lo que son los sueños de la Humanidad cuando se van desvaneciendo, que es el proyecto SETI; es el de búsqueda de inteligencia extraterrestre, cómo dentro de setenta, ochenta años, solamente hay una persona que confía aún en que se puede encontrar rastros de inteligencia que vengan del exterior y de una manera muy disparatada; continúa con esa búsqueda con equipos viejos en un lugar muy aislado de Francia y que, a la vez, eso constituye en la vejez el sostén de su propia vida; y además en la historia reconstruyen su vida, cosa que también es muy interesante; reconstruyen su vida y reconstruyen la sociedad en la que viven. El último relato es una fábula muy conmovedora, en un mundo muy distante, sobre el amor entre dos mujeres. Hay una cosa curiosa en este libro, y es que el primer relato y el último son amores homosexuales; en el primero, entre los dos protagonistas, y en el último, entre las dos protagonistas; en el segundo relato hay un amor distinto, platónico, etéreo y muy lírico. Realmente es una historia muy conmovedora.
EC: Generalmente, en el mundo literario los premios son menospreciados. En el caso de los Premios Hugo, ¿te parece que es un galardón serio del género?
LP: No. No es que no sea serio; no significa en sí mismo una garantía de nada. Hay premios Hugo que son muy buenos y otros que son muy malos. Lo que tiene es que garantiza más visibilidad, más venta, llaman la atención. Hay lectores que dicen "Ah, es un premio Hugo", y para un autor que es desconocido en Argentina éso es un aval. Pero no lo publiqué por ser un Premio Hugo.
EC: ¿Hablás de Oceánico?
LP: Es una de las tres novelas cortas del libro Oceánico que ganó el Hugo; y ganó varios premios. Pero, en general, ningún premio es una garantía, porque además los lectores somos muy distintos también. Entonces, un premio puede caerle muy bien a cierto tipo de lector y muy mal a otro.

EC: Hablanos un poco de Oceánico...
LP: Oceánico son tres novelas cortas que están relacionadas de manera muy extraña. La primera —Oceánico—, que es justamente la que da el título del libro, está ambientada en un mundo que se llama Promisión, que está a miles de años en el futuro, y en realidad es una meditación muy interesante desde el punto de vista científico —aunque no lo parezca— sobre qué es la mística, qué es el sentimiento místico. Hay una teoría que dice que la epifanía, en realidad, es una reacción bioquímica del cuerpo y en realidad la novela, empezando desde lo religioso, haciendo un camino inverso hacia lo científico, hace ese recorrido... Porque, en realidad, es la historia de un adolescente que tiene una epifanía, que es una especie de rito de iniciación del pueblo ése, hasta que se convierte en un investigador, empieza a explorar ese sentimiento religioso y llega a una teoría que en la narración se prueba. Esto, mezclado con una serie de cosas muy novedosas como, por ejemplo, cómo se reproducen estos seres, que es a través de un intercambio de género —el hombre se convierte en mujer y viceversa, pero de una manera muy distinta a la que se había explorado en otros relatos del género—. Y los otros dos tienen que ver con inteligencia artificial. Básicamente lo que se preguntan estos dos cuentos es qué diferencia al hombre de una inteligencia artificial que sea realmente técnicamente perfecta. Cuando esa inteligencia artificial sienta, se sienta como una persona, ¿qué va a diferenciarla de un ser humano?

EC: Contanos un poco tu experiencia con Aterrizaje de emergencia.
LP: Aterrizaje... es una novela que quería publicar hace mucho años, la que más ganas tenía de publicar y el libro que más me gusta de los cuatro, pero también es el libro más particular. Es una especie de Ciencia Ficción existencialista. La historia es muy sencilla: en la Tierra, en los años 40 ó 50, cae una nave de seres extraterrestres que exteriormente son idénticos a nosotros, quedan completamente aislados de su mundo, sin posibilidad de comunicarse y se tienen que integrar a la sociedad humana. Lo que hace el libro es explorar las distintas formas de integración que tienen las personas, las distintas formas de relacionarse y, especialmente, qué es la soledad, cómo se puede sentir alguien en un entorno que le es completamente distinto, cómo se defienden estos cuatro seres —que lo hacen de maneras muy distintas— y cómo alguno alcanza a integrarse, a humanizarse y otro, en algún caso, se convierte en un perverso... La novela va haciendo todo un paralelo con los años de la Guerra Fría y termina —no casualmente— con la muerte del último de los protagonistas mientras transmiten la caída de Nixon por la tele: el protagonista cae por un balcón y Nixon anuncia su renuncia. Es una novela política también, y es muy fácil de leer; está construida a partir de informes, con diálogos... Uno podría imaginarse una novela muy árida, pero es todo lo contrario.
EC: ¿Fantaseaste alguna vez con escribir o siempre te contentaste con el rol de editor, crítico y traductor?
LP: A mí me gustaría tener más tiempo libre para hacer cosas como escribir pero está baja, entre mis prioridades, la tarea de escribir narrativa, entonces no le dedico tiempo. Tengo publicados 4 ó 5 cuentos —no son cuentos importantes—, pero algún día, si tuviera tiempo, me gustaría poder escribir algunas historia que me andan dando vueltas en la cabeza desde hace mucho tiempo.
EC: Todos los géneros cerrados —la Ciencia Ficción, el Terror, los cómics-, todos estos pequeños nichos culturales, llevan aparejados el epítome de geek o nerd; hay como una fantasía popular... ¿Cuál es tu relación con los cultores del género en el país y en el mundo?
LP: En principio, creo que la Literatura, en general, y la literatura de Ciencia Ficción y Fantasía, en particular, está extendiéndose hacia la Literatura en general; ya no es tanto una literatura de género. De hecho, los geeks muchas veces se quejan de que ya no es literatura de género, que ya la lee cualquiera, y éso es muy bueno porque hay grandes escritores que escriben literatura de Ciencia Ficción aunque ellos no quieran reconocerlo —como Margaret Atwood, que cada libro que publicó en los últimos años es un libro de Ciencia Ficción, y ella se ocupa prolijamente de decir que no lo es, aunque esté ambientado en el futuro, en un mundo posatómico...—. En cuanto a lo que yo llamo el fundamentalismo de género, esa cosa de "la ciencia ficción es buena porque es Ciencia Ficción", o "esto es mío, no quiero que salga de acá", me parece que lo que hace es limitar y mostrar limitaciones del lector también. Por otro lado, hay una cosa medio lúdica, de mucha gente que se disfraza —especialmente uno lo ve con los seguidores de películas o de Ciencia Ficción, que les gusta disfrazarse y participar de convenciones disfrazados y adorar a actores o a directores, o tener lo juguetes de Star Wars y todo eso...—; es también un entretenimiento, no es lo que uno llamaría "artístico". Desde el punto de vista literario uno diría que es muy limitado, pero como entretenimiento me parece que es muy válido. Si hay gente que juntaba boletos capicúa...
EC: ¿Cuál es la distinción entre Ciencia Ficción blanda y Ciencia Ficción dura?
LP: Tradicionalmente, la Ciencia Ficción dura se basa en las ciencias duras como la Física, la Química y, por extensión, en el desarrollo tecnológico. La Ciencia Ficción blanda generalmente tiene base más en las humanidades, ya puede ser la Historia, la Sociología o, simplemente, la falta de la ciencia dura. Más que nada ésto tiene su desarrollo dentro de Estados Unidos; no tanto fuera de allí.

EC: Y en lo personal, ¿sos partidario de la Ciencia Ficción blanda, humanística o de la dura?
LP: Me gusta la que especula con ideas y las sabe convertir en historias. Por ejemplo, Oceánico es Ciencia Ficción dura —y muy dura de a ratos— pero me gusta mucho porque no es solamente una descripción técnica de algo, o una teoría, sino que especula con una idea, con un fuerte sustento en teorías que están vigentes, que se están especulando. Y también me gusta mucho la Ciencia Ficción blanda cuando hace lo mismo, o sea, cuando trabaja sobre una idea y la desarrolla hasta las últimas consecuencias. No me gusta la Ciencia Ficción que se queda únicamente en la descripción de la tecnología o los viajes espaciales; eso no me interesa mucho.
EC: ¿Cuáles son las cuatro obras, aparte de las que publicaste por el sello Cuásar, que le recomendarías a nuestros lectores?
LP: Si es para empezar a leer Ciencia Ficción o para ver lo que es bueno de la Ciencia Ficción, les diría que lean La historia de tu vida, de Ted Chiang, que es un escritor reciente, de los últimos quince años, que escribe muy poquito —debe tener 10 cuentos y novelas cortas, y la mayoría están en ese volumen—; está en castellano y lo publicó Bibliópolis en España hace 4 ó 5 años. Les diría que pueden leer La estación de la calle perdido, de China Miéville, que es como una especie de enloquecida mixtura entre Ciencia Ficción, Gótico, Terror, Fantasía y una imaginación desaforada, pero todo comprimido por un escritor que sabe lo que hace. Después me gustaría también recomendar alguna novela de Dick; prácticamente cualquiera de las de él conocidas de primer nivel como Ubik, El hombre en el castillo, Sueñan los androides con ovejas eléctricas. Y también alguna novela de Ursula K. Le Guin puede ser. A mí me gustan La mano izquierda de la oscuridad, Los desposeídos, y una de las novelas más recientes de ella que ha pasado bastante desapercibida y que está a la altura de esos libros es El relato que, además, tiene que ver bastante con nosotros porque es una metáfora que tiene que ver con la dictadura chilena. Me parece que esos libros muestran bastante las posibilidades que tiene la literatura de Ciencia Ficción.
|