
Federico García Lorca era un hombre que escribía en sus obras acerca de mujeres. Sin embargo, como en toda pieza que logra la universalidad, su visión se expande y podríamos pensar entonces que habla acerca de lo femenino: de la feminidad en su tiempo (la sensualidad, la censura y los prejuicios); de las imposturas sociales (una mujer debe ser casta, casarse y luego tener hijos y si no hace esto, no es mujer); y como todo opuesto complementario, habla también de lo masculino a través de lo femenino y en el caso de Rosita, lo masculino es la ausencia y el engaño.
Lorca habla en España, en 1930. Pero abarca también mucho más que eso. Es imposible pensar la puesta de Rosita... de cómo pasa el tiempo, dirigida por Gabriel Serenelli, sin preguntarse acerca de la forma y el sentido de rescatar una pieza que ya tiene más de 70 años y ponerla hoy en Buenos Aires. Me refiero a la forma en cuanto a cómo despertar sin destruir ni opacar un texto tal vez demasiado bello; y al sentido, en cuanto sentido trascendental, de por qué hacer teatro hoy... y por qué Doña Rosita... y por qué Doña Rosita, una vez más, de tantas.

Andrea Vertone (Ama), Laura Silberbeg (Rosita) y Mariela Mirochnik (Tía)
Esta versión de Rosita está compuesta en escena sólo por tres personajes, mujeres: Rosita, el Ama y la Tía. Mujeres sin hombres, porque se han muerto o porque nunca regresaron. Sin embargo, todo transcurre alrededor de ellos, porque son extrañados o porque son esperados. Las mujeres sin hombres se vuelven secas y ariscas. En los recuerdos del pasado, durante algunos pasajes de la puesta, cuando la esencia de los hombres no se percibe tan lejana, ellas son alegres y joviales. Sus cuerpos están erguidos, sus gestos relajados. Pero hacia el final de sus días, cuando ya ningún hombre las mira amorosamente, están encorvadas, ajadas, cansadas. Lejos de un machismo simplista, tal vez podemos recordar de otra obra de Lorca, las palabras de Yerma:
"Las mujeres dentro de sus casas. Cuando las casas no son tumbas. Cuando las sillas se rompen y las sábanas de hilo se gastan con el uso". |
La puesta de Gabriel Serenelli, tiene un detrás de escena persistente. Numerosas voces en off reconstruyen el entorno de estas tres mujeres. Y uso la palabra "reconstruyen" porque allí está tal vez la idea más interesante de la puesta. Sin desmerecer la poesía ni la historia, el director desarma el hilo temporal de la obra original, convirtiendo todo lo que sucede en escena y detrás de ella en retazos que podrían ser recuerdos que el olvido ya empieza a carcomer. Los diálogos, las situaciones, se suceden casi sin transiciones; y sin embargo, nada es brusco, sólo somos testigos de presencias y ausencias. Entonces, la extemporalidad que plantea la obra hoy, se diluye, porque todo puede haber pasado hace años o siglos, y no deja de ser una herida abierta; aunque sean palabras bellas las que lo relaten.
Un detalle no menor de la puesta de Rosita es la "escenografía". El hecho teatral se introduce en el patio cubierto de una casona de Caballito. Como fondo tenemos los vitrales de la casa, puertas y pasillos, el piso es de baldosas, tenemos una fuente, plantas. Incluso la iluminación al comienzo de la obra es la penumbra de la luz natural al atardecer, hasta que anochece del todo y se prenden las luces teatrales, en una puesta lumínica muy interesante. En este contexto los textos realmente cobran vida, el espectador logra sentirse inmerso en la ficción; los bordes del teatro se desdibujan.

La puesta de Rosita, sale airosa, tanto en su forma como en su significación. Logra efectivamente convertir un escrito extemporáneo en un recuerdo atemporal; propone un enfoque nuevo de una obra que ya hemos visto y que no deseamos cansarnos de ver. Es sencilla, pero de un modo vital. Es ambiciosa pero no pretenciosa, algo a lo que nos tiene un poco desacostumbrados el ámbito teatral porteño.
Y después, o tal vez primero, está la poesía de Lorca... como se decía antes, bien dicha, dicha con el cuerpo, cantada con el habla, despertada desde los abismos del tiempo, hecha teatro.
FICHA
TÉCNICA
Intérpretes > Laura Silberberg, Mariela Mirochnik y Andrea Vertone
Producción general, adaptación y dirección > Gabriel Serenelli
Escenografía y vestuario > Mercedes Arturo
Diseño de iluminción > Valeria Junquera
Operador de luces > Lucas Orchessi
Música original e incidental > Alejandro Nuin
Músicos > Tomás Amante - Alejandro Goldberg - Alejandro Nuin
Asistente de funciones > Mariela Verde
Asistente de dirección > Mariana Gagliano
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