Evaristo Cultural: ¿Cómo surge la idea de esta colección?
Gabriel Vommaro: Cuando pensamos la colección "25 años, 25 libros" la idea era revisar los últimos 25 años de democracia, es decir, los que van desde 1983 hasta nuestros días, no con un interés conmemorativo sino para indagar qué había sucedido en diferentes campos de la vida social, política, económica y cultural en este tiempo.
Nuestro objetivo era proponer textos breves, despoblados de los jeroglíficos académicos, y capaces de dar cuenta de los principales debates y de los principales resultados de los trabajos de investigación y de reflexión de los docentes de la universidad y de algunos amigos y colegas con quienes colaboramos en diferentes espacios de investigación e intercambio.
La idea era que las instituciones culturales públicas, y la UNGS y la Biblioteca Nacional en particular, pudieran generar un espacio de reflexión que se alejara de la simpleza de la celebración o de la solemnidad de los aniversarios para poner la lupa sobre diferentes campos de la realidad argentina reciente.
Un libro es un modo de intervención en el debate público, pero también es una pregunta, o un conjunto de preguntas, sobre el tema que aborda. Por eso es tan importante que las universidades, y en especial las universidades públicas, comprometidas con el debate y la crítica social, publiquen libros. Y no sólo libros académicos, destinados a intervenir en la producción de conocimiento sobre un determinado tema, con un afán develador, polémico, etc., sino también libros que buscan un público más amplio, interesado, por cierto, no necesariamente por las querellas académicas, sino por conocer y obtener herramientas para discutir un determinado aspecto del devenir histórico. Y los libros que componen esta colección no sólo están llenos de preguntas y de propuestas analíticas sobre diversos campos, sino que también buscan trascender la vida universitaria, llegar a otros públicos, que los libros encuentren otros lectores menos habituales, y que se inserten en discusiones a las que habitualmente los libros universitarios no siempre llegan.
EC: ¿Cuál fue el criterio de selección de estos 25 libros*?
GV: Los criterios de selección de las temáticas de los libros tienen que ver con la búsqueda de abordar la mayor parte de los principales procesos que surcaron estos 25 años de democracia. Al mismo tiempo, sabemos que hay algunas ausencias (por ejemplo, un análisis exhaustivo del sindicalismo argentino, o del partido radical), y otras superposiciones, que tiene que ver también con dos objetivos explícitos de nuestra selección: el primero, evitar la homogeneización propia de una especie de "atlas" de 25 años de historia (de ahí la existencia de huecos temáticos, las ausencias y los olvidos de la colección); el segundo, convocar discursos diferentes: sociólogos, politólogos, antropólogos, educadores, historiadores, críticos literarios, comunicólogos participan de los 25.
EC: ¿Cuál es, según vos, el saldo de estos 25 años de democracia?
GV: Palabras como empobrecimiento, ajuste, transición, nuevas estéticas, nuevo cine, memoria, seguridad, impunidad, piquete, están presentes en muchos de los trabajos e indican, en cierta medida, las contradicciones de un régimen político que se consolidó sin hacer de la democracia un espacio abierto de participación y creación y sin cumplir el sueño de algunos teóricos y filósofos políticos tan leídos en los años de la transición por los intelectuales argentinos, que postulaban la idea de que la democracia era también una forma de sociedad. Al mismo tiempo, la democracia argentina se consolidó sobre una sociedad fragmentada y cada vez más desigual.
EC: En estos 25 años, ¿cuántos modelos de país considerás que hubo? ¿Por cuál sentís mayor simpatía?
GV: No sé si podría clasificar estos años en términos de modelo. Me parece, en todo caso, que hacerlo nos llevaría a cruzar lo político, lo económico, lo social y lo cultural de un modo complejo en el que, en la mayor parte de los casos, no hay coincidencias automáticas entre los ciclos. Por ejemplo, uno puede pensar que los años de Alfonsín fueron los del "modelo democrático", pero éste comenzó como un proyecto abierto en el que la participación ciudadana tenía un lugar importante y terminó en un esquema representativo delegativo que uno puede vislumbrar, por ejemplo, en las negociaciones secretas de la Semana Santa de 1987. Al mismo tiempo, la democratización política y cultural de esos años no se correspondía con una democratización económica, puesto que los años 80 son también los de la consolidación de los grupos económicos concentrados y los de las primeras aplicaciones de las políticas de ajuste en Argentina. Prefiero, en suma, pensar más allá de esta idea de modelos.
EC: En el título que escribís de esta colección —Mejor que decir es mostrar. Medios y política en la democracia argentina—, te situás en la intersección que ocupan los medios de comunicación entre lo público y lo privado. ¿Cuál es tu opinión sobre la actual Ley de Medios que promueve el gobierno de Cristina Fernández?
GV: Creo que la Ley de Medios que acaba de aprobarse constituye un gran avance en la materia. Deja algunos puntos centrales sin regular, pero se ocupa de otros que son fundamentales, como de impedir la formación de monopolios o de desarmar los ya existentes, de abrir espacios de radiodifusión a universidades, organizaciones sociales, etc., y de defender el acceso a la información y a la difusión de ideas y valores culturales como un bien social antes que como una empresa.
EC: Con la actual organización monopólica de los medios masivos de comunicación, ¿se puede hablar de una verdadera democracia o la manipulación de la información ubicaría al votante frente a un fenómeno de "incapacidad de elección manifiesta"?
GV: Me llamó mucho la atención en los discursos de los diputados y senadores durante las últimas semanas, en especial de los pertenecientes a algunas de las fuerzas de oposición, la manera en que agitaban el fantasma del "control" estatal de los medios de comunicación como un peligro de la actual ley y como un peligro para la democracia. No porque esté a favor del control estatal de los medios, sino porque no se trata del principal problema de la comunicación audiovisual en nuestro país. Que este diagnóstico lo hagan las empresas mediáticas que ven amenazadas sus posiciones dominantes en el mercado es lógico, y no debería asustarnos, aunque da cuenta de un hecho que debería ser ya parte de nuestra actitud natural frente a las noticias de prensa y medios audiovisuales: si la realidad de los medios de comunicación es una construcción de sentido, ya que no es posible un "reflejo" transparente, las empresas mediáticas lo hacen desde ciertas matrices ideológicas, como todos, pero también desde ciertos intereses comerciales que hacen aparecer como los intereses del público. En una de sus intervenciones en estas semanas, Víctor Hugo Morales dijo algo que me parece fundamental: nos hemos acostumbrado a desconfiar y a temer la intervención del Estado, pero parece que no fuera aún más poderosa la capacidad de fijar agenda y de construir problemas de las grandes empresas, que no sólo escapan al control ciudadano porque no están sometidas ni a organismos de control ni al voto popular, sino que además tienen más poder para silenciar conflictos, invisibilizar actores, etc.
Pensemos en dos ejemplos. El primero: ¿Alguien recuerda algún medio de comunicación informando sobre conflictos gremiales en las empresas mediáticas? Yo no, y les aseguro que en las últimas décadas hubo más de uno, y en algunos casos de alcances considerables, como en el caso de Clarín, cuando realizó despidos en masa a comienzos de los años 2000. Sin embargo, pareciera ser que no existen los conflictos gremiales en las empresas periodísticas. Mostrarlos rompería la idea de que los intereses de los trabajadores de los medios y los de los dueños de los mismos son convergentes. En otros países del mundo los diarios informan sobre esos conflictos, pero aquí pareciera que la censura empresaria no lo permite. Otro ejemplo: raramente aparecen denuncias en los programas de periodismo de investigación, o en los diarios, sobre acciones ilegales de las empresas de telefonía en Argentina. La situación de los centros de llamadas internacionales, donde trabajan pasantes de universidades sometidos a terribles condiciones de trabajo, ha sido motivo de organización gremial de los trabajadores. Sin embargo, nunca he visto que esto saliera publicado en algún medio. Y ésto se debe a que las empresas de telefonía forman parte de los principales anunciantes que financian programas televisivos y diarios.
En este contexto, agitar la bandera del miedo a la intervención estatal es, al menos, una visión parcial y distorsionada de la forma en que se produce la información en Argentina.
EC: En las últimas campañas políticas la imagen estuvo en primer plano mientras que el debate de ideas fue casi nulo. ¿Cuál es tu consideración acerca de este fenómeno? ¿El paroxismo de la imagen está relacionado con el fin de las ideologías?
GV: Creo que la calidad del debate político en Argentina no es tan baja como pareciera serlo según la voz de algunos actores. Acontecimientos como el conflicto en torno a las retenciones a las exportaciones en 2009 o el actual debate sobre la Ley de Medios dan cuenta de que hay momentos de interesante politización. Hay, sin embargo, algunos problemas. El primero, y más general, es que la mirada de la política en términos moralizantes, que reduce toda iniciativa o decisión política a la voluntad de "hacer caja" o a la "ley de la chequera", como se ha escuchado en los últimos años, impide reflexionar y debatir sobre proyectos de país, intereses en pugna, etc., que están y estarán efectivamente detrás de medidas de gobierno y de conflictos políticos. Para algunos dirigentes partidarios, que prefieren esconder sus posiciones ideológicas bajo el lema de la no-ideología, o de la no-existencia de clivajes políticos como el de derecha e izquierda, parece ser más conveniente hablar de "caja" que discutir de política, pero no es la regla general en el país, y los dos gobiernos de los Kirchner, muchas veces más allá de su voluntad, instalaron temas centrales de debate que, en algunos casos, siguen abiertos.
EC: ¿Qué reflexión te merece una democracia en la que la "tinellización" de la cultura llevó a que VideoMatch/ShowMatch fuese considerado progresivamente en la última década y media un escenario válido para la arena política, llegando en estas últimas elecciones a convertirse en el principal foro de debate político con el fenómeno de Gran Cuñado, en el que los principales candidatos y referentes políticos interactuaron con sus grotescas imitaciones?
GV: Creo que la respuesta es similar a la que di en la pregunta anterior. No soy de la idea de que la política está "tinellizada". Es cierto que los medios de comunicación, y en particular la televisión, se han convertido en arenas de conflicto centrales de la política argentina, y que ir a los medios es una actividad fundamental para los políticos. Esto sucede desde los años 90. Pero no hay que desestimar otro tipo de espacios donde hay política, y donde los políticos invierten energías y tiempo, como la política barrial, las manifestaciones, los foros de debate, como en el caso de la Ley de Medios, etc. El caso de las imitaciones de Gran Cuñado tiene más que ver con lo que señalaba antes: para algunos dirigentes es más conveniente borrar sus posiciones ideológicas para poner de relieve algunos rasgos de su personalidad, o hablar de gestión, como si hubiera una sola manera de hacerlo, o bailar por televisión antes que dar cuenta de lo que hicieron como diputados durante cuatro años de mandato. Pero no habría que tener una mirada absolutamente pesimista al respecto. Argentina es un país con tantas cuentas pendientes que los conflictos políticos y sociales no pueden borrarse con un reggaetón mal bailado en un programa de tele.
Los 25 títulos [
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| 01. |
Cine y política en Argentina
Continuidades y discontinuidades en 25 años de democracia
[ Gustavo Aprea ] |
| 02. |
Controversias y debates en el pensamiento económico argentino
[
Ricardo Aronskind ] |
| 03. |
Rompecabezas
Transformaciones en la estructura social argentina (1983-2008)
[ Carla del Cueto y Mariana Luzzi ] |
| 04. |
La cambiante memoria de la dictadura
Discursos públicos, movimientos sociales y legitimidad democrática
[ Daniel Lvovich y Jacquelina Bisquert ] |
| 05. |
¿La lucha es una sola?
La movilización social entre la democratización y el neoliberalismo
[ Sebastián Pereyra ] |
| 06. |
La nueva derecha argentina
La democracia sin política
[ Sergio Morresi ] |
| 07. |
La Patagonia (de la guerra de Malvinas al final de la familia ypefiana)
[ Ernesto Bohoslavsky ] |
| 08. |
Mejor que decir es mostrar
Medios y política en la democracia argentina
[ Gabriel Vommaro ] |
| 09. |
Los usos de la fuerza pública
Debates sobre militares y policías en las ciencias sociales de la democracia
[ Sabina Frederic ] |
| 10. |
El peronismo fuera de las fuentes
[ Horacio González ] |
| 11. |
La iglesia católica argentina
En democracia después de dictadura
[ José Pablo Martín ] |
| 12. |
Masividad, heterogeneidad y fragmentación
El sistema universitario argentino 1983-2008
[ Pablo Buchbinder y Mónica Marquina ] |
| 13. |
Trabajo argentino
Cambios y continuidades en 25 años de democracia
[ Marcelo Delfini y Martín Spinosa ] |
| 14. |
Argentina digital
[ Roxana Cabello ] |
| 15. |
Democracia y ciudad
Procesos y políticas en las ciudades argentinas (1983-2008)
[ Raúl Fernández Wagner ] |
| 16. |
Religiosidad popular
Creencias religiosas populares en la sociedad argentina
[ Aldo Rubén Ameigeiras ] |
| 17. |
De salariazo a corralito, de carapintada a blog
Nuevas palabras en veinticinco años de democracia
[ Andreína Adelstein e Inés Kuguel ] |
| 18. |
Literatura y pasado reciente
Relatos de una carencia
[ Martina López Casanova ] |
| 19. |
La educación en democracia
Cambios, problemas y desafíos de una escuela fragmentada
[ Graciela Krichescky y Karina Benchimol ] |
| 20. |
Televisión y telenovela argentina: pasión, heroísmo e identidades colectivas
Un recorrido por los últimos veinticinco años de un género controvertido y versátil
[ María Victoria Bourdieu ] |
| 21. |
Nuevo Cine Argentino
De Rapado a Historias extraordinarias
[ Agustín Campero ] |
| 22. |
De ángeles torpes, demonios, criminales
Prensa y derechos humanos desde 1984
[ Dante Peralta ] |
| 23. |
¿Qué hay de nuevo en las nuevas infancias?
[ Gabriela Diker ] |
| 24. |
Reestructuración neoliberal y después...
25 años de economía argentina
[ Karina Forcinito y Gaspar Tolón Estarelles ] |
| 25. |
La política social de la Argentina democrática (1983-2008)
[ Fernando Falappa y Luciano Andrenacci ] |
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Biografía [
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Gabriel Vommaro nació en 1976, en Buenos Aires. Es sociólogo y escritor. Ha obtenido el grado de Magíster en Investigación en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Actualmente se desempeña como investigador-docente en la Universidad Nacional de General Sarmiento (Instituto del Desarrollo Humano, Area de Estudios Políticos). Realiza un doctorado de Sociología en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, con sede en el Centre de Sociologie Européenne y ha obtenido un Diplôme d’Etudes Approfondies (DEA) en la misma casa de estudios. Fue docente de Teoría Social Contemporánea y de Teoría Política Contemporánea en las carreras de Sociología y de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Ha sido becario de la CONICET, de la UBA y de programa de posgrado financiados por el Ministerio de Educación argentino, la Embajada de Francia en Argentina, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia y la Unión Europea. Es autor de numerosos artículos y ensayos de investigación publicados en diferentes compilaciones y revistas de ciencias sociales. Sus últimos libros son "Lo que quiere la gente". Los sondeos de opinión y el espacio de la comunicación política en Argentina (1983-1999) (Prometeo, 2008) y Mejor que decir es mostrar. Medios y política en la democracia argentina (UNGS/Biblioteca Nacional, 2008).
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