Entera
Hacía mucho que no pasaba por ahí. Hacía 10 años que no recorría esas calles que en otro tiempo se le hicieron tan familiares…
Mientras las lágrimas caían por su rostro, miles de imágenes pasaban por su cabeza.
Los recuerdos de él, que juró dar la vida y amor eterno… Él, que juró un siempre sin saber siquiera lo que era un mañana.
También, los recuerdos de lo que ella fue: su desparpajo, sus ganas de vivir, su mirada al futuro sabiendo que la vida le debía muchas cosas.
Y estaba ahí, pero 10 años después. Y las lágrimas cayendo por su rostro, los recuerdos como bombas, pero todo en el mismo lugar.
Nada había cambiado para ella. Tenía los mismos temores, las mismas dudas. Pero ya sin ganas, desconfiando…
Nunca más podrá volver a querer sin presentir.
Ahí estaba ella, 10 años después, tratando de recomenzar desde donde lo había dejado... Inventando una alergia para justificar los ojos rojos. En la misma cuadra, la misma puerta, la misma escalera.
Con el mismo espíritu que se negaba a crecer, y a creer que el tiempo había pasado.
Si era así, ¿dónde estaban esos 10 años? Nada recordaba... Nada recordable había pasado?
Sólo tenía la incertidumbre de no saber por dónde comenzar, pero con la certeza de que debía empezar ya. Ahora. Sin saber cómo, mientras se perdía en lo gris.
Pasaron 5 años más. Hoy.
La vida, el azar, el destino (o como quieran llamarlo) quiso que volviera, recién hoy, a cruzar nuevamente por esa cuadra.
Pero ella no era la misma de hace 10 años atrás. Tampoco la misma que hace 15… Ya no era una adolescente convencida de que todo iba a ser genial, pero tampoco una joven descreída de la vida.
Ahora, con buenas, con malas o con peores a cuestas, una mujer caminaba a paso firme.
Una mujer sonriéndole a la niña, recordando a la joven, y amándolas a las dos por igual.
Una mujer amándose a sí misma, y a todo aquello (y a aquellos) que la llevaron de nuevo a esa calle. Convencida de que la vida nuevamente esta en deuda con ella, y cobrándose a cada paso que daba. Sabiendo que perdió tiempo, pero gano canas.
Y ganas.
Y fuerzas.
Y sabiduría.
Era otra, pero la misma.
Con la vida partida en dos, pero el Alma entera.
Ya no buscando comenzar, sino dispuesta a continuar, mientras se perdía bajo el sol.
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