evaristo cultural
revista virtual de arte y literatura
número 9

 
Indice
* Portada / Staff
* Editorial
* Entrevista a Antonio Colinas
Un puñado de luz
* Entrevista a Mercedes Giuffré
Crímenes pretéritos
* Entrevista a Diana Bellessi
El árbol de Diana
* Entrevista a Jacques Joset
Un gran escritor es el que le da la palabra a la gente
* Tarde de lluvia
por Alejandro Manzone
* Cuatro relatos cortos
por Marcelo Monzón
* Un encuentro
por Milan Kundera
* Aire
por Roxana Artal
* BLOGattis ecológicos
por José María Gatti
* Al pie de las letras
por Luis Adrián Vives
* Al pie de las letras II
por Luis Adrián Vives
* [ Un lado olvidado ]
por Luis Adrián Vives
* [ Evaristo de Buenos Aires ]
* Entrevista a Carlos López Puccio
Fuera de broma
* La cinta blanca
por Martín Lo Coco
* La llave Marilyn
por Sergio Abel Célery
* Entre Discos
por Nicolás Prior
* Birome Kamikase
por Juan Martín Sigales
* El margen de la hoja
por Daniela Ruggeri
* About a boy. Robert Mapplethorpe en el MALBA
por Ana García Gibson
* Arqueología de la mirada
por Laura Mazzocchi
* Sala Guerrico. Tesoros del primer coleccionista argentino
por Ana García Gibson

 

Intersticial
por Roxana Artal

Aire

Preguntar en movimiento también es una danza, contorsión del cuerpo que busca en la acción. Pues aunque el mundo no se detiene, yo a veces me detengo para hacer preguntas, pero entonces me quedo afuera y las preguntas, rebotando. Cuando se me vacían las preguntas me pongo un poco nerviosa y empiezo a decorarlas tanto que se me pierden. Me quedo entonces, del lado de afuera, sin preguntas y sin movimiento. Preguntame cómo vuelvo de ahí. Desconsolada y como sin manos, imposibilitada de agarrar cualquier cosa, suspendida en una planicie donde cualquier respuesta es inútil. Y es que en tanto ir y venir, el exilio se instala y ya no es fuga, se caen todas las paredes; me quedo saltando en el aire, ese goce perverso de lo ambiguo, el de amar lo que se deja, el de perder con dolor lo que se va. Y es que vengo, es cierto, de un país de sombras que sueñan colores. No he podido aprender la entrega todavía, esa tierra donde la razón es huérfana; o quizás, de tanto arrastrar fantasmas, se me haya olvidado esa sabiduría que porái descanse adormecida en algún rincón de mi orfandad. Sea como fuere, hay un encuentro que espero ansiosa: el de la existencia de lo real, un real que me sobrepase, un asombro de existir. Por lo pronto, suena una campana: yo sé que señala algo que no puedo descifrar, pero no sucumbo ante la ansiedad. Y ese futuro que empiezo a perder se abre como una flor, me observa con un gesto de melancolía, y por alguna razón, con una dulzura que casi lastima, sigue su curso. Me quiebro al reconocerlo propio y tan lejano. Quisiera retener su imagen. Desaparece. Una flecha ciega y obstinada me ha traído hasta acá. Ahora se extingue como por arte de magia y me deja sola, a punto de negarlo todo, con unas líneas grabadas a fuego: "Serás isla, y serás sol, y serás agua". Y sin embargo, este retorcerme ante el que me inclino con la voz algo seca, es un deseo que no ha aprendido ningún idioma y se propaga como una caricia que celebro y se me desdibuja en la piel al instante. Palimpsesto: "Serás isla en el único sol del agua". No habrá ya mirada que me anticipe que al borde del abismo me evite ser, me salve. No hay ya retorno. Habré de quedarme sola: seré tierra en el único fuego del agua, agua en el fuego de la tierra. Justo en la grieta del nacimiento, ahí donde me pierdo.

 


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