Trance N°3
Subirse a las nubes oscuras y amalgamadas en lo lejos del cielo. En lo lejos de acá. Destrozarme ahí. En una nube. Como nube de dios, nube de cemento. No todo lo que deseamos se cumple. Hubo un tiempo de acero en mis ojos, tiza de dios, cuchillo de amor. Ni incluso a fuerza de desear, el deseo es la palma que nos electriza.
Para vernos caer, siempre caer, y reencontrarnos en una tierra.
En una nube. Para que me subas a una nube íntima, intensa en su silencio: destrozáme ahí. En un camino que se lleve mis labios, sus líneas, sus huellas, como si mi cuerpo se desmenuzara bajo tus ojos. Y si miramos hacia atrás: el tsunami pasó. Y si miramos hacia adelante: viene el tsunami. Pero el mar nunca deja de ser en un abrazo, el mar es un abrazo.
Y, a veces, el trance poderoso se confunde con el miedo. Lloramos las hojas que se caen como lloramos las palabras que ya no están. Pero el cuerpo, cómo sostener el cuerpo. Una nube que se disuelve mientras hace el amor. Se disuelve.
Yo me destrocé ahí. Hilvanándome de sábanas y noches. Y un día desperté y tenía el mundo latiendo en mis dedos. Yo latiendo en ellos. Y me puse a escribir.
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