Por si las moscas
Un domingo por la noche, mientras esperaba la hora de la cena encendí el televisor y, empeñado en la búsqueda de algo interesante, encontré a Juan José Sebreli y a Marcos Aguinis reflexionando sobre novelas frutos de investigaciones históricas y sobre algún otro tema tratado con aparente buena inteligencia.
Quedé atrapado en la escucha y despojado, por un momento, de los prejuicios que ambos autores en mí despiertan.
Disfruté del programa hasta que, como era de esperar, los veteranos mostraron sus hilachas; de pronto eran tantas que ya no podían ser reconocidos, salvo por sus voces.
Caras y manos quedaron tapadas, quedaron cubiertas de hilachas convertidas en pelos cortos; el gorilismo los había unido en un romance, de época, dejándolos expuestos como un par de egresados de alguna escuela de payasos tristes.
Cómo puede ser que estos intelectuales “de alto vuelo” sean incapaces de comprender el por qué de las cosas obvias.
Ambos vieron como delirante una contradicción, que no existe. Aseguraron no poder entender a esa gente de la clase media que vota a Cristina Kirchner y, por otro lado, cada vez que puede comprar algunos dólares, va y los compra. Desde ahí, como acróbatas de circo y a pesar del anquilosamiento, saltaron a esta conclusión: “Qué poca confianza le tienen y no obstante, la votan”.
A ellos les decimos: Puede ser verdad una parte del relato, sin embargo, la conclusión es antojadiza. Votamos a Cristina y depositamos en ella nuestra confianza, pero venimos del miedo y no somos idiotas; sabemos bien que detrás de ciertos discursos se esconden personajes mal intencionados, interesados en hacer fracasar esta gestión de gobierno.
Hemos aprendido a los golpes, incluidos los económicos, que los malos no tienen paciencia; que el contorno de la sombra del pasado hoy se encuentra en otros lados; que las tensiones son muchas y que todavía están, dando la vuelta, los que viven haciendo trampa.
Que les quede claro, a Marcos y a Juan José, que tenemos confianza en el modelo pero no ignoramos la realidad; advertimos con claridad las maniobras de quienes quieren chocar contra el colectivo. Será por eso que algunos compran dólares pensando en un resguardo; será que lo hacen… “por si las moscas”.
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